Un piloto español entre las víctimas del ataque en Kabul

La acción terrorista de los talibanes contra el lujoso hotel Intercontinental deja 21 muertos y muestra la debilidad de las fuerzas de seguridad afganas

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Golpe talibán en el corazón de Kabul. Veintiún nuevas víctimas, según el último balance del Ministerio de Interior afgano, para una guerra que se ha recrudecido desde que Barack Obama y sus socios de la OTAN anunciaran el repliegue de las tropas la semana pasada. Todos los fallecidos menos uno, afganos. El único extranjero, el piloto civil español Antonio Planas que se encontraba alojado en el hotel a la espera de la salida de su vuelo a la mañana siguiente. Es el tercer español que pierde la vida en Afganistán en las últimas 72 horas. Planas trabajaba para Saga Airlines, compañía de vuelos chárter con sede en Estambul que tiene alquilado un avión a la aerolínea nacional afgana Ariana con dificultades para operar fuera de Afganistán por estar incluida en la lista negra de compañías aéreas.

La ciudad anocheció el martes con sonido de explosiones y disparos en el hotel Intercontinental y, tras casi diez horas de batalla, amaneció ayer en silencio y con todo Kabul mirando a la colina en la que descansa este hotel desde hace 42 años. Una noche de combates entre un comando yihadista, formado por nueve hombres, y las fuerzas de seguridad afganas, que precisaron del apoyo de un helicóptero y efectivos de la OTAN para poner fin al peor ataque que ha sufrido Kabul en 2011. Armados con subfusiles de asalto, granadas de mano y con chalecos de explosivos adheridos al cuerpo, los yihadistas lograron burlar los controles de seguridad de un establecimiento frecuentado por extranjeros y autoridades afganas. Un lugar venido a menos en los últimos años tras la apertura de numerosas casa de huéspedes y, sobre todo, del hotel Serena en el centro de la capital, pero que seguía teniendo mucha actividad.

Ataque suicida

El Intercontinental descansa en lo alto de una colina en el barrio de Karte Parwan, una zona residencial donde tienen sus residencias importantes cargos del gobierno como el vicepresidente Qassem Fahim. La carretera de acceso al hotel está vigilada por varios puestos de control así que los yihadistas optaron por subir campo a través y burlar la seguridad a través del bosque de uno de los laterales de la colina. El portavoz talibán, Zabiullah Mujahid, se apresuró a reivindicar la acción, que ligó con el encuentro que estaba previsto en Kabul para tratar el traspaso de la seguridad a las fuerzas de seguridad afganas en las próximas semanas en siete zonas del país, entre ellas la propia capital. Es el primer gran ataque en la capital desde el atentado del mes pasado contra un hospital militar, en el que al menos seis personas perdieron la vida y hubo decenas de heridos.

El presidente, Hamid Karzai, que durante toda la batalla mantuvo hilo directo con el ministro de Interior, Bismilá Mohammadi, condenó lo ocurrido y calificó a los agresores de «mercenarios terroristas». El Ministerio ofreció una rueda de prensa a media tarde en la que su portavoz aseguró que «la operación no se cerró hasta las ocho de la mañana». A esa hora, el último terrorista vivo, que se había escondido en una habitación, logró hacer estallar su carga en el interior del hotel asesinando al piloto español y a dos agentes de la Policía afgana, según el relato de Interior que destacó que la investigación permanece abierta y que se inspecciona el hotel habitación por habitación.

La exhibición talibán con esta forma de ataque tan compleja en la ciudad, que sobre el papel es la más segura del país, reabre el debate sobre la capacidad de Policía y Ejército afganos de hacerse con el control de la situación en un momento clave debido al anuncio de la retirada de EE.UU. y la OTAN. Los mandos quisieron zanjar la polémica con rapidez asegurando que «las fuerzas afganas han hecho un trabajo muy bueno y admirable para liberar el hotel».

El elogio a las unidades afganas fue la antesala de la confirmación de que «este ataque no podrá impedir que avance el proceso de transición de la seguridad», según el portavoz de ISAF en Kabul, vicealmirante Vic Beck. Los militares cumplen con las órdenes de sus ministerios de Defensa y la nueva estrategia en Afganistán consiste en transferir la seguridad lo antes posible para salir del país asiático en los plazos previstos.