Cristina Kirchner, la presidenta del ordeno y mando, que ni se molesta en ir al Parlamento
Fernández de Kirchner habla delante de un gigantesco retrato de Evita Perón - REUTERS
EL CAUDILLAJE DE CRISTINA KIRCHNER (I)

Cristina Kirchner, la presidenta del ordeno y mando, que ni se molesta en ir al Parlamento

No celebra consejos de ministros. No convoca ruedas de prensa. Y cierra las puertas del diálogo a la oposición

CORRESPONSAL EN BUENOS AIRES Actualizado:

Monarquía o república, democracia o despotismo. Una nueva forma de ejercer el poder levanta ampollas en Argentina. El caudillismo histórico ha dejado de ser cosa de hombres. El ordeno y mando ya no viste uniforme militar. La voz que se impone, con idéntica fuerza en la Argentina de hoy en día, tiene timbre de mujer, se viste de seda negra y mira correr el tiempo en Rolex con corona de diamantes.

Con faldas pero no a lo loco, Cristina Fernández de Kirchner pone firme a su batallón de Gobierno. Los ministros son soldados al servicio de una causa sin derecho a discusión: No hay reuniones de Gabinete. Tampoco la oposición encuentra un puente viable de participación. Como en la película muda “The Artist”, Cristina, como se presenta últimamente en público la presidenta, le adjudica a los partidos políticos que no son el suyo, un guión sin palabras. Tomás Linn, columnista uruguayo de la reconocida revista “Búsqueda”, no recuerda un escenario similar en su país. “Con más entusiasmo o de mala gana –comenta- todos los presidentes de Uruguay, incluso con mayoría parlamentaria como el actual, han mantenido diálogo con la oposición. También se reúnen con sus ministros. Sería impensable que no fuera así”.

Ella es diferente

El modelo K es, como la España de los años 50, diferente. No considera oportuno rendir cuentas en el Parlamento. “!Qué envidia ver esos debates entre Rajoy y Zapatero o las discusiones en el Congreso!”, se lamentan los colegas. La presidenta no pisa el hemiciclo salvo para abrir el periodo de sesiones y su jefe de Gabinete, obligado por la Constitución a comparecer mensualmente, el pasado año no lo hizo ni media docena de veces.

“El poder sólo se ejerce si es en forma absoluta y lleva incorporado el aniquilamiento del enemigo porque para ellos no hay adversario”. La frase corresponde a una vieja guerrillera montonera (peronista) arrepentida. La filosofía “setentista”, con enormes similitudes al pensamiento Bush -“estás conmigo o estás contra mi”-, es la que se impone en el “reinado” de Cristina Fernández. Con ese principio presente se entiende, como sucedía con su marido, que las ruedas de prensa, al estilo tradicional, sean una ilusión. Sus ministros y ella misma, defienden en público que el pueblo, que la ha votado dos veces consecutivas, “es el único interlocutor al que se debe”.

Pero los medios de comunicación son necesarios y los públicos funcionales. La televisión y la agencia oficial de noticias, Telam, se han convertido en escaparates de propaganda gubernamental. Unos doscientos blogueros ultra oficialistas tienen como misión rastrear las crónicas o comentarios de la prensa que no comulga con los postulados de Cristina. Localizado el “enemigo”, dentro o fuera de casa, el objetivo es dinamitarlo con descalificaciones. En la tarea se suma con gusto el ministro de Asuntos Exteriores, Héctor Timerman, conocido como “twiterman” por su afición a los 140 caracteres. Martín García, hasta hace unas semanas director de Telam, llegó a decir que los profesionales tenían que ser “antes que periodistas militantes”.

«Cristinistas» en la corte

Pero la gran máquina de triturar al enemigo del pensamiento K en la TV es el programa 6,7,8, una mesa de leales –con sueldos del Estado- donde el despelleje consiste en, “cortar frases en picadillo, descontextualizarlas y repetirlas para que de la impresión de que han sido pronunciadas por un obsesivo grave”, apunta Beatriz Sarlo, autora de “La audacia y el cálculo”, un ensayo detallado del kirchnerismo.

En ese contexto surge y persiste Carta Abierta, el rostro intelectual del “movimiento nacional y popular”. Se trata de un grupo de intelectuales que, salvo excepción, cierra filas contra cualquier atisbo de pensamiento opositor. Lo curioso es que está coordinado por Horacio González, “director de la Biblioteca Nacional que –apunta Beatriz Sarlo- les ha prestado sus instalaciones (públicas) para sus reuniones”. González, heredero del cargo de Jorge Luis Borges, fue el impulsor del intento de veto a Mario Vargas Llosa para que el escritor no inaugurase la pasada Feria del Libro de Buenos Aires.

Los “cristinistas” operan como cortesanos pero el estilo K es ella y tiene, independientemente de sus mil y un modelos o joyas, forma y fondo. “Se mueve como una reina autoritaria: Mantiene las distancias, los ministros y hasta los gobernadores caminan unos metros detrás suyo. Se apartan para que ella sea la protagonista”, observa Raúl Ochoa, asesor del Círculo de Legisladores Nacionales.

El “doble comando” que el ex presidente Eduardo Duhalde y la oposición advertían en vida de Néstor Kirchner para mostrar a una presidenta sin capacidad real de decisión ha pasado a la historia. “Ella manda”, reconocen ahora. “Todas las decisiones –insisten- pasan por ella”. La Casa Rosada, sede del Ejecutivo, la regenta como si fuera parte de su abultado patrimonio. A Amado Boudou, vicepresidente, y su reemplazo en ausencia o en baja por enfermedad, como sucedió con el anunciado cáncer que nunca tuvo, no le asigna despacho y hasta presume de ello. El horario de oficina tampoco parece encajar con la Presidenta. Previo a la intervención en la tiroides rara vez pisaba la Casa Rosada antes de las cuatro de la tarde. Sus allegados la justifican, “despacha desde Olivos”, residencia privada de los Jefes de Estado.

El 10 de diciembre, durante la ceremonia de su segunda investidura consecutiva, el canal público, con señal única para retransmitir, cortó el plano en el que la presidenta saluda, sin mirar a la cara, al ex vicepresidente Julio Cobos, otro “enemigo” castigado en su camino. Los espectadores únicamente vieron que ofrecía una mano. El cineasta Tristán Bauer, otro soldado K, se ocupa de esos detalles.

La “teatralidad o “puesta en escena”, como advierte Julio Blanck, editor jefe de Clarín, forma parte de las señas de identidad de la mujer más poderosa de Argentina. “Audiencia predispuesta al aplauso, arreada o invitada a los salones refulgentes”, caracterizan las intervenciones de la presidenta. También, el lagrimón y las alusiones a “El” (Néstor Kirchner) o a su espíritu burlón que adivina en una corriente de aire y anuncia como un acontecimiento normal.

Francis Ford Coppola salió impresionado del despacho de la jefa del Estado. El realizador de “El Padrino” rodaba “Tetro” con Maribel Verdú. Había descubierto un personaje soñado. En italiano, y sin quitarse a Cristina de la cabeza, exclamó: “Esta no es una presidenta, es una diva”.