Cerco talibán al poder afgano
Soldados de la OTAN tras la operación contra los talibanes que atacaron al Intercontinental de Kabul - AFP

Cerco talibán al poder afgano

Ante la próxima retirada de la OTAN, los talibanes salen de su refugio y dan a entender que ellos serán los vencedores

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«El ataque de la insurgencia no puede detener nuestro proceso de traspaso de la seguridad». Hamid Karzai sigue las instrucciones de quienes le pusieron al frente de Afganistán tras la invasión de 2001 y, después del ataque contra el Intercontinental de Kabul, zanjó sin discusión cualquier tipo de debate sobre la retirada de las fuerzas extranjeras. Una semana después del anuncio efectuado por Barack Obama, la insurgencia logró golpear en Kabul confirmando los temores provocados por una campaña de primavera que confirma que los insurgentes han salido de sus tradicionales refugios del sur para hacerse también con el control en la sombra de las provincias que rodean la capital.

Tras diez años de guerra, la comunidad internacional ve ahora en el diálogo con el enemigo la única solución posible a la crisis y, por fin, empieza a distinguir entre lo que hasta ahora era unificado bajo el nombre genérico de «insurgencia». Tres grandes grupos emergen como poderes en la sombra en buena parte del país. Grupos dispuestos a despedir al enemigo común matando hasta el final. Junto a los talibanes tradicionales, seguidores del mulá Omar y fieles a la shura (consejo) de Quetta, los grupos de antiguos comandantes de la yihad como Jalaludin Haqqani y Gulbudyn Hekmatyar están inmersos en una lucha por ganar terreno ante la progresiva retirada extranjera y, según diferentes análisis consultados, abren las puertas a una próxima guerra civil en el país tras la salida de las fuerzas internacionales, su mayor nexo de unión. A ellos habría que sumar las nuevas generaciones de comandantes alejados de los valores de la guerra santa de los ochenta y más próximos al bandidaje que impera en las zonas rurales.

La oligarquía criminal

La ONG International Crisis Group (ICG) va más allá en su último informe sobre la situación y apunta a «una economía dominada cada vez en mayor parte por una oligarquía criminal de hombres de negocios con importantes conexiones

políticas», como uno de los factores que explicaría el incremento de la inestabilidad en los últimos meses. «El nexo entre redes criminales, grupos insurgentes y la élite política corrupta» es decisiva para el declive en la seguridad, según ICG, que pone sobre la mesa de esta manera las dobles agendas que manejan algunas de las figuras políticas que rigen el país desde 2001 y que —como se ha podido ver con el reciente escándalo del Kabul Bank en el que hay implicados familiares del presidente Karzai o del vicepresidente Fahim—, se aprovechan de forma ilícita de los millones de dólares que recibe Afganistán.