Regreso a 1989

Análisis

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MIKEL AYESTARÁN

Los afganos de a pie ya han visto esta película. En 1989 el entonces presidente Nayibulá despidió al Ejército Rojo expresando su «profundo aprecio al pueblo y gobierno soviéticos por la ayuda y continuas muestras de solidaridad en la defensa de Afganistán». Tres años después, despojado del apoyo militar y económico de Moscú, era derrocado por los mismos muyahidines que echaron a los rusos. Han pasado 22 años y Hamid Karzai ha respondido en términos muy parecidos de agradecimiento al anuncio de retirada de Washington, que hace diez años le puso al frente del país. La sensación es que el dirigente pastún durará en su puesto lo que dure el apoyo externo. Son épocas diferentes, invasiones distintas, pero las comparaciones son inevitables. 1989 ha vuelto a salir a la luz en boca de expertos en la región y algunos de los protagonistas, además, son los mismos. Los actuales vicepresidentes de Karzai, Fahim y Jalili, fueron dos de los principales comandantes muyahidines que lucharon contra el enemigo comunista y que posteriormente, como denuncian distintas organizaciones humanitarias, llevaron a la guerra civil erigiéndose en auténticos «señores de la guerra».

El factor Al Qaida es la gran diferencia. ¿Hasta qué punto ha dejado de ser una amenaza para Occidente? Todas las miradas cruzan la frontera y se dirigen a Pakistán, especialmente tras la muerte de Osama Bin Laden a escasos 150 kilómetros de Islamabad. Los muyahidines de los ochenta son los talibanes del siglo XXI y es en esa frontera donde se han cimentado las victorias contra los extranjeros, es allí también donde Al Qaida ha sobrevivido a la caza y captura de los servicios de inteligencia. El problema no se solucionó y la herida sigue abierta.