Una vecina camina entre los coches incendiados tras una noche de violencia en Nantes - Foto: AFP | Vídeo: ATLAS

La violencia en Nantes amenaza con hacer estallar la bomba multicultural de Francia

Temor a un nuevo «verano caliente» tras una noche más de altercados en la ciudad

Corresponsal en ParísActualizado:

Francia teme que Nantes sea un «polvorín» cuya explosión «pegue fuego» a los suburbios de París y otras grandes ciudades, donde los guetos multiculturales son un campo de minas que puede estallar en cualquier momento. Noche tras noche, desde el martes pasado, los barrios de Breil, Bottière, Bout de Pavés, Bellevue y Dervallières, en la periferia suburbana de Nantes, son víctimas del mismo escenario inflamable: cuando cae la noche, bandas de adolescentes y jóvenes atacan a pedradas edificios públicos, coches y comercios, que son apedreados o incendiados. Gendarmes y agentes antidisturbios responden rápida y expeditivamente, neutralizando los estallidos de violencia, que vuelven a repetirse en otro barrio, horas más tarde.

Anoche se repitió el ritual: al menos 35 coches ardieron en diferentes barrios de la ciudad, en la que es ya la cuarta noche de disturbios en la ciudad, en los que la Policía empleó granadas lacrimógenas contra jóvenes que les lanzaban cócteles molotov.

La instrucción del caso de Aboubacar Fofana (22 años), muerto a tiros de un gendarme cuando intentaba rehuir un control policial la noche del martes, añade confusión e incertidumbre.El CRS (miembro de las Compañías Republicanas de Seguridad, antidisturbios) que pegó un tiro al joven de origen magrebí, fichado por la policía, comenzó dando una versión que él mismo ha desmentido días más tarde. Según su primer relato, el autor del disparo mortal habría actuado «en defensa propia» y Fofana habría intentado darse a la fuga antes de atropellar a los CRS que deseaban interrogarlo, con una maniobra «muy brusca» de su coche. En la segunda versión, el joven magrebí habría sido víctima de un «disparo accidental». Según su abogado, el CRS habría reconocido ante el juez instructor que la primera era falsa.

Alta tensión

Los vecinos del barrio donde murió el joven rebaten ambas versiones, denunciando un comportamiento racista del grupo de antidisturbios que deseaba interrogar a Fofana.

Mientras el juez instructor prosigue su trabajo en un clima de tensión emocional muy alta, las filtraciones oficiales solo contribuyen a enrarecer un clima de diaria violencia nocturna. La familia de Aboubacar Fofana organizó el jueves una marcha ciudadana en la que participaron entre 1.000 y 2.000 personas, pidiendo «justicia» a gritos.

Las peticiones de «calma» de familia, autoridades locales, partidos políticos y sindicatos no han conseguido evitar la prolongación indefinida de tensiones y violencias sistemáticas, de intensidad variable, tan incontrolables como imprevisibles.

La información permanente en radio, televisión y redes sociales atiza un clima «ansiógeno» que culmina cada noche, desde el martes, con un rosario de incendios y violencias que pueden percibirse como un incendio mal sofocado.

En Nantes, como en la periferia de París, las bandas de jóvenes (magrebíes y subsaharianos, muy mayoritarios) viven al margen de los códigos culturales, sociales y políticos convencionales. La desintegración familiar y la precariedad más absoluta coinciden con una escolaridad ultradeficiente y una integración muy rudimentaria.

Aquí y allá, las mafias que trafican con seres humanos, estupefacientes o armas ofrecen dinero fácil, la prostitución infantil y adolescente crea «asociaciones» de nuevo tipo, y la violencia callejera se convierte en un «deporte» de nuevo cuño, en detrimento de la seguridad ciudadana más elemental.

La noche del miércoles al jueves, los bomberos de Nantes (285.000 habitantes) recibieron más de mil llamadas de hombres, mujeres o familias que decían sentirse amenazados ante el espectáculo nocturno de los coches incendiados, los comercios asaltados a pedradas o cócteles molotov.

La violencia «low cost» que se propaga por Nantes y su periferia desde el martes se percibe en París y el resto de Francia como un síntoma inquietante. Reaparece el fantasma de un «verano caliente» en capitales de provincia con semejantes problemas multiculturales. Especialista en sociología de los suburbios, Louis de Saint-Amour analiza la crisis así: «Es un clásico en la historia de las crisis de la “banlieue”, desde 2015, cuando el gobierno de la época tuvo que recurrir al ejército para restaurar el orden. El escenario es siempre el mismo. Un incidente, con o sin derramamiento de sangre, mete fuego a estallidos de violencia, que no es fácil sofocar. Nadie sabe si Francia vivirá o no vivirá un verano caliente. Pero el gobierno debiera tomar medidas preventivas».