Más de 40 candidatos asesinados en las elecciones locales de Colombia

Más de 40 candidatos asesinados en las elecciones locales de Colombia

Un antiguo guerrillero rehabilitado del M-19 conquista, según el escrutinio inicial, la poderosa alcaldía de BogotaEl ex presidente Uribe utiliza los comicios para mantener un soterrado pulso con su sucesor, Juan M. Santos

ALEJANDRA DE VENGOECHEA
CORRESPONSAL EN BOGOTÁ Actualizado:

Hasta estas elecciones los colombianos se sentían en un país más bien seguro. Pensaban que, al haber arrinconado a las guerrillas de izquierda y desmovilizado a cerca de 20.000 paramilitares de extrema derecha, el ex presidente Álvaro Uribe (2002-2010) les había devuelto algo de sosiego.

Pero en vísperas de las elecciones, la ONG Misión de Observación Electoral (MOE) no dudó en calificar estas elecciones como las más violentas de la última década. Hasta ahora, 41 candidatos han sido asesinados durante la campaña, lo que significa un aumento del 52% con respecto a las elecciones de 2007. Slo la semana pasada, el aumento de los ataques de las FARC dejó 21 muertos entre policías y soldados. «Más o menos uno de cada tres municipios tiene riesgo electoral», explicó Alejandra Barrios, directora de MOE, tras agregar que, aparte de los 41 muertos, ha habido 88 candidatos amenazados, 23 atentados y 8 secuestros.

Aunque hay unos 360.000 soldados y policías vigilando estas elecciones, la violencia es un recordatorio de que Colombia todavía tiene que superar su pasado sangriento. Este país ha tenido muchas riquezas, aunque algunas han sido contraproducentes. Ha sido uno de los mayores productores de drogas —marihuana en los setenta, coca a partir de los ochenta, opio, cada vez más «in crescendo»— y ahora pasa por un «boom» petrolero y minero sin igual. Pero la violencia parece endémica.

Para el presidente Juan Manuel Santos estas elecciones son cruciales. Heredero natural de la política de Uribe, se propuso evitar la injerencia de la guerrilla izquierdista y de las bandas criminales que quieren controlar los millonarios recursos de la explotación petrolera y minera respaldando o amenazando a candidatos. Los alcaldes y gobernadores que resulten electos, en su mayoría miembros de partidos de la coalición que apoya a Santos, serán los encargados de hacer cumplir leyes como la de distribución de regalías petroleras y mineras, la indemnización a víctimas del conflicto interno armado y la restitución de sus tierras. El presidente ha hecho énfasis en la lucha contra la corrupción. «Depende de ustedes, de los votantes, escoger a las personas más honestas, las más capaces, las más transparentes, para que manejen esos recursos con pulcritud y eficiencia», subrayó.

Santos se la juega

«El presidente se juega su popularidad en estos comicios. Se verá comprometida si no logra desmontar en las regiones los poderes fácticos asociados al delito», opina el politólogo Rubén Sánchez, catedrático en la Universidad del Rosario.

Pero, al menos en la alcaldía de Bogotá —el segundo cargo más importante del país, después de la presidencia— los votos se orientan hacia opciones «antistablishment». Al cierre de esta edición, el escrutinio de la mitad de las papeletas emitidas reflejaba la victoria, con más del 30% de los votos, del ex guerrillero rehabilitado Gustavo Petro. Sondeos realizados por el diario «El Tiempo» situaban a Gina Parody —apoyada por el ex candidato presidencial del Partido Verde, Antanas Mockus— con el 19,8% de intención de voto, mientras que Enrique Peñalosa, respaldado por Álvaro Uribe, lograría el 18,4%. Petro formó parte hasta hace poco del izquierdista Polo Democrático Alternativo, pero abandonó esta formación tras denunciar la corrupción interna. Peñalosa fue el primero en felicitar a Gustavo Petro.

Por otro lado, en estas elecciones hay también un soterrado pulso entre Santos y Uribe. Santos ha aprobado decisivas reformas económicas y políticas. Redistribuyó las regalías del petróleo, impulsó una ley que indemniza a las víctimas del conflicto y les restituyó sus tierras. A todas estas reformas se opuso Uribe.

Uribe, un presidente que salió con un 70% de popularidad tras ocho años de gobierno, no abandona la pasión política. Tras un año de silencio, volvió a la arena pública para promover a algunos candidatos, incluido el aspirante a la alcaldía de Bogotá, Enrique Peñalosa. «Hay una decadencia de la fuerza de Uribe tras su salida de la presidencia, eso lo ha desesperado mucho y es lo que lo tiene en ese activismo político tan impresionante», señala el analista León Valencia.

Para Valencia, director del centro de pensamiento Corporación Nuevo Arco Iris, en un futuro próximo Uribe podría respaldar a su propios candidato a la presidencia. Estas ambiciones, no obstante, podrían verse entorpecidas si su protegido para la alcaldía de Bogotá no supera el tercer puesto que le dan las encuestas.

Otro importante factor en estas elecciones es la corrupción. La Fundación Arco Iris en colaboración con el Ministerio del Interior identificó a más de 13.000 candidatos «poco idóneos» por sus problemas con la justicia o relaciones con corruptos o grupos ilegales. «Los municipios más vulnerables son los susceptibles de recibir mayores regalías o que están en áreas con mayor auge minero-energético», explicó a ABC Ariel Ávila, coordinador del observatorio del conflicto armado de esta fundación. La Colombia lejana a Bogotá es la que preocupa. «Los actores ilegales se dieron cuenta de que la política local es un negocio grandísimo. A los municipios llegan regalías por petróleo y carbón, una fuente de recursos impresionante. El botín es más grande ahora porque el país es más rico», asegura Ávila.