El presidente alemán, acusado de adquirir un Audi con cohecho
<a href="http://www.abc.es/fotos/20120203/christian-wulff-angela-merkel-1502380762963.html">Christian Wulff y Angela Merkel</a> - AP

El presidente alemán, acusado de adquirir un Audi con cohecho

Christian Wulff vuelve a la picota tras el escándalo del crédito ventajoso concedido para comprar una vivienda

CORRESPONSAL EN BERLÍN Actualizado:

Si la dignidad del cargo de un jefe de Estado se midiera por el estado de la fachada de su residencia oficial, el Palacio de Bellevue estaría a día de hoy severamente desconchado. Los desperfectos no son atribuibles a las gélidas temperaturas de estos días, que rondan los 15 grados bajo cero, sino a la actitud de un político que lo tiene cada día más difícil para dar lecciones de respetabilidad.

Desde la víspera de las pasadas Navidades, el presidente de Alemania, Christian Wulff, vive sumido en un torbellino de acusaciones que alimentan la sospecha de que no acaba de entender lo que casa y lo que no con el ejercicio de su cargo.

El diario «Bild» publicó entonces que Wulff había recibido de un amigo un crédito para comprarse una casa en las afueras de Hannover, que posteriormente pagó con otro crédito concedido en condiciones muy favorables. Al enterarse de que « Bild» iba a publicar la historia, a Wulff no se le ocurrió nada mejor que dejarle un mensaje amenazante en el contestador al redactor jefe del poderoso rotativo, Kai Diekmann.

Ayer, el escándalo se vio enriquecido con un nuevo capítulo. La Fiscalía de Berlín ha abierto una investigación contra Wulff por presunto cohecho en la adquisición del vehículo particular que habitualmente conduce su esposa Bettina.

Bajo la lupa

Los diarios «Berliner Zeitung» y «Frankfurter Rundschau» informaron de que la fiscal superior de Berlín, Simone Herbeth, ha abierto diligencias para averiguar «si hubo un comportamiento delictivo» en relación con esa compra.

El matrimonio Wulff conduce desde el pasado verano de forma gratuita un Audi Q3, que recibieron dentro de la campaña de promoción del nuevo modelo varios meses antes de su comercialización. El abogado de Wulff, Gernot Lehr, negó categóricamente que el presidente y su mujer se pusieran al volante del vehículo el verano pasado. De hecho, Bettina Wulff adquirió por primera vez un Audi Q3 el 22 de diciembre de 2011, «y pagó por él la cantidad indicada».

El fabricante Audi, perteneciente al Grupo Volkswagen, declinó hacer declaraciones con el argumento de que no tiene por costumbre revelar detalles sobre las condiciones de compra de clientes privados.

Ya antes de las pasadas navidades, Wulff había sido objeto de críticas por dejarse «patrocinar» por amigos empresarios. Por ejemplo, voló a Florida con Air Berlin en clase preferente a precio de turista. En la prensa de las últimas semanas abundan las caricaturas de un Wulff recubierto de pegatinas de sus «empresas patrocinadoras».

Con este escándalo, que el presidente confiaba que estaría olvidado dentro de un año, según refirieron anónimamente después de su estallido algunos de sus colaboradores, el Palacio de Bellevue está viviendo escenas nunca vistas. La semana pasada, investigadores de la Fiscalía de Hannover registraron la oficina del portavoz del presidente, Olaf Glaeseker, en busca de pruebas en un proceso por sospechas de soborno y tráfico de influencias. Glaeseker dimitió tras la apertura de diligencias en su contra por presunto soborno y corrupción, relacionadas con sus contactos con hombres de negocios de Baja Sajonia. El ex portavoz de Wulff trabajaba con Wulff desde la época en que el actual presidente era primer ministro de Baja Sajonia. Wulff dice que no sabía nada de los tejemanejes de Glaeseker, algo que muchos no se creen.

La canciller alemana, Angela Merkel, ha seguido una estrategia de apoyo discreto a Wulff, un político al que veía como competidor dentro de la Unión Demócrata Cristiana (CDU) y que, por ese motivo, aupó a la jefatura de Estado.