Exculpada 146 años después

Ahorcada por el asesinato de Lincoln Una película de Robert Redford reabre el caso de Mary Surratt y cuestiona las pruebas que la señalaban como una de las participantes en la conspiración

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Por EMILI J. BLASCO Corresponsal en Washington

El día que la ahorcaron, en medio de un calor achicharrante, a Mary Surratt —la primera mujer ejecutada por el Gobierno federal de Estados Unidos— tuvieron que conducirla al cadalso bajo un paraguas negro, para protegerla del justiciero sol de mediodía. También de las miradas inmisericordes del centenar de personas que pagaron para verla colgando de la soga, junto a los otros tres condenados por el asesinato del presidente Abraham Lincoln.

Siglo y medio después, hoy los estadounidenses pagan por verla convertida en una heroína. «The Conspirator», la última película dirigida por Robert Redford, rescata a Mary Surratt del olvido y la enaltece como víctima de la razón de Estado. La película llega cuando Estados Unidos recuerda el 150 aniversario del comienzo de la Guerra de Secesión.

Pero la revisión de la figura de Surratt —viuda de 42 años, católica y esclavista— llega sobre todo en un contexto clave: la guerra contra el terror —la suspensión del habeas corpus en tiempos de guerra— y los tribunales militares de Guantánamo. Surratt pagó el castigo ejemplar que necesitaba el Gobierno, en un probable exceso de la jurisdicción militar.

En la noche del 15 de abril de 1865, el Gobierno de Estados Unidos tenía que haber quedado descabezado. John Booth iba a matar al presidente Lincoln; George Atzerodt debía terminar con la vida del vicepresidente, y Lewis Powell tenía asignada la muerte del secretario de Estado. El objetivo era provocar un vacío de poder que permitiera reavivar la Confederación de los estados sureños. Ya un mes antes esa misma partida de hombres, junto con John Surratt, hijo de Mary, habían intentado secuestrar a Lincoln. En el nuevo intento fallaron Atzerodt y Powell, pero Booth causó la muerte del presidente durante una representación teatral. Dado a la fuga varios días, a Booth le mataron los soldados cuando se hizo fuerte en un cobertizo con otro cómplice, David Herold.

Simpatías por la causa sureña

¿Estaba al tanto Mary Surratt de la conspiración? ¿Había participado en ella? Sus simpatías por la causa confederada eran evidentes. Criada en Virginia, se casó a los 16 años con un granjero del sur de Maryland, Estado que al comienzo de la Guerra Civil basculó en sus obediencias pero que por su vecindad a Washington fue retenido por la Unión. Como la pequeña plantación de tabaco, cultivada con ayuda de algunos esclavos, no daba suficiente para vivir, los Surratt regentaron una oficina de correos y una taberna, que durante el conflicto armado sirvieron para algunas actividades clandestinas.

Viuda desde agosto de 1862, sin recursos y muchas deudas, Surratt se trasladó con sus hijos a Washington, donde abrió como pensión parte de la vivienda. John Surratt atrajo a la pensión a sus amigos y allí conspiraron. ¿Estaba la patrona al tanto de lo que allí se discutía? «Ni siquiera hoy lo sabemos», asegura James Solomon, guionista de «The Conspirator». En su opinión, no hay duda de que el secretario de la Guerra, Edwin Stanton, que se encargó de la investigación, la consideraba plenamente culpable, mientras que su abogado defensor estuvo convencido de su inocencia. «Quizás la verdad está en algún punto medio; probablemente la ambigüedad sea lo más verdadero», añade.

Testimonios forzados

A Mary la detuvieron dos días después del atentado. Cuando los agentes estaban interrogándola en su casa, se presentó uno de los conspiradores, Lewis Powell, sin saber que la Policía estaba allí. Era evidente que estaba familiarizado con el lugar, pero Mary negó conocerle. Otro dato aún más incriminatorio es el viaje que Mary había hecho a su taberna de Maryland el mismo día del asesinato de Lincoln. Aseguró que había ido a cobrar el alquiler que le debía el tabernero, pero tanto éste como quien le acompañó —un amigo de su hijo, hospedado en la pensión— aseguraron que había llevado armas. Son testimonios que pudieron ser forzados por el Gobierno, pero es que por esa taberna pasó Booth en su primera noche de fuga tras disparar contra Lincoln.

A Mary no se le ahorró severidad en la detención, a pesar de ser mujer. Pasó el tiempo con grilletes en las muñecas y la cabeza entre unos paneles de tela para evitar un intento de suicidio. Cuando fue condenada a muerte, el tribunal militar recomendó conmutar esa pena por la de cadena perpetua. El presidente Johnson aseguró no haber visto esa sugerencia de clemencia. Fue ejecutada el 7 de julio de 1865, junto con Powell, Atzerodt y Herold.

Cuando la sed de justicia por el magnicidio estuvo colmada, a Mary Surratt se la comenzó a ver con ojos más amables. La sensación de que el tribunal militar quizás había ido demasiado lejos significó la salvación para su hijo. John Surratt, que había dejado el país días antes del atentado contra Lincoln, fue capturado año y medio después y llevado ante los tribunales. Fue puesto en libertad por falta de pruebas.