Un tribunal de Israel niega haber condenado a muerte a un perro

Una noticia extendida por internet afirmó que un rabino había condenado a la lapidación a un cánido por considerarlo la reencarnación de un abogado ateo

MIGUEL MUÑOZ
MADRID Actualizado:

A principios de junio, la tragedia de un cánido condenado a muerte en Israel, cuyo único crimen fue ir a olisquear en el lugar equivocado, sobrecogió a la red. Algunos medios recogieron la noticia de que un tribunal ultraortodoxo habría sentenciado a morir lapidada a una indefensa perra por considerarla «la reencarnación de un abogado ateo que insultó al tribunal veinte años atrás».

Los dos principales periódicos israelíes —«Yedioth Aharonoth» y «Maariv»— recogieron la noticia: un perro de gran tamaño entró el pasado 3 de junio en el tribunal rabínico de asuntos monetarios del barrio ultraortodoxo de Mea Shearim, en Jerusalén. A los presentes les asustó la resistencia del animal a abandonar el edificio, pese a que intentaron echarlo. Fue entonces cuando uno de los jueces recordó que, 20 años antes, un abogado ateo había insultado a ese mismo tribunal, amenazándoles con que su alma se reencarnaría en la de un perro —símbolo de impureza para los judíos ultraortodoxos— y les perseguiría.

Como el abogado ya había muerto, los rabinos consideraron que ese perro entró al tribunal para cumplir la amenaza. De modo que un juez condenó al perro a morir lapidado, y escogió a varios niños del vecindario para que ejecutaran la sentencia. La historia terminaba con una heroica huida —no trascendieron los detalles— de la condenada.

El tribunal implicado, más allá de un escueto desmentido de su presidente, Don Levin, no dio demasiada importancia a la noticia en su momento. Pero el pasado sábado, varias agencias internacionales la recogieron, medios de todos el mundo comenzaron a darle difusión, e incluso PETA -la principal asociación estadounidense a favor de los derechos de los animales- lanzó una condena oficial. Finalmente, la corte lanzó un comunicado oficial el martes, según el cual «no hay ninguna base para lapidar a perros o a cualquier otro animal en la religión judía».

Su versión de los hechos es la siguiente: «La perra se sentó en una esquina del tribunal. Había cientos de niños en la sala, que se pusieron muy contentos al verla. Están acostumbrados a ver gatos callejeros, pero muchos no habían visto antes a un perro. Lo único que hicimos fue llamar al servicio municipal para que se la llevaran». Añade, además, que nadie habló de reencanación, ni se mencionó a ningún abogado, y que no hubo lapidación. «Nos preguntamos por qué el que se inventó la historia no la continuó para describir cómo utilizamos la sangre de la perra para cocinarnos un matzah [pan tradicional judío]», dice el tribunal con sorna.