La sed de 2 millones de niños
Una mujer turkana, con su hijo, en un poblado azotado por la sequía - EDUARDO S. MOLANO

La sed de 2 millones de niños

La sequía y la hambruna en el cuerno de África amenazan las vidas de los indefensos chiquillos de esta castigada zona

ENVIADO ESPECIAL A TURKANA (FRONTERA ENTRE KENIA Y ETIOPÍA). Actualizado:

Son las siete de la mañana y Sarah Cephas comienza a golpear la tierra. Desde hace dos meses, esta joven de la región de Turkana repite cada día su ritual, ahoyando el páramo en busca de pozos subterráneos que ayuden a paliar la sed. En el camino, centenares de agujeros. El primero de ellos, la tumba de su hijo. «Perdí a mi bebé en junio, tan solo un mes después de haber dado a luz. Estaba seca y no tenía nada con que alimentarle», cuenta a ABC esta joven que, pese a rondar la veintena, ya cuenta con cuatro vástagos. Todos ellos, en evidente estado de desnutrición.

Según la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), tras la sequía del último año la tasa de mortalidad en la región de Turkana se ha disparado hasta el 22 por ciento entre los menores de cinco años. UNICEF denuncia que la hambruna —que afecta principalmente a Somalia, Kenia, Etiopía y Yibuti— amenaza la supervivencia de dos millones de niños en la región. Y de ellos, medio millón presentan un «riesgo inminente» de muerte.

Lucy Kasula vivió en su carne lo que representan estas cifras. El pasado abril, esta mujer residente en las cercanías del distrito de Loima (Turkana) tuvo que enterrar a uno de sus hijos. Tenía solo dos años y desconoce las causas reales de la muerte. Nunca fue vacunado. «La mayoría de las clínicas están demasiado lejos para que podamos llegar a ellas», dice la joven, cuyos tres hijos llevan dos días sin probar bocado .

Más suerte tiene Kevina Kasula, que se agolpa junto a un centenar de mujeres en un centro hospitalario móvil en Kakimat. Su hija de ocho meses será inmunizada por primera vez en su vida. Aunque el tratamiento de la polio, agotado, deberá esperar. «Nunca había vivido una sequía similar», afirma Kasula. «En solo dos meses la mitad de las cabras han muerto y las que quedan con vida no sé si aguantarán más de dos semanas. Nuestros hijos ya no tienen nada que comer. Estamos desesperados».

Alejandro Campón conoce a la perfección todas estas miseria. Tras más de 21 años de trabajo en la región, este sacerdote español anuncia que, ante la escasez de lluvias del último año —un 30% menos que en el periodo 1995-2010—, las organizaciones humanitarias ya se preparan para lo peor. «La región está totalmente seca y desde hace más de tres meses no se distribuye comida. Además, no está prevista la llegada de lluvias hasta noviembre», dice el religioso.

Mientras, en el páramo de Turkana, la joven Sarah Cephas continúa su búsqueda compulsiva de agua. Quizás, espera, algún día, su hijo resucite en uno de estos hoyos.