La protesta siria ataca los símbolos de la dictadura Assad

Quema de edificios oficiales en Latakia y Tafas y nuevos choques con muertos

CORRESPONSAL EN JERUSALÉN Actualizado:

El círculo vicioso de protestas que acaban bañadas en sangre y funerales reprimidos a tiros ha acabado con las contemplaciones del pueblo sirio. Si desde el inicio el 18 de mayo las proclamas en la calle reclamaban de forma pacífica libertades, derechos y fin de la corrupción, ayer las manifestaciones se volcaron directamente en contra el régimen, con la quema de símbolos de poder y la destrucción de imágenes del presidente Bashar Al Assad y su antecesor y padre, Hafez.

En Deraa, el epicentro revolucionario, los jóvenes se encaramaron a una estatua del viejo dictador derribada el viernes como lo fue «la de Sadam Hussein en Irak en 2003», recordaba la televisión Al Arabiya, que ha consignado la aparición en esa ciudad de mensajes de «El pueblo quiere la caída del régimen», iguales a los que expulsaron a los sátrapas de Egipto y Túnez. Paralelamente, en Latakia ardía la sede del omnipotente Partido Baaz, propiedad de la familia gobernante, y también sus oficinas en la localidad sureña de Tafas, donde también fue incendiada una comisaría. Las informaciones fragmentadas e imposibles de confirmar —las fronteras de Siria permanecen cerradas a la prensa— hablaban del lanzamiento de gases lacrimógenos contra una sentada multitudinaria en Deraa y al menos tres muertos en Latakia.

Paradójicamente, un día más los disparos indiscriminados se mezclaban con los gestos de presunta buena voluntad de las autoridades, que por la mañana liberaban a 70 reclusos, la mayoría kurdos, de la cárcel de Saidnaya cercana a Damasco, según anunció el ex preso político y activista Akram al Buni. Un abogado de Derechos Humanos no identificado elevó esa cifra a 260. Una gracia semejante y las últimas reformas prometidas, —nuevas leyes de Prensa y Partidos y revisar la de Emergencia—, habrían servido en otras circunstancias para abonar la reconciliación entre el oprimido pueblo y su inflexible presidente, pero quizás ya sea demasiado tarde.

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El número de muertos podría elevarse a centenares si se atiende al mosaico de testimonios citados por las agencias de noticias. Amnistía Internacional confirma que son 55 desde el comienzo. La ONU ha pedido una investigación a través de la comisaria de Derechos Humanos, Navi Pillay. Pero el presidente sigue sin dirigirse al pueblo. Ni para intentar aplacar los ánimos. La flagrante desinformación oficial está espoleando la ira: la web gubernamental SANA únicamente refleja las marchas a favor de Assad. Ayer lo hacía con despliegue de fotos de Damasco, Aleppo, Al Raqqa, Tartous o Quneitra, donde la gente —describía el pie de texto—, salió a agradecer «la atención prestada por el presidente a los asuntos del pueblo».

Damasco insiste en la teoría conspiratoria de que existe «una campaña organizada extranjera que tiene como objetivo la estabilidad y unidad nacional de Siria». Por primera vez, el domingo la consejera política de Assad, Burhayna Chaabane, reconoció públicamente que francotiradores estaban realizando «disparos indiscriminados contra los ciudadanos» en Latakia, pero SANA precisó que abrían fuego contra «viandantes, ciudadanos y personal de las fuerzas de seguridad».

En el mismo sentido, desde el Ministerio de Información, Reem Haddad declaraba a la cadena Al Yasira que la policía tiene órdenes de no abrir fuego «pase lo que pase», pero que «las cosas tomaron otro cariz» en escenarios como Denaa, donde habla de que «grupos armados» ocultos entre las protestas pacíficas han tiroteado a fuerzas de seguridad.

Vista la intervención internacional en Libia, se considera poco probable que una operación similar para defender a la población de la represión se despliegue en Siria, un país «con fuertes defensas (fundamentalmente antiaéreas, aunque obsoletas) y una alianza cercana con Irán», subrayaban analistas citados por Reuters, y que constituye «el centro de una compleja red de conflictos en Oriente Próximo» que incluye Israel, Líbano, Jordania, Irak y Turquía.