Mubarak resiste en solitario

El presidente egipcio destituye al Gobierno para frenar la revuelta, pero no deja el poder. Al menos 35 muertosDecenas de miles de egipcios se enfrentaron a la Policía en la cuarta y mayor jornada de protestas

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El Cairo fue ayer un infierno estremecedor. Una guerra cuerpo a cuerpo, un laberinto de masas enloquecidas tras nueve horas de represión policial combatiendo a brazadas por sus derechos entre neumáticos en llamas y la nube cuasi tóxica de gases lacrimógenos que mataba la respiración. Los egipcios se juraron ayer no rendirse. Y Hosni Mubarak les corrió como a ratas por toda la capital echándoles una armada de policías antidisturbios encima.

Dado el cariz de la revuelta, el presidente egipcio se vio obligado a aparecer públicamente y lo hizo a través de la televisión, donde por la noche anunció que destituía al Gobierno actual por otro que asumirá nuevas funciones. «He ordenado que renuncie el Gobierno y que sea formado mañana (por hoy) otro, para que adopte nuevas funciones», afirmó Mubarak en su mensaje. En su discurso, el gobernante, de 82 años, dijo que era consciente de las demandas de reformas políticas, sociales y económicas que han llevado a los ciudadanos a salir a la calle, pero insistió en la necesidad de mantener la seguridad bajo control. «Hay una línea muy estrecha entre la libertad y el caos», afirmó el presidente egipcio. A pesar de que las protestas se han centrado en las últimas horas en pedir la renuncia de Mubarak, en el poder desde 1981, el gobernante egipcio no expresó ninguna intención de renunciar al poder. «Soy consciente de las aspiraciones en favor de más democracia, el combate del desempleo, la lucha contra la pobreza y el combate de la corrupción», afirmó Mubarak. «Pero los objetivos que se buscan -añadió- no pueden ser logrados por la violencia, sino por el diálogo nacional y esfuerzos que unan a las partes».

Hizo un llamamiento especial a los jóvenes «para trabajar por el interés de la gente. Incendiando los bienes no se puede satisfacer las aspiraciones de la gente», añadió

Por la mañana temprano, Mubarak desató el caos con un ciberataque oficial —bloqueando todo internet y la telefonía móvil—, creyendo así haber ganado la partida, el pueblo se rehizo enfurecido y, pasadas las ocho de la tarde, conseguía pisar el símbolo de esta protesta histórica: la plaza de Tahrir, el centro neurálgico de El Cairo, que vibró de nuevo en un grito desesperado de libertad. La revolución ayer se instaló en Egipto.

Entonces fue cuando el «faraón» —o quien quiera que le asesore mientras él permanece en la ciudad balneario de Sharm-el Sheij— mandó salir al Ejército con el apoyo de los blindados. Las tanquetas intimidando por primera vez desde el inicio de este motín ciudadano hubieran podido provocar una conmoción eléctrica, pero lo de anoche era ya el salvaje oeste.

«Mañana vamos a volver, y pasado mañana, y al otro... y seremos como olas hasta que barramos este régimen podrido», proclamaba Adel Abdel-Sati, de la Asociación Nacional de Derechos Humanos.

Imposible saber si hubo tiros con fuego real, lo único que falta para convertir este universo de mugre y angustia en el Apocalipsis. Imposible conocer el número de heridos —algunas fuentes hablan más de mil en toda la región de El Cairo —, el de muertos: al menos 35 en Suez, Alejandría y en la capital. Imposible certificar si en el Sinaí y en El Cairo el gentío terminó quemando las sedes del Partido Nacional Demócrata en el poder o si en Alejandría los agentes se habían negado a enfrentarse con el pueblo. La televisión estatal, la sede del Ministerio de Exteriores y otros edificios gubernamentales fueron pasto del fuego de la ira del pueblo. Y sobre las tanquetas también apareció el pueblo.

Mientras esta corresponsal escribe estas líneas, por megafonía se prohíbe a la gente salir de los edificios y usar los ascensores. El toque de queda se instaló ayer en Egipto. Un incendio descomunal acaba de surgir en la trasera misma del museo de El Cairo, el humo negro oculta por completo en una sombra impenetrable y maldita la visión del vecino puente de Qasr El Nil, donde sucesivas bandadas de manifestantes llevan siendo embestidos a palos por los antidisturbios desde el mediodía de ayer.

Ya por la noche, el Ejército tomó el control en la plaza Tahrir, enclave en el que se concentraban los manifestantes.