El presidente refuerza su liderazgo

Incluso Rumsfeld y Cheney han felicitado al inquilino de la Casa Blanca

PEDRO RODRÍGUEZ
CORRESPONSAL EN WASHINGTON Actualizado:

Sin caer en un injustificado «misión cumplida» como hizo su antecesor en Irak, el presidente Obama argumentó ayer que la muerte de Osama Bin Laden era «un buen día para América». Y sin llegar a decirlo, la eliminación del líder de Al Qaida también puede considerarse como una valiosa oportunidad para las ambiciones de un segundo mandato del actual ocupante de la Casa Blanca, por ahora el único candidato confirmado para las presidenciales del 2012 dentro del muy premeditado calendario político de EE.UU.

Durante las últimas 24 horas, el presidente ha utilizado de forma más llamativa de lo habitual la palabra «yo» para asumir cualquier rédito político vinculado a la eliminación del terrorista más buscado del mundo. Empezando por recordar que nada más llegar a la Casa Blanca, él había insistido a los servicios de inteligencia de Estados Unidos para que la captura de Bin Laden —vivo o muerto— se convirtiera en una prioridad de la lucha contra Al Qaida. Entre implícitos reproches políticos de que ese objetivo fundamental había sido relegado a un segundo plano por la invasión de Irak.

Asignatura aprobada

En los próximos días, se espera que el genuino entusiasmo registrado en Estados Unidos por la superación de esta asignatura pendiente del 11-S se transforme en un aumento del respaldo hacia Obama, a pesar de que la muerte de Bin Laden no suponga el final de la guerra contra Al Qaida. Pero este triunfo puede ayudar a mejorar una popularidad dañada por factores que abarcan desde los disparados precios de la gasolina hasta la controversia sobre el certificado de nacimiento del presidente. Con todo, estas previsibles ganancias de hasta diez puntos en las encuestas, tal y como advierten los especialistas en opinión pública pueden resultar bastante efímeras dentro de un ciclo electoral centrado mucho más centrado en la economía que en cuestiones de terrorismo. Con el ejemplo clásico de la victoria de Bush padre en Kuwait y su posterior derrota en las presidenciales de 1992.

Sin esperar a ningún sondeo, la eliminación de Bin Laden ha forzado de manera inmediata a que los republicanos archiven, por lo menos temporalmente las duras críticas, que venían lanzando contra el liderazgo internacional del presidente Obama. El domingo por la noche, Obama tuvo el detalle institucional de adelantar a su antecesor en la Casa Blanca y al líder conservador de la Cámara Baja el éxito de la operación liderada por la CIA contra la cúpula de Al Qaida. Y este lunes, todos los potenciales aspirantes a la nominación presidencial del Partido Republicano han respondido con respaldo unánime y felicitaciones a la operación autorizada por la Casa Blanca el pasado viernes.

Algunos de los rivales del presidente Obama incluso le han llegado a citar recalcando que finalmente se ha hecho justicia, a pesar de la insistencia por parte de la Casa Blanca de que los comandos enviados al santuario de Bin Laden en Pakistán llevaban la orden de detenerle si hubiera sido posible. La única excepción a toda esta demostración de bipartidismo habría sido Sarah Palin que se ha limitado a destacar a través de Facebook «el duro trabajo y dedicación de los valientes americanos que sin descanso han perseguido a nuestro enemigo».

En contraste, Mitt Romney, el ex gobernador de Massachusetts, ha hablado de «una gran victoria para los amantes de la libertad y la justicia en cualquier lugar», con expresas felicitaciones para el presidente. Reconocimiento hacia la Casa Blanca también coreado por dos pesados de la Administración Bush: Donald Rumsfeld y Richard Cheney.