Mubarak pide al nuevo gobierno que promueva la democracia

La población teme el aplastamiento por la fuerza de la revuelta. Pero El Baradei asegura que se negociará un «gobierno de transición» con los militares

EL CAIRO Actualizado:

Acorralado por la presión internacional y después de seis días de revueltas, el presidente egipcio, Hosni Mubarak, dio anoche instrucciones a su nuevo primer ministro, Ahmed Shafik, para promover la democracia a través del diálogo con la oposición y restaurar la confianza en la economía, en un discurso por televisión. Después de seis días de violencia, el rais egipcio dijo que la prioridad de Shafik será la reducción del paro y la creación de empleo. «En primer lugar, hago hincapié en la urgencia de adoptar nuevas medidas, más reformas políticas, constitucionales y legislativas a través del diálogo».

Hosni Mubarak sacó ayer los aviones de combate para sobrevolar al filo de las cuatro de la tarde la plaza cairota de Tahrir, donde una multitud de 10.000 personas desafiaba el toque de queda para rehacer el domingo las manifestaciones en un pulso contra su presidente que, por momentos, cobró tintes furibundos. Los cazas irrumpieron como un trueno poco después de que el rais se dejara ver en todas las televisiones visitando el Cuartel General de su Ejército en amigable abrazo con los generales. «Nos está diciendo que puede bombardear al pueblo cuando quiera, ¿es eso?», se preguntaba en comunicación con este diario Z., una bloguera y activista perseguida por el régimen, que se mostraba abatida por los mensajes de intimidación y clamaba: «Necesitamos que el mundo nos ayude».

Los helicópteros de la Fuerza Aérea describieron círculos obsesivos sobre la capital durante todo el día. En otra foto para la advertencia, el ministro de Defensa, Mohamed Said Tantawi, apareció dando confianza y apretones de manos a las tropas que protegen la televisión estatal, como si esperara de ellos la gloria en una misión grave. Los tanques —que ya no eran tan aclamados como el sábado— siguen protegiendo los centros de poder. La cadena de televisión Al Yasira había sido cerrada por la mañana.

¿Fuego contra la población?

La «secreta» evacuó varias estaciones satélite para impedir que algunas televisiones internacionales emitieran imágenes al exterior. Internet y todo su potencial para contar al mundo lo que está pasando llevan apagados desde el viernes. «Algo que se está cocinando. Estamos viendo los elementos suficientes para pensar que en cualquier momento pueden abrir fuego contra la población», afirmaba a ABC el doctor Diaa Rashwan, jefe de la Unidad de Sistemas Políticos del Centro de Estudios Estratégicos Al Ahram.

Cuando la presión era más evidente, el premio Nobel de la Paz, Mohammed al Baradei, apareció en la Plaza de Tahrir tras haber pasado bajo arresto domiciliario desde el jueves, fecha de su llegada al país. El que fuera jefe de la Agencia Mundial de la Energía Atómica era designado ayer por diversos grupos de la oposición para organizar un «gobierno de transición». «Lo que hemos empezado no tiene vuelta atrás, el cambio va a llegar en los próximos días. Mubarak debe irse ya», fueron las palabras de Al Baradei, a quien, no obstante, el pueblo no reconoce ni como portavoz ni como líder. Aunque su bajada al terreno podría empezar a granjearle las simpatías que por ahora no concita.

La última consigna difundida de boca a boca dice que los manifestantes tratarán hoy de concentrarse frente al Palacio Presidencial, la llamada «casa Blanca», en el barrio de Heliópolis, que es la residencia oficial que Mubarak utiliza cuando ocasionalmente abandona las costas de Sharm El-Sheij, en el Mar Rojo.

Pero las fuerzas para seguir secundando las movilizaciones flaqueaban ayer en algunos vecindarios de la capital, donde se están viendo obligados a formar «patrullas cívicas» para bregar por las noches con un pillaje galopante. La Policía está desaparecida, aunque anoche recibió la orden de volver a desplegarse en El Cairo. Durante su ausencia la ciudad conoció escenas de caos y saqueos. Pero está por ver cuál será la reacción de los manifestantes, que mantienen unas relaciones cordiales con el Ejército, pero no con la Policía, ejecutora de una dura represión durante los primeros días de las revueltas.

«Estamos exhaustos, así es muy difícil seguir», confesaba el propietario de una zapatería en la calle Shihab, arteria comercial del acomodado sector de Mohandesin, donde viven muchos de los artistas, profesionales liberales e intelectuales más comprometidos en este gran asalto popular al poder. A su lado, una cuadrilla de albañiles levantaba un muro de ladrillo para proteger el escaparate de un restaurante. Alejado diez metros, un tipo vestido con un rocambolesco «uniforme de cazar patos» custodiaba, rifle y ristra de cartuchos al hombro, una galería de lujo. «Tengo licencia de armas, y el propietario de esto es amigo mío... hay mucha gente pobre y desesperada en este país y hemos decidido que hay que montar guardia para que no nos roben».

Pero la teoría de la calle es que el saqueo de la ciudad se está promoviendo desde el propio Ministerio del Interior —«el miedo y la tortura», resumen— con el fin de sembrar la confusión y acabar abortando el movimiento ciudadano. «Conspiración del Ministerio del Interior para llevar al caos la revolución», titulaba el principal diario independiente egipcio, «Al-Masry Al-Youm», donde ayer podía leerse que fueron los propios policías los que este fin de semana empezaron a incendiar las comisarías en diversos puntos del país.

«Están esperando a que nos cansemos defendiendo nuestras casas para que así dejemos de defender Egipto», constataba una bloguera. «Son ellos, la propia gente de la Seguridad, no cabe duda, y gente pagada por Habib Al Adli (el ministro del Interior), y lo que quieren es dividirnos, agotarnos, echarnos la culpa y que esto se convierta en una locura para empezar a detenernos otra vez y vaciar las protestas», porfiaba en el humilde distrito de Zeitun Neema Selem, ama de casa. Para el imaginario popular, la salida entre el sábado y el domingo de miles de prisioneros de las cárceles cariotas demuestra que hay una intención de que «los delincuentes comunes y los ladronzuelos se muevan» para desestabilizar todo lo posible.

Discurso, hoy, del «premier»

Allí en Zeitun está cundiendo la sensación de que lo más difícil está por llegar. Hay calles barricadas con coches, escombros y bidones. La gente se agolpaba por la mañana frente a una armería para comprar pistolas y munición de fogueo con la que espantar a los cacos. Ha empezado a escasear la comida en los supermercados, donde ayer no había arroz, ni queso, apenas fruta y el pollo —ilustraba Neema— «ha subido de 17 libras a 30 de un día para otro».

La cadena Al Arabiya anunció a última hora de la noche que el recién nombrado primer ministro, Ahmed Safiq, se dirigirá hoy a la nación en un discurso «con sugerencias de Mubarak al pueblo». En la plaza de Tahrir, los gritos de «Alshab, yourid, esqat al raeis» (La gente quiere que el presidente se vaya) respondían que no están para promesas.