El director del Banco Central denuncia la cleptocracia afgana
Abdul Qdir Fitrat, gobernador del Banco Central de Afganistán - EFE

El director del Banco Central denuncia la cleptocracia afgana

Huye a EE.UU. al temer por su vida, en un escándalo que salpica a Karzai y familia

MIKEL AYESTARÁN
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Adbul Qadir Fitrat, gobernador del Banco Central de Kabul, se encuentra en Washington, a miles de kilómetros de su Afganistán natal a donde no tiene intención de volver por motivos de seguridad. Qadir, que de momento no ha pedido asilo en EE.UU., presentó la dimisión de su cargo en suelo americano, no en Kabul, «porque mi vida estaba en peligro desde que expuse ante el Parlamento la situación del Kabul Bank y los nombres de los responsables de su crisis». Familiares del presidente, Hamid Karzai y del vicepresidente del país Qasim Faim figuran en la lista de personas que se beneficiaron de forma ilícita de créditos del Banco, máximo ejemplo del sistema corrupto instaurado en Afganistán: lo que algunos expertos ya califican de «cleptocracia en la que se favorece el enriquecimiento crónico de la élite en el poder. El escándalo salpica al mismísimo presidente Hamid Karzai que podría haber recibido cuatro millones de dólares del banco para financiar su campaña electoral en 2009.

Fitrat es la última víctima del Kabul Bank, o el primer gran cargo afgano que pone pies en polvorosa tras conocer la noticia de la retirada de las fuerzas extranjeras del país. Desde Kabul, la oficina presidencial emitió un comunicado asegurando que el ex director se encuentra «bajo investigación judicial por malversación de fondos y por haber ocultado la crisis del Kabul Bank», así que su nombre tampoco parece librarse de la millonaria sombra de corrupción que afecta al sistema bancario afgano. Una sombra en la que se encuentran el hermano mayor del presidente, Mahmoud Karzai, el hermano del actual vicepresidente, Haseen Fahim, o Ahmed Zia Masoud, hermano del héroe nacional Ahmed Sha Masoud.

«El sistema bancario, como la democracia, son ajenos a la sociedad afgana y por tanto el fracaso de ambos era algo previsible, estamos recogiendo lo que hemos sembrado», asegura un diplomático de un organismo europeo consultado en Kabul. Menos del cinco por ciento de los afganos tienen una cuenta en un banco, pero el Kabul Bank se había convertido desde su apertura en 2004 en la entidad más famosa, gracias sobre todo a sus concursos y al patrocinio del principal club de fútbol de la capital, para el que llegó a fichar a varios jugadores rusos. En su quinto aniversario llegó a alquilar un enorme salón de bodas en la capital para sortear nueve pisos entre sus más de un millón de clientes... Una historia que confirma la apodíctica sentencia dictada por analistas del International Crisis Group sobre Afganistán como «reino de la cleptocracia» asociada a la élite gobernante.