Dos mujeres coptas tocaban ayer una imagen en la iglesia de Alejandría con huellas del atentado - AFP

Egipto investiga la pista de Al Qaida de Irak en el ataque a la iglesia copta

Primeras detenciones en Alejandría de islamistas sospechosos del atentado tras la Misa de Año NuevoCentenares de fieles rezaron ayer en el templo donde murieron 21 cristianos

CORRESPONSAL EN JERUSALÉN Actualizado:

Egipto superó ayer las primeras horas posteriores al atentado de Nochevieja que dejó 21 muertos y 80 heridos en Alejandría, entre confusas noticias sobre el arresto de sospechosos y el fantasma de una explosión sectaria entre cristianos y musulmanes, que el Gobierno de Hosni Mubarak seguía intentando contener apuntando al terrorismo extranjero como autor del ataque .

Según el diario Al-Masri Al-Youm de El Cairo, los Servicios de Inteligencia locales habrían constatado ya que la operación fue obra de «elementos exteriores» que se infiltraron «con la asistencia de ciertos egipcios» y que la bomba se manufacturó dentro del país. Sólo el Gobernador de Alejandría, Abdel Labib, mencionó vinculaciones con Al Qaida.

La noticia de que la policía había practicado al menos 20 arrestos se conocía, a la misma hora en que centenares de cristianos se congregaban en una misa en la iglesia de al-Quiddisine (de Los Santos) reventada pasada la medianoche del 31 de diciembre, y en cuyos suelos y paredes todavía permanecían los rastros de sangre. Custodiados esta vez por numerosas patrullas respaldadas por coches blindados, los cristianos volvieron a expresar su indignación acusando al Gobierno de no hacer lo suficiente para garantizar la seguridad de su comunidad y su libertad de culto, mientras que algunos manifestaron la impotencia entre gritos de dolor y llantos de histeria.

Protestas en El Cairo

«Si hace un mes o mes y medio recibimos las amenazas de Al Qaida, ¿por qué el Gobierno ha tenido que esperar a que ocurriera este desastre para protegernos?», clamaba en declaraciones a Reuters Nder Shenouda, recordando las advertencias que el grupo yihadista «Estado Islámico de Irak» (ISI, en sus siglas en inglés), lanzó el 1 de noviembre contra los coptos egipcios. «Pasamos cada fiesta presos del padecimiento», se lamentaba Sohair Fawzy, que perdió en el ataque a dos hermanas y una nieta.

Las protestas se multiplicaron también por los barrios de Bulaq y Manshiyet Nasr en El Cairo, y la policía tuvo que intervenir en el distrito de Abbasiyeh para evitar que los coptos apedrearan el coche en el que viajaba Ahmed al Tayeb, el gran jeque de Al Azhar, la más prestigiosa escuela del sunismo.

La cadena qatarí Al Yasira se hacía eco de esas primeras detenciones, mientras que otras fuentes señalaban que 10 de los 17 arrestados fueron puestos en libertad tras un corto interrogatorio, y que proseguían las investigaciones.

Funcionarios anónimos citados por France Press dijeron que se está examinando la lista de los pasajeros que han llegado recientemente al país desde Irak y que las pesquisas se centran en «un grupo local de extremistas islámicos que se inspiran en Al Qaida», aunque no tendrían vínculo directo con tal organización.

Sin que se hayan desvelado más detalles, la prensa local era el domingo la más pesimista en cuanto a la posibilidad de que se produzca un agravamiento de las tensiones religiosas internas. «Alguien quiere ver explotar al país» —afirmaba el diario oficialista Rose al-Yusef— «y provocar una guerra civil». En la misma línea, el rotativo independiente Al Choruk vaticinaba que Egipto se puede ver sumergido rápidamente en un conflicto de ese tipo y similar al que estalló en el Líbano en abril de 1975. «No será posible contener el impacto de este acto criminal sino haciéndole frente de manera franca, sin meter la cabeza en la arena», advertía el Al-Masri Al-Youm.

A los llamamientos a la «unidad nacional» emitidos por Mubarak el sábado para tratar de frenar la fractura se sumaban ayer los del jeque Ahmed al Tayeb. «Los enemigos del islam y de los egipcios quieren empujar al país a una guerra sectaria —dijo en rueda de prensa—, la unidad entre la cruz y la media luna se necesita ahora más que nunca». El Consejo Mundial de Iglesias (CMI) pidió a Mubarak que garanticen la seguridad y los derechos religiosos de los devotos de todas las religiones.

Miedo a Bin Laden

Pero el nerviosismo está trascendiendo ya el ámbito estrictamente religioso para afectar también a las relaciones políticas. Los Hermanos Musulmanes —principal grupo de oposición, aunque borrado del Parlamento en las oscuras elecciones de hace un mes—, salían ayer a defenderse de las voces leales al Gobierno que les apuntan como responsables de haber espoleado los sentimientos anti-coptos desbordados en Alejandría, uno de sus principales feudos.

Hasta la fecha, el Gobierno de Egipto ha insistido vehementemente en que no hay en el país signo alguno de una red organizada perteneciente o vinculada a Al Qaida, cuyo número dos, Ayman Al-Zawahiri, es egipcio.

El miedo a la presencia de estructuras terroristas de este tipo en Egipto es extremo, habida cuenta de que la frágil economía nacional depende del turismo y de que atentados como el de Sharm el Sheij en 2005 y de Dahab en 2006 provocaron en 24 horas caídas en el EGX30 de El Cairo de un 3 y un 1,6 por ciento respectivamente.