Un grupo de danza del sur de Sudán celebra el referéndum - REUTERS

Jartum «respetará» la secesión del Sudán del Sur cristiano

El presidente Al Bashir visita la capital del sur a cinco días del referéndum clave

CORRESPONSAL EN NAIROBI Actualizado:

En los albores del referéndum que el próximo domingo debe decidir su independencia, Sudán del Sur comenzó ayer a escribir el prólogo de su historia contemporánea con la visita a la región del todavía presidente, Omar al Bashir.

En un encuentro con miembros del Gobierno local celebrado en la capital del futuro nuevo Estado, Juba, el mandatario sudanés aseguró que aceptará la decisión que tomen los sureños en la consulta popular, a pesar de su convencimiento de que la unidad del país resultaría «mejor» para el futuro del continente.

«La unidad es el interés, la fuerza, la seguridad y el desarrollo para todo Sudán, pero si el deseo de los sureños es la separación, bienvenidos», afirmó el mandatario africano a su llegada al aeropuerto de Juba.

De igual manera, Bashir —quien fue recibido por el futuro presidente de la nueva nación, Salva Kiir—, expresó la disposición de su Gobierno a ofrecer «ayuda logística o cualquier tipo de apoyo» al sur, si se independiza, al asegurar que ésta «sería una nueva etapa para el avance y el desarrollo».

El norte de Sudán —de mayoría musulmana—, y el sur —cristiano y animista—, libraron una guerra de 22 años que concluyó con los acuerdos de paz de 2005 que estipulaban, tanto la celebración de los comicios generales del pasado abril (en los que el presidente Bashir se impuso con el 70% del electorado), como un referéndum sobre la independencia que tendrá lugar el próximo día 9.

Una crisis política que la comunidad internacional pretende «parchear» con la segregación de 10 provincias meridionales de un futuro país, que apenas cuenta con 50 kilómetros de carreteras asfaltadas y en el que más del 80% de la población es analfabeta.

La hoja de ruta de EE.UU.

Sin embargo, y pese a que desde 1984 el conflicto ha generado más de dos millones de víctimas, la visita de ayer a Juba por parte Bashir aleja los fantasmas de un nuevo conflicto. En una decisión, eso sí, no ausente de dobleces morales.

El pasado noviembre, John Kerry, presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado de EE.UU., aseguró que su país eliminaría a Sudán de la lista de países que promueven el terrorismo, si la consulta popular se lleva a cabo con transparencia.

Una declaración de intenciones que pondría fin a más de una década de desencuentros entre EE.UU. y Sudán desde que, en 1993, la Administración Clinton incluyera al país africano en la lista de naciones que apoyan el terrorismo. Washington acusó a Jartum de dar hospedaje a milicianos islamistas, incluido el líder de Al Qaida, Osama Bin Laden.

Para ello, el propio Kerry trasladó al Gobierno de Bashir una «hoja de ruta» que debe paliar las discrepancias sobre la región de Ebey, uno de los principales centros petrolíferos del continente africano, y cuyos habitantes deberán afrontar también el próximo domingo una votación para dirimir su pertenencia al norte o sur del país.

Y es precisamente el maná que nutre las tierras de Ebey —el petróleo—, el otro hilo de alambre sobre el que pende el futuro de Sur Sudan.

En la actualidad, Jartum es el tercer mayor exportador de crudo del África subsahariana, con una producción cercana a los cerca de 480.000 barriles diarios.