LA AMENAZA TERRORISTA

El inquietante silencio de Al Qaida

La red terrorista no se ha pronunciado sobre las protestas. Pero permanece al acecho, a la espera del resultado

MADRID Actualizado:

Cuanto menos es noticioso que un mes después de haberse iniciado una «sui generis» revolución en el mundo árabe, Al Qaida, su propio líder (Osama bin Laden) o su lugarteniente egipcio, Aymán al Zawahiri, no hayan dicho ni palabra. Sobre todo teniendo en cuenta que Al Qaida siempre insufló proclamas para derribar a los regímenes autoritarios árabes cómplices de EE.UU., cuyo máximo exponente siempre ha sido el Egipto de Hosni Mubarak.

Para los analistas especializados en terrorismo yihadista esta revolución árabe está echando por tierra la tesis de Al Qaida de que la «yihad» es el camino. Peter Knoope, director del Centro Internacional Contra el Terrorismo de La Haya, asegura que «estas manifestaciones de Túnez o Egipto, llevadas a cabo por gente corriente, mujeres, jóvenes y proclamando las ansias de libertad revelan que el mensaje ideológico de Al Qaida está en el dique seco».

La red terrorista siempre tuvo fuertes raíces fundacionales y sanguinarias en Egipto —su último gran atentado tuvo lugar en Alejandría, contra una iglesia copta a principios de año, con una veintena de muertos—. Por ello sorprende aún más su inactividad propagandística contra Mubarak al rebufo de las protestas. «Lo que está pasando en Egipto es una gran derrota para Al Qaida, sucede en un país de importancia vital para su imagen. A corto plazo lastrará la influencia de su mensaje entre potenciales seguidores», afirma a La agencia Reuters el otrora islamista radical Noman Benotman, en tiempos encargado de organizar una célula de Al Qaida en Libia.

Durante décadas —sobre todo con el conflicto israelo-árabe de fondo— el modelo de revolucionario árabe fue un hombre con turbante, kefiya palestina, amenazador, secuestrador de aviones, a veces suicida, otras con AK-47 y apuntando siempre a la diana israelí y estadounindense. Hoy el activista árabe por excelencia es un frutero, viste vaqueros, su arma es internet, se suicida sin asesinar a nadie y apunta a sus propios gobernantes. Así era el tunecino Mohamed Bouazizi, el joven que se quemó a lo bonzo para denunciar las penurias económicas y dislates autoritarios en Túnez.

Pero Al Qaida guarda aún al acecho, en opinión de Benotman. Si la revuelta finalmente fracasa en Egipto, la organización terrorista de Bin Laden tendría el caldo de cultivo oportuno para expandir su mensaje de nuevo: «Derriben al poder amigo de EE.UU., únanse ahora a Al Qaida». En la revuelta egipcia parece ser que no solo se dirime el modelo de Estado árabe, también el de revolucionario: ¿El frutero Mohamed Bouazizi o el sanguinario Bin Laden?