Vista general de la entrada del Parlamento británico, palacio de Westminster, durante el discurso de Obama - AFP

Obama reivindica el liderazgo de Occidente en el nuevo orden mundial

Ganar la guerra en Libia «será un proceso lento y laborioso», pero «el objetivo es echar a Gadafi»

CORRESPONSAL EN LONDRES Actualizado:

Barack Obama recuperó ayer el papel de líder de la última superpotencia en un mundo en crisis después de la jornada de marcado carácter protocolario que él y su mujer pasaron la víspera junto a la Reina Isabel II y otros miembros de la Familia Real británica. Y lo hizo adoptando el tono visionario y optimista que mejor le caracteriza para reivindicar esta vez, no el advenimiento de la América posracial que predicó en la campaña de las presidenciales de 2008, sino el papel indispensable de las potencias occidentales en el mundo.

«Se ha puesto de moda decir que el ascenso de países como China, India y Brasil será acompañado del declive de la influencia estadounidense y europea en el mundo; pues es falso», declaró ayer Obama en su discurso solemne ante el parlamento británico, el primero de un presidente de EE.UU. El actual ocupante de la Casa Blanca fue ayer el cuarto orador de lujo en dirigirse en los últimos tiempos a la reunión conjunta de la Cámara de los Comunes y de los Lores, precedido por el Papa Benedicto XVI, la reina de Inglaterra y Nelson Mandela. «Es o un altísimo listón o el comienzo de un buen chiste», dijo Obama al iniciar su discurso, arrancando una carcajada a Sus Señorías.

«He venido aquí a reafirmar una de las más antiguas, una de las más fuertes alianzas que el mundo haya conocido nunca», afirmó, en un esperado brindis a la manida «relación especial» entre las dos naciones atlánticas, convertida desde esta visita de Obama al Reino Unido en «no solo especial, sino esencial» por la terminología que Obama y Cameron compartieron en un artículo conjunto publicado el martes en el diario « The Times». Cameron la definió ayer, en la rueda de prensa conjunta que ofrecieron, como «una relación viva, esencial para nuestra seguridad y nuestra prosperidad».

Pero las palabras de ambos supieron a poco. La «relación esencial» había quedado de sobra relanzada simbólicamente el martes con los saludos, paseos e intercambio de regalos entre la Primera Familia de la república más poderosa del planeta y la Familia Real de la primera monarquía parlamentaria de la Historia. Los Obama regalaron a la Reina una colección de memorabilia de la histórica visita a EE.UU. que realizaron sus padres en 1939, y al Duque de Edimburgo una colección de objetos sobre carreras de carruajes, una de las pasiones del Rey consorte. Para el Príncipe de Gales y la Duquesa de Cornualles, los Obama habían traído un surtido de semillas de distintas residencias presidenciales y miel de la granja que Michelle Obama gestiona en la Casa Blanca, colmando la sensibilidad naturalista que se presupone al heredero al trono británico. Isabel II, a quien Obama regaló un iPod en su anterior encuentro, les engordó el equipaje de vuelta con una colección de cartas —copias, y no las originales— de la Reina Victoria a distintos presidentes de EE.UU.

Ayer era el día de las decisiones de cara a concretar ese liderazgo anglo-americano en la reunión del G-8 que Francia preside hoy en Deauville. Pero no llegaron. Sobre Libia, un conflicto en el que los británicos se han sentido abandonados por el amigo americano, Obama mantuvo la frialdad que ha tenido desde el principio de una misión de exclusión aérea que dura ya dos meses. Ganar la guerra en Libia «será un proceso lento y laborioso», dijo en la rueda de prensa conjunta en Lancaster House, aunque los dos coincidieron en el objetivo de sacar a Gadafi del poder.

«Falsas percepciones»

«Existe una percepción falsa de que tenemos un montón de recursos aéreos secretos superefectivos en un hangar en algún sitio que simplemente pueden ser activados para resolver de un plumazo la situación en Libia… Pues no es el caso», dijo con contundencia Obama. A su lado, Cameron se enfrentaba ayer a las primeras divergencias partidistas sobre la misión liderada por Francia y el Reino Unido, tras las críticas expresadas por la oposición laborista al reciente anuncio del Gobierno de coalición de que enviaría helicópteros de ataque al país africano.

Los dos líderes se han esforzado en insuflar un liderazgo juvenil a una alianza occidental alicaída. «Los dos crecimos durante los 80», afirmaban en su artículo conjunto. Ambos vincularon el momento actual en el mundo árabe con la lucha por la libertad de los disidentes de la Europa Oriental, y reubicaron su alianza en las playas de «Omaha y Gold» citadas por Obama, el auténtico mito fundacional de esta «relación esencial» distanciada en realidad por las prisas británicas en acelerar la salida de Afganistán tras la muerte de Bin Laden y las diferencias sobre el calendario de llegada de un Estado palestino.