El ministro de Asuntos Exteriores italiano, Angelino Alfano, cree que «el ius soli es una cosa justa, pero hacerlo ahora sería un error»
El ministro de Asuntos Exteriores italiano, Angelino Alfano, cree que «el ius soli es una cosa justa, pero hacerlo ahora sería un error» - REUTERS

El voto alemán entierra en Italia la ley que prevé conceder la nacionalidad a hijos de inmigrantes

Los partidos italianos, ya en campaña electoral, temen la lección alemana y no quieren hacer un regalo a la Liga Norte, aliada a la extrema derecha alemana

CORRESPONSAL EN ROMAActualizado:

El resultado del voto alemán entierra el llamado ius soli, la ley que concede la nacionalidad italiana a los hijos de inmigrantes nacidos en este país. Después de muchos meses de debate parlamentario, el gobierno de Paolo Gentiloni, centro izquierda, tenía previsto que se pudiera aprobar finalmente en las próximas semanas. Ahora el tema se ha cerrado. El pequeño partido centrista Alternativa Populare, que forma parte del gobierno y cuyos votos son decisivos en el Senado, pospone ya el debate para la próxima legislatura. La actual concluye oficialmente en febrero próximo y las elecciones serán en primavera. Pero en Italia se está ya en campaña electoral, y un tema fundamental es la inmigración.

El líder de Alternativa Populare, Angelino Alfano, ministro de Asuntos Exteriores, ha sido claro: «La concesión de la nacionalidad a los hijos de inmigrantes nacidos en Italia, el ius soli, es una cosa justa, pero hacerlo ahora es un error; sería hacerle un favor a la Liga Norte». Precisamente, contra esta ley y contra la inmigración en general hace su campaña electoral Matteo Salvini, líder de la Liga Norte. Salvini ha exultado tras el resultado del voto alemán, porque es aliado de Alternativa para Alemania (AfD), la extrema derecha alemana.

Cambio radical hacia la inmigración

El sentimiento de los italianos hacia la inmigración ha cambiado radicalmente. Hace seis años, el 71 % de los ciudadanos era partidario de conceder la nacionalidad a los hijos de inmigrantes nacidos en Italia. Ese porcentaje se ha dado completamente la vuelta: Hoy la gran mayoría es contraria a esa ley, porque la inmigración suscita temor, según indican todos los sondeos. Si se aprobara la nueva ley de ius soli, los potenciales nuevos ciudadanos italianos serían 600.000, hijos de inmigrantes nacidos en Italia desde el 1998 hasta hoy, y cuyos padres residen en este país desde al menos 5 años. A estos se podrían añadir otros 178.000 por el «ius cultural», otorgado a inmigrantes nacidos en el extranjero, llegados a Italia antes de los 12 años, que hayan completado 5 años de escuela en este país.

La ley prescinde totalmente del contexto cultural familiar o de grupo en que ha crecido el futuro ciudadano italiano. Solamente se exige que uno de los padres tenga un permiso regular de residencia, una renta mínima y que sepa hablar italiano. Obviamente, las preocupaciones de los italianos se centran en una categoría especial de inmigrantes, los de cultura islámica.

Incompatibilidad con el Islam

Giovanni Sartori, uno de los politólogos más estimados y escuchados de Occidente, fallecido en el pasado mes de abril, precisaba a propósito del «ius cultural»: «La idea de conceder la ciudadanía a los extranjeros después de cinco años de escuela es la propuesta más estúpida, superficial y desconcertante que jamás he escuchado. Para ser ciudadano italiano, un inmigrante debería haber rechazado el derecho teocrático o de Alá». Solo así se podría hablar de integración, según explicó el propio Sartori en una entrevista a ABC: «El Islam es incompatible con nuestra cultura. Sus regímenes son teocracias que se fundan en la voluntad de Alá, mientras que en Occidente se fundan en la democracia, en la soberanía popular». No contempla la ley de «ius soli» italiana esa renuncia, por parte del candidato a la nacionalidad italiana, a los vínculos de fidelidad con otras instituciones o Estados. De ahí que la opinión pública muestre hoy con energía su deseo de conservar sus propios valores y estilo de vida, mientras alberga serias dudas sobre la posibilidad de que un joven musulmán que haya vivido en un contexto familiar y religioso muy islamizado, pueda integrarse plenamente en Italia, a su cultura y a sus valores, tras frecuentar, como prevé la ley, un ciclo de instrucción de 5 años en la escuela elemental. Las dudas, al menos, son legítimas.