Haití sigue sumido en el caos a un año del seísmo

Un millón de personas viven todavía en campamentos, y sigue sin llegar toda la ayuda internacional prometida

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El hallazgo bajo los escombros del cadáver de un hombre conocido como Pierrot es, hasta el momento, la última pequeña gran historia que ilustra el Haití de 2011. El cuerpo ha sido encontrado e identificado en el centro de Puerto Príncipe, la capital, un año después del seísmo que causó 300.000 muertos el 12 de enero de 2010.

El mundo, conmovido, puso entonces sus ojos en el país más pobre de América y prometió levantarlo. Una rápida visita sobre el terreno estos días basta para comprobar que esas promesas no se han cumplido. De los 10.000 millones de dólares en ayudas han llegado «solo unos pocos cientos», afirma Médicos del Mundo en un comunicado. Un millón de personas sigue viviendo en un millar de campamentos improvisados, solo se han retirado el 4 por ciento de los escombros, según Acción Contra el Hambre (ACH), y el hastío crece.

Por si los males fueran pocos, una epidemia de cólera sacude desde hace tres meses el país y la celebración de unas elecciones puestas en entredicho de manera casi generalizada mantiene al país en una calma tensa que puede romperse con extrema facilidad ante la segunda vuelta, que todavía no tiene fecha.

«Un año horrible», así titulaba en portada el periódico más influyente del país, «Le Nouvelliste», en su número del pasado 31 de diciembre sobre una caricatura en la que aparecían tres tumbas: la del terremoto del 12 de enero, la de la epidemia de cólera detectada el 19 de octubre y la de las elecciones con sabor a pucherazo del 28 de noviembre.

Haití deberá afrontar «otro terremoto» si se siguen incumpliendo las promesas para llevar a cabo la reconstrucción, vaticina Médicos del Mundo. Sería un «seísmo social, económico y político». Esta es una opinión muy extendida entre los extranjeros que viven en el país caribeño.

Puerto Príncipe recupera la vida en la calle a trompicones. Son muchos los que a diario se juegan el tipo regentando sus negocios en edificios y locales que se mantienen medio derruidos al pie de las aceras. No tienen otra cosa. La ciudad es un caos circulatorio permanente por el que abundan los vehículos todoterreno de las ONG y de Naciones Unidas. El polvo, las basuras, el barro y el agua estancada ganan la batalla en las zonas más afectadas por el terremoto a las cuadrillas de ciudadanos que, ataviados con vistosas camisetas, afrontan la titánica tarea de adecentar las calles. Los haitianos, que parece que ya no esperan nada de su Gobierno, culpan a las ONG y a la comunidad internacional. «Estamos peor que hace un año. ¿Qué se hace con el dinero entregado? Las ONG no hacen más que guardárselo en el bolsillo mientras se preocupan de su visibilidad», se queja Branche D'or Gregory, coordinador y jefe de seguridad del campamento Maisgaté 2, levantado en el aeródromo de Puerto Príncipe.

Como fantasmas

Los más de 6.000 vecinos del asentamiento viven con sus tiendas plantadas entre enormes vallas publicitarias, a las que se asoman los rostros de algunos de los candidatos a presidente. «Podemos trabajar, tenemos fuerza, pero con las manos vacías, sin ayuda, somos como fantasmas». Gregory recela hasta de los periodistas: «Ni siquiera creo que esta entrevista vaya a servir para algo».

«Sorprende la paciencia de toda esta gente después de todo lo que se les ha prometido», reconoce Francisco Otero, jefe de la misión española de Médicos Sin Fronteras en Haití. «Hubo países que prometieron mucho dinero» y doce meses después «no hay casi ninguna perspectiva para la población que vive en los campamentos». Asomado a la terraza de su despacho, Otero señala una de las colinas alrededor de Puerto Príncipe, en la que nace un nuevo campamento informal: «Cada día se instalan allí tiendas nuevas», Ese es el futuro.