Los yihadistas de Sri Lanka reviven el horror suicida de los Tigres Tamiles

Rodeados por la Policía, seis terroristas se hacen explotar con tres mujeres y seis niños, que serían sus familiares

Enviado especial a Colombo Actualizado: Guardar
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Llevando su locura hasta el final, los yihadistas de Sri Lanka están dispuestos a morir matando, incluso a sus propias esposas e hijos si no pueden llevarse por delante a nadie más. Cercados por la Policía en un escondrijo de la costa oriental, cerca de la ciudad de Kalmunai, seis terroristas del grupo que atentó hace una semana contra iglesias y hoteles de lujo se enfrentaron a tiros y bombazos cuando iban a ser detenidos el viernes por la noche. Tras un tiroteo de una hora, en el que tres de ellos fueron abatidos por las Fuerzas Especiales fuera de la casa, los otros tres se hicieron expotar en su interior. Cuando, ya al amanecer, los agentes y soldados entraron en la chamuscada vivienda, les aguardaba el horror. Junto a los cuerpos reventados de los tres kamikazes, encontraron los cadáveres carbonizados de tres mujeres y seis niños, que serían familia de los terroristas. Lo mismo hizo el domingo pasado la esposa embarazada de uno de los terroristas suicidas que atacaron los hoteles de Colombo, quien se hizo estallar junto a sus hijos cuando la Policía se personó en su casa para registarla, matando a tres agentes.

En el asalto del viernes noche, las fuerzas de seguridad no sufrieron ninguna baja, pero sí confirmaron la muerte de un civil alcanzado por el fuego cruzado. Además, la agencia Reuters informó ayer de que había una mujer y una niña heridas. Al parecer, serían la esposa e hija del cabecilla del grupo, el clérigo radical Mohamed Zahran Hashim, quien se inmoló el pasado domingo en el restaurante del hotel Shangri-La de Colombo a la hora del desayuno. Mientras las imágenes emitidas por Reuters muestran a los soldados sacando en brazos a una niña que parece conomocionada, fuentes policiales revelaron a dicha agencia que la esposa de Hashim está grave.

Entre las cenizas y cascotes del enfrentamiento, los agentes encontraron explosivos en abundancia en la vivienda, ubicada al sur de otra ciudad también atacada el Domingo de Resurreción, Batticaloa. En esta zona de población musulmana, que se llama Saindamarud y está a 370 kilómetros al este de Colombo, la Policía registró otra casa donde el grupo terrorista pudo haber grabado el vídeo reivindicando los atentados. Allí se encontraron la bandera del Estado Islámico (Daesh) que aparece de fondo y los uniformes negros que visten los ochos terroristas, así como un dron, 150 cartuchos de explosivos y miles de bolas de acero para cargar de metralla las bombas de sus kamikazes.

Con sus inmolaciones, los yihadistas de Sri Lanka reviven el horror de los Tigres Tamiles, la guerrilla hinduista que luchó tres décadas por su independencia hasta su derrota en 2009. Pioneros de los atentados suicidas, perpetraron 160 ataques de este tipo, que perfeccionaron con chalecos bomba muy sofistificados.

Debido a tan trágicos precedentes, el último enfrentamiento ha vuelvo a disparar la tensión en Sri Lanka, donde hoy se cumple una semana de los salvajes atentados en cadena que dejaron 250 muertos y medio millar de heridos. Bajo la psicosis terrorista, la Iglesia católica ha suspendido todas las misas por seguridad. En su lugar, el arzobispo de Colombo, cardenal Malcom Ranjith, dirá una homolía desde su residencia que será emitida por televisión y en Negombo, donde más de cien personas fueron asesinadas en la iglesia de San Sebastián, se celebrará un acto de recuerdo en la carpa fuera del dañado templo.

Para impedir nuevos ataques, el Ejército ha desplegado a 10.000 soldados por toda la isla, que están buscando a los terroristas huidos con explosivos. Tras la detención de alrededor de un centenar, entre los que hay yihadistas de Siria y Egipto, aún quedan otros cuarenta dispuestos a asestar otro golpe en cuanto puedan. Más de una treintena son ceilaneses que han vuelto de luchar a las órdenes de Daesh en Siria e Irak, adonde empezaron a marcharse jóvenes musulmanes radicalizados a partir de 2013.

Muchos de ellos proceden de esta región del este de Sri Lanka, donde también nació y predicó el clérigo Hashim. En Katanduky, un área pequeña densamente poblada por la comunidad musulmana, hay 63 mezquitas y, según el periódico local «The Daily Mirror», once de ellas predican el fundamentalismo wahabista. Aunque las mezquitas moderadas aseguran haber denunciado a las autoridades los mensajes de odio que pregonaba Hashim, no hicieron nada y este desapareció en marzo de 2017 tras un incidente armado con un grupo sufí contrario a su radicalismo.

Sus compañeros de la Organización Nacional de Monoteísmo (National Thowheeth Jama´ath) reniegan ahora de su violencia, pero el presidente del país, Maithripala Sirisena, prohibió ayer este grupo y otra formación llamada Jamathei Milathu Ibrahim para acabar con el extremismo. En medio de una creciente tensión religiosa, la Policía detuvo ayer a una persona con 40 machetes en una mezquita y a otras tres con granadas y cuchillos. Justo lo que pretendían los terroristas: empezar una guerra de religiones en Sri Lanka.