Soldados israelíes caminan por una calle desierta del asentamiento judío de Neve Dekalim, al sur de Gaza, donde han sido ya evacuados la mayoría de los colonos

EE.UU., la UE y la ANP exigen a Sharón que prosiga en Cisjordania la evacuación de Gaza

La rapidez y facilidad del desalojo de las colonias de Gush Katif, un arma de doble filo para el primer ministro israelí: buena en el plano interno, no tanto en el exterior

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JUAN CIERCO. CORRESPONSAL

JERUSALÉN. «Cuando de lo que se trata es de sanar una enfermedad, no basta con darle al paciente la primera dosis; hay que completar el tratamiento hasta el final». La frase, alusiva a la evacuación judía de Gaza dentro del contexto de la ocupación israelí de los territorios palestinos, no es de un político, ni de un diplomático, ni de un analista internacional. Es de un músico, de un maestro, del pianista y director de orquesta argentino, de origen judío, Daniel Barenboim.

Ésta es una de las conclusiones que gran parte de la comunidad internacional, incluido el principal aliado en el mundo de Israel, Estados Unidos, ha sacado después de ver con qué rapidez, facilidad, sencillez y escasez de violencia y resistencia se ha desarrollado hasta ahora la evacuación de la Franja de Gaza, aplazada ayer 24 horas por la festividad semanal del shabat.

Shaúl Mofaz, ministro israelí de Defensa, pronosticó seis semanas para toda la operación de desalojo. Van a bastar seis días. El éxito de la evacuación de las 21 colonias de Gush Katif y de las cuatro aisladas e insignificantes de Cisjordania, supone un serio espaldarazo para Ariel Sharón en clave interna, más aún teniendo en cuenta la lucha encarnizada que le espera por el liderazgo del Likud y de la derecha hebrea con Benjamín Netanyahu.

Floja respuesta de los colonos

Sin embargo, más allá de las siempre discutidas fronteras israelíes, la situación no parece tan controlada, las perspectivas se antojan más complicadas. «Si evacuar Gaza no ha traído consigo una dura y violenta resistencia por parte de los colonos, no sabemos por qué no se puede exigir ya la retirada de gran parte de Cisjordania», comentaba fuera de micrófono un diplomático occidental acreditado en Tel Aviv.

La propia secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice, se apuntó a este carro para lanzar idéntico mensaje a Ariel Sharón. Tras elogiar «el histórico, valiente y decisivo paso» dado por el primer ministro israelí, Rice puntualizó que «no puede ser Gaza primero y Gaza último», sino que se tiene que ir más allá, hasta Cisjordania.

Como primera medida, Washington exigirá de inmediato a Tel Aviv la evacuación de los mal llamados «asentamientos ilegales», todos lo son según la legislación internacional, levantados en Judea y Samaria desde marzo de 2001.

También la UE -se espera la llegada del jefe de su diplomacia, Javier Solana, para finales de mes, y de los ministros español y francés de Asuntos Exteriores en los primeros días de septiembre-, insistirá en esa necesidad para recuperar con posibilidades de éxito la Hoja de Ruta.

Por supuesto piensan lo mismo los países árabes (Hosni Mubarak acaba de declarar que el único que puede hacer la paz es Sharón, pero que para eso debe proseguir la evacuación de Gaza en Cisjordania) y la Autoridad Nacional Palestina.

La retirada israelí «es vital»

Ayer mismo, su presidente, Mahmud Abbas, exigió el fin de la colonización de Cisjordania y de la judaización de Jerusalén, y consideró vital la retirada del Ejército israelí a las posiciones anteriores a la segunda Intifada, en septiembre de 2000: «De lo contrario, Israel mostrará que no quiere la paz».

Abbas, quien comunicó de manera definitiva la fecha del 25 de enero de 2006 para las elecciones generales que debían haberse celebrado en julio, firmó además el decreto por el que los asentamientos evacuados pasarán a la ANP. No obstante, hasta dentro de un par de meses, los palestinos tendrán vetada su entrada en las colonias desmanteladas. Mucho más largo asoma el plazo en lo que a Cisjordania se refiere. Sharón lo ha dejado claro: «Los bloques de asentamientos en Judea y Samaria no se tocan».