Moratinos pierde la jefatura de la FAO frente a Graziano

Ni su gira mundial de promoción ni los generosos medios desplegados por el Gobierno de Zapatero sirvieron para vencer al candidato brasileño

ROMA/MADRID Actualizado:

Moratinos no podrá llevar a cabo su anunciado proyecto de acabar con el hambre en el mundo desde la dirección de la FAO, la Agencia de la ONU para la Alimentación. Ni su intensa campaña por el mundo, ni los medios facilitados por el Gobierno ni la presencia en Roma de las ministras de de Exteriores, Trinidad Jiménez, y de Medio Ambiente, Rural y Marítimo, Rosa Aguilar, fueron suficientes para derrotar ayer al candidato brasileño, José Graziano da Silva.

El margen con el que Graziano da Silva se impuso a Moratinos fue muy pequeño —tan sólo cuatro votos—, pero suficiente para hacerse con un puesto al que aspiraba el Ejecutivo español, para tratar de paliar el déficit de presencia en organismos internacionales.

El Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero puso a disposición de Moratinos un grupo de seis personas formado por dos jóvenes diplomáticos, a los que se unió en ocasiones el embajador en misión especial para África, Ramiro Fernández Bachiller; un asesor de Exteriores y otro del Ministerio de Medio Ambiente, una secretaria, un despacho en el Ministerio de Exteriores y el soporte de varias direcciones generales, como la de Comunicación Exterior y la de Organismos Internacionales, las embajadas de los países que visitó en busca de votos, y un avión Falcón de la Fuerza Aérea Española para las giras por áreas de difícil movilidad.

Moratinos recorrió noventa países y asistió a media docena de cumbres multilaterales en busca de votos. Pero ayer pudo comprobar que muchas de las promesas, especialmente por parte de algunos africanos, no se cumplieron. La capacidad de persuasión de Brasil sobre el grupo de los no alineados, fue muy grande. Si a eso se une el daño provocado por la candidatura del austriaco Franz Fischler, que terminó dividiendo el voto europeo —Portugal, Bulgaria y Eslovenia votaron, al parecer, por Graziano—, se tendrán las claves de la derrota de Moratinos.

Muchos observadores han considerado lamentable el papel jugado por la UE, en especial por el presidente de la Comisión Europea, Durao Barroso, al promover la candidatura del austriaco Fischler. Estaba claro que el ex comisario de Agricultura no tenía ninguna opción de ganar, pero el portugués Barroso jugó esa carta para frenar a Moratinos y favorecer a su favorito, el candidato brasileño.

Los cuatro aspirantes menos votados se retiraron antes de la segunda votación. Pero previamente a que ésta se produjera, Brasil solicitó un descanso de 30 minutos y convocó al G-77, un grupo de no alineados prácticamente en el olvido. No agradó a la delegación española esa reunión, porque vieron en ella una marrullera maniobra. El representante de Hungría, en nombre del bloque europeo, protestó, al igual que la delegación española, porque «según el reglamento de la FAO no se puede interrumpir una votación ya comenzada».

La reunión del G-77 pudo ser decisiva. Y el propio Graziano agradeció a los «77 países no alineados su respaldo en los últimos momentos». Moratinos, que se presentaba como un gestor capaz de «revolucionar» la agencia con una «nueva metodología y nuevos recursos financieros», perdió la batalla ante un técnico, Graziano Da Silva, que en cierta forma representa la continuidad. Al final, en el ambiente se reflejaba la tensión. El ex ministro español se marchó sin hacer declaraciones, tras felicitar a su rival. En su discurso final, Graziano no tuvo la elegancia de citar a su rival. Sí la mostró Trinidad Jiménez, al felicitar al ganador y prometer que «España continuará en primera línea en la lucha contra el hambre».