Hallan cinco cuerpos en la casa de una familia desaparecida en Nantes
Los forenses sacan uno de los cuerpos del interior de la vivienda - AP

Hallan cinco cuerpos en la casa de una familia desaparecida en Nantes

El marido se jactaba de trabajar como agente secreto para EE.UU. Nadie le creía

JUAN PEDRO QUIÑONERO
CORRESPONSAL EN PARÍS Actualizado:

La desaparición de una familia «sin problemas» —padre, madre y cuatro hijos— en Nantes comenzó inquietando por su carácter «misterioso» para transformarse pronto en una historia de «terror alucinante», cuyos primeros indicios fueron los aullidos de una banda de perros rabiosos. Xavier Dupont de Ligonnes (50 años), ex patrón de una pequeña empresa, su esposa Agnés (49 años), vigilante en un colegio, y sus cuatro hijos, Arthur (21 años), Thomas (18 años), Anne (16 años) y Benoît (13 años) estaban desaparecidos desde el 4 de de abril.

Familia «sin problemas», según un vecino, «gente simpática y muy normal», según una vecina, desaparecieron sin dejar rastro. Una casa vacía, sin huellas de violencia. Y unas primeras pistas relativamente confusas.

El marido se había jactado, entre amigos, de trabajar como «agente secreto» para EE.UU. Nadie lo tomó en serio, cuando anunció un «viaje por motivos profesionales». Él mismo llamó al colegio donde trabajaba su esposa, anunciando que ésta sufría de gastroenteritis por lo que debía ser hospitalizada. La esposa había anunciado en el colegio de sus hijos menores que la familia pensaba emigrar a Australia. Y el director del colegio recibió un cheque con el importe de comidas y cantinas. Católicos practicantes, padre y madre habían anunciado a algunos vecinos que pensaban «trasladarse» de residencia.

Tras varios días de ausencia, los vecinos dieron una primera alarma a la policía, que solo encontró un mensaje escrito a mano, sobre el parabrisas de un coche de la familia, que decía: «No tenías derecho. Te echamos de menos». Los armarios de la casa habían sido vaciados. Un mensaje, pegado a la puerta, pedía al cartero que devolviese la correspondencia que pudiese llegar. Ningún movimiento en las cuentas bancarias de la familia.

El primer indicio revelador lo dio una anciana que no podía dormir, escuchando los aullidos de varios perros que rondaban por la casa de los desaparecidos. «Aullaban como si los estuviesen matando», declaró una primera testigo. Días más tarde, Jueves Santo, los gendarmes hicieron un primer hallazgo macabro, en el jardín de la casa de los desaparecidos: «Restos humanos», una pierna. Xavier Ronsin, fiscal del Tribunal de Nantes, se limitó a confirmar el descubrimiento: «No deseo entrar en detalles... la investigación toma el rumbo de un posible secuestro y asesinato».

Horas más tarde, la Gendarmería confirmó otro descubrimiento: los restos de una mujer, la madre, quizá, y dos hombres jóvenes, los hijos, quizá. Ya por la noche eran halados otros dos cuerpos. Tras varios días de silencio, los vecinos comenzaron a recordar... Alguien vio al padre transportando sacos «que parecían pesados» días antes de la desaparición. La vecina que fue despertada por los aullidos de los perros, una noche ventosa, recuerda haber visto al marido entrando y saliendo «muy agitado».

La Gendarmería prefiere insistir en el carácter «incoherente» del comportamiento paterno, pequeño patrón descendido al nivel de «comercial» de una empresa de la región. Y sus fanfarronadas de «espía de pacotilla».

«Incoherencias» que contrastan con los rastros bien coherentes que precedieron a la desaparición y la tragedia anunciada por los aullidos de los perros. Murieron a tiros, quizá, con un arma equipada con silenciador.