HORIZONTE

De tal palo, tal astilla

Los Assad han sabido jugar la carta de ser imprescindibles frente a los islamistas en la región

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Hafez al-Assad fue un asesino de cajas destempladas. Un matarife que en la villa de Hama tuvo en febrero de 1982 una rebelión popular de corte islamista y envió a sus Fuerzas Armadas, a las órdenes de su hermano Rifaat, y se despachó el asunto con 20.000 muertos y gran parte de la ciudad aplanada por las excavadoras del Gobierno. Rifaat sigue disfrutando de Marbella buena parte del año. Hogaño, en Deraa, el hijo de Hafez, Bachar al-Assad está perpetrando un genocidio de contabilidad todavía incierta. Y ha puesto al frente de su ejecución... a su hermano Maher al-Assad.

Desde 1982 Siria ha podido acrecentar su papel en la región: Israel consintió que venciera a los cristianos del general Aoun en el Líbano en 1990 —con beneplácito de Washington que necesitaba a Assad padre en la coalición que se gestaba contra el Irak invasor de Kuwait. Ello le dio un papel preponderante en la Conferencia de Paz de Madrid de 1991 en la que su ministro de Exteriores, Faruk al-Charaa, se permitió tildar de asesino al primer ministro israelí, Isaac Shamir. Al-Charaa todavía es hoy el primer vice presidente de Siria. La enemistad entre el Damasco de los Assad y el Irak de Sadam engendró un entendimiento privilegiado con el Irán de los ayatolás que en ningún momento se ha roto. Ni en el periodo de mayor idilio Damasco—Occidente. Y es que los Assad nos tienen tomada la medida. Han sabido jugar la carta de ser imprescindibles frente a los islamistas en la región mientras ellos mismos coadyuvaron a dar el control del sur del Líbano a los islamistas de Hizbolá. Assad Padre asesinó al embajador de España en Beirut, Pedro de Arístegui en 1989 y el Gobierno de González no tuvo nada que decir. Assad hijo recibió parabienes de Trini Jiménez el mes pasado. Hoy corre la sangre. Nada cambia. De tal palo, tal astilla.