Fotograma de los enfrentamientos entre «chalecos amarillos» y la Policía - ABC // Vídeo: Los brutales disturbios de los chalecos amarillos

VÍDEO | Los brutales disturbios de los «chalecos amarillos» en el centro de París

Los parisinos temen que los altercados sean este sábado todavía más violentos

Enviada especial a ParísActualizado:

El primer comentario que ha escuchado una anciana parisina este viernes por la mañana, cuando compraba en una tienda cercana al Arco del Triunfo, ha sido: «Este sábado no salga de casa, señora». En la capital de Francia, sobre todo en la zona donde el pasado sábado los disturbios de los chalecos amarillos más violentos causaron estragos, todos temen que mañana se produzca un estallido de ira aún peor.

La Avenue Kléber, que fue uno de los escenarios de la batalla campal, ha amanecido con operarios encargados de cubrir con tablones de madera escaparates y ventanas. Las sucursales de los bancos, con los cajeros reventados, todavía guardan las huellas de las protestas, que se ensañaron particularmente con ellas. En la de Societé Général, por ejemplo, no se puede entrar. El encargado de seguridad, que hace una pausa para fumarse un cigarrillo, explica que, por dentro, todo está destrozado. «Este sábado va a estar caliente», advierte.

Bassel, taxista de París, muestra en su teléfono varios vídeos de los disturbios del pasado sábado en París. «Los que rompen las cosas no son los chalecos amarillos. Muchos son padres de familia, madres. Son más bien jóvenes de extrema izquierda o derecha los que hacen esas cosas», puntualiza. También explica que, si los manifestantes acuden al Arco del Triunfo, es para atacar «el París rico»: «No van a ir a distritos pobres donde no hay nada, como el 18».

Lo cierto es que no se puede negar un componente de clase en las protestas que sacuden Francia estos días. Como bien apunta Bassel, las manifestaciones de los chalecos amarillos, al menos su centro neurálgico, se ha situado en el distrito XVI, uno de los más lujosos de París. Los miembros del movimiento son en su mayoría personas de clase media agobiadas por las cargas impositivas, ahogadas sobre todo por la congelación de los salarios, que no suben. También hay un componente geográfico, que inevitablemente va unido al poder adquisitivo de los manifestantes: muchos provienen de las zonas periuirbanas y de la provincia francesa, donde el uso del automóvil es imprescindible para llegar París o zonas con servicios públicos.

En ese sentido, hace días, el demógrafo Hervé Le Bras explicó que la franja caliente de la revuelta se situa en la llamada "diagonal del vacío", un especio geográfico que atraviesa Francia y donde la densidad de población es de las más bajas del país. En esos lugares, que el Estado parece haber olvidado a la hora de construir infraestructuras que faciliten su comunicación, el coche es de uso frecuente, y la subida del precio del combustible se percibe como un castigo injusto y doblemente doloroso.

Tampoco se puede olvidar que la revuelta de los chalecos amarillos ha adquirido un claro componente antisistema, o al menos un pulso de crítica radical contra el poder económico -y de ahí el ensañamiento particularmente violento con las sucursales bancarias- y contra las élites -Macron es percibido como un "hombre de negocios" o un "presidente de los ricos", como han repetido a ABC, estos días, varios ciudadanos de París-. Ideológicamente, el movimiento es diverso y no está definido, a pesar de que tanto la extrema derecha como la extrema izquierda luchan por apropiarse de él.

En consonancia con esa idea, dos de los portavoces de los chalecos amarillos, Priscillie Ludosky y Éric Drouet, provienen de Seine-et-Marne, un departamento de la región de Île-de-France, donde se ubica París. Ambos, en definitiva, viven en localidades alejadas alrededor de una hora de la ciudad, donde muchas personas que trabajan en la capital van a vivir para evitar sus precios prohibitivos.

A la espera de la nueva protesta de mañana, París se blinda esta noche. Pronto sabremos hasta dónde llega la rabia de los chalecos amarillos.