Breivik quería provocar una guerra de la cristiandad contra el islam
Anders Breivik tal y como aparece en el manifiesto publicado el día de la matanza - ABC

Breivik quería provocar una guerra de la cristiandad contra el islam

«Una vez que decides golpear, es mejor matar a cuantos más mejor o corres el riesgo de reducir el impacto ideológico del golpe», escribió

ENVIADO ESPECIAL A OSLO Actualizado:

Anders Breivik, el asesino confeso de casi un centenar de personas, asegura que siempre actuó solo, pero ha pedido una audiencia pública este lunes para poder explicar sus teorías según las cuales este acto «atroz» era a su juicio «necesario» para desencadenar una reacción europea contra los musulmanes. Ha dejado escrito un manifiesto de más de mil páginas que termina unas horas antes de que estallase el coche-bomba contra el edificio de las oficinas del primer ministro y en el que detalla con trazo grueso sus delirantes teorías. No faltan referencias a todos los países europeos —incluyendo a España— y las críticas a los dirigentes que considera que están traicionando la identidad europea y que han abierto la puerta a una colonización musulmana del continente. Según Breivik, en 2083 culminará su proyecto con una serie de golpes de Estado en todo el continente.

Su abogado ha explicado que «quería producir un cambio en la sociedad y para ello cree que era necesario hacerlo a través de una revolución». En la pacífica Noruega lo que ha provocado es un trauma inmenso del que este país tardará en recuperarse. «Sabemos casi todo lo que ha pasado, lo que no sabemos es el por qué», afirma Ole, un técnico que trabaja en una naviera a punto de jubilarse, y que vino a depositar unas flores en la plaza de la Catedral del Salvador. «Un hombre solo, un único loco. No hay nada más». El asesino creía, sin embargo, que matando a sangre fría a más de noventa jóvenes militantes del Partido Laborista, que es el que ha monopolizado la escena política noruega desde la II Guerra Mundial, desencadenaría unarevolución en toda Europa.

Noruega ha abierto sus fronteras en los últimos años a inmigrantes procedentes de Pakistán, Somalia o Eritrea, que son visibles en las calles de Oslo, y que han sido mejor integrados que en otros lugares precisamente porque Noruega es un país muy rico. Durante siete años, Breivik ha ido redactando su manifiesto -hasta 1500 páginas- recopilando datos de la actualidad, perointerpretándolos bajo el matiz de sus pensamientos: «Nosotros, los pueblos indígenas de Europa, declaramos la guerra preventiva contra las élites del marxismomulticulturalista de Occidente. Sabemos dónde estáis e iremos a por vosotros. Ha empezado el proceso de señalar a todos y cada uno de los traidores multiculturalistas. Seréis castigados por vuestra traición a Europa y los europeos». «Una vez que decides golpear, es mejor matar a cuantos más mejor o corres el riesgo de reducir el impacto ideológico del golpe», escribe al estilo de Bin Laden.

Llama la atención el detalle con el que ha estructurado sus críticas a dirigentes políticos y organizaciones de toda Europa. Al presidente del Gobierno español, Rodríguez Zapatero, le llama «comadreja apaciguada» y le acusa de «haber llegado al poder gracias a Al Qaida» y de «haber rendido el país a la inmigración masiva». La lista de los que considera «enemigos» no incluye a los terroristas de ETA, porque da por hecho que están defendiendo las esencias de su pueblo.

Las policías de toda Europa han empezado a rastrear los posibles participantes de una reunión de la que habla Breivik y que tuvo lugar en Londres en abril de 2002 para celebrar la «refundación» de una versión moderna de los «Caballeros templarios» de la que según parece debía salir el núcleo de salvadores de Europa. Ninguno de sus vecinos del barrio de las afueras de Oslo donde vivía sospechó nunca que este blanco ordenado y cuidadoso con su apariencia estaba preparando concienzudamente el mayor crimen de la historia de Noruega.

Ni siquiera prestaban atención los que vieron publicado su manifiesto en internet o un vídeo con el mismo título en el que aparece portando armas con expresión explícita del carácter de sus intenciones. Ni las últimas páginas en las que describe detalladamente su vida social y anuncia en la que cree que será su última entrada que se dispone a tener relaciones sexuales con prostitutas antes de entrar en acción.