Jornada de ira en Afganistán por la presunta quema del Corán

El jefe de la OTAN, el general John Allen, pide disculpas «por el uso inapropiado de material religioso» y anuncia una investigación

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uerte a Estados Unidos, muerte a Estados Unidos!» «Ya no os queremos, fuera de aquí!» Miles de afganos se echaron a las calles del país para protestar por la quema de ejemplares del Corán en el interior de la base de Bagram. Algunos marcharon en las calles de la capital, otros lo hicieron en distritos del sur de Kabul como Poli Charki, donde cortaron a primera hora de la mañana la carretera que viene de Pakistán, una de las principales rutas de suministro del país. Aunque el grupo más numeroso optó por acercarse a las puertas de la misma base y mostrar su ira. Con banderas blancas, piedras y mucho griterío se enfrentaron a las tropas norteamericanas que regentan esta base, que antes perteneció a la Unión Soviética. El jefe militar de la OTAN en Afganistán, el general John Allen, no tardó en lanzar un mensaje por televisión pidiendo disculpas para intentar frenar así la oleada de violencia. Al menos una persona resultó herida y hubo cinco detenidos tras el dispositivo de seguridad montado por las tropas para sofocar la movilización a las puertas de Bagram, una base donde se encuentra también un centro de detención privado de alta seguridad estadounidense, similar al de Guantánamo. Los soldados dispararon pelotas de goma contra la multitud.

El general Allen y los responsables de ISAF, Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad de Afganistán, ordenaron inmediatamente la apertura de una investigación. Las bases internacionales en el país asiático están en alerta máxima, al igual que las fuerzas de seguridad afganas, ahora responsables de la seguridad en buena parte del territorio.

En cuanto al relato de los hechos, algunas agencias locales, citando testimonios de trabajadores del servicio interno de limpieza, aseguran que vieron cómo soldados norteamericanos trajeron un contenedor con los ejemplares del Corán en una camioneta y arrojaron los textos sagrados en el lugar donde habitualmente se queman los residuos. La intervención de estos operarios afganos frenó la quema total de los libros. ISAF emitió un comunicado para intentar aclarar lo ocurrido e informar sobre «la existencia de material religioso destinado al centro de detención provincial de Parwan (provincia donde se encuentra Bagram) que por error fue entregado a los soldados para que lo quemaran». La cadena BBC ofreció una versión diferente y, basándose en el testimonio de dos altos cargos de la Administración afgana, aseguró que en realidad se trataba de los ejemplares del Corán confiscados a los presos de Bagram porque los americanos sospechaban que a través de ellos se pasaban mensajes. Lo que no está claro es el motivo de la orden de quemar los textos.

Mientras llegaban las condenas oficiales, como la del gobernador de Kandahar, Tooryalai Wesa, que definió lo ocurrido como «un vergonzoso acto de individuos estúpidos», los medios locales repetían una y otra vez el mensaje del general Allen. «Cuando tuvimos conocimiento de estas acciones, intervinimos inmediatamente para pararlas. El material recuperado será entregado a las autoridades religiosas apropiadas», explicó el máximo responsable de la OTAN, que quiso dejar muy claro que «no fue algo intencionado». Disculpas por parte del sucesor del general Petraeus, que ocupa su cargo desde julio y por tanto no tuvo que enfrentarse a la anterior crisis del Corán. La que estalló en abril del año pasado tras la quema de un corán por un pastor protestante en Estados Unidos, y que provocó el asalto a un edificio de Naciones Unidas en Mazar e Sharif, la segunda ciudad más importante de Afganistán, donde nueve personas perdieron la vida. Allen pidió públicamente perdón a Hamid Karzai y al «noble pueblo afgano», al tiempo que aplaudía el trabajo de los trabajadores locales de la base, que «nos ayudaron a identificar nuestro error». Una respuesta similar a la de su antecesor, el general Petraeus, que tenía muy claro que «es precisamente el tipo de acción que buscan los talibanes y puede poner en peligro a las tropas y a todo el esfuerzo que aquí se desarrolla». Lo que sí le tocó a Allen fue gestionar el escándalo de comienzos de año tras la emisión de un vídeo en el que unos marines orinaban sobre cadáveres de afganos.

Hace tiempo que los afganos de a pie perdieron la confianza en la comunidad internacional, que ahora prepara su retirada, prevista para 2014, y este tipo de errores son aprovechados por la insurgencia para fortalecer su mensaje contra la presencia militar internacional y el Gobierno afgano que la autoriza. En esta guerra que Estados Unidos libra junto a la OTAN desde el 11S, tal tipo de noticias ayudan a encender incontrolables focos de violencia en todo l mundo islámico. Así ocurrió, por ejemplo, en 2005 tras los rumores sobre la quema de ejemplares del Corán en la prisión de Guantánamo, según una noticia publicada por la revista «Newsweek» que resultó falsa, o la aparición de las caricaturas de Mahoma en un periódico danés. Poco importan las estadísticas que se publican cada año y que atribuyen a la insurgencia la mayor parte de víctimas civiles, la noticia de la quema del Corán corre como la pólvora, de casa en casa, de valle en valle, mucho más rápida que las explicaciones y disculpas de la OTAN. Todo el mundo espera ahora al viernes y a la salida del rezo del mediodía, el momento de máxima tensión.