ARGENTINA

Muere el general Antonio Domingo Bussi, brazo ejecutor de la represión

CARMEN DE CARLOS
CORRESPONSAL EN BUENOS AIRES Actualizado:

Antonio Domingo Bussi, cuyo nombre era sinónimo de miedo en la Argentina de los 70 murió ayer a los 85 años. La provincia de Tucumán, el vergel del país, se tiñó de rojo con la lucha armada de la guerrilla y el Ejército del que formó parte. General, brazo ejecutor de prisioneros con su propia arma, Bussi tuvo el dudoso honor de ser pionero del plan sistemático de desaparición de personas que caracterizó a la última dictadura argentina (1976-83).

El viejo general, privado de sus galones, falleció en la cama rodeado de su familia. Permanecía ingresado en el Instituto de Cardiología de Tucumán desde el lunes. A Bussi, hombre de ojos azules y pasado negro, le fallaban desde hace tiempo los pulmones y el corazón, esa máquina de precisión que, en su caso, parecía de acero. Defendió hasta el final que Argentina libró una guerra y, en cierto modo, en lo que a Tucumán respecta, no andaba demasiado desencaminado. Pero, como decían sus víctimas, «hasta en la guerra hay leyes».

Terror en la dictadura, tuvo miles de seguidores en democracia. Ganó ocho elecciones a distintos cargos. Fue electo gobernador y ejerció como tal entre 1995 y 1999.