El fiscal Chuck Morton presenta pruebas durante el juicio a Pablo Ibar en Florida - Efe

La vida de Pablo Ibar, en manos de ocho mujeres y cuatro hombres

El jurado se retiró a deliberar tras las conclusiones finales del fiscal y los abogados de la defensa

Corresponsal en Nueva YorkActualizado:

Es cuestión de horas o de días. Pero, ante todo, es cuestión de doce personas. Los ocho mujeres y cuatro hombres que componen el jurado en el juicio de Pablo Ibar tienen desde este miércoles la vida del español en sus manos. Era la última vez en la que escucharían las alegaciones de la fiscalía y de la defensa, después de meses de juicio. Entraron en una sala de la sexta planta de los juzgados de Fort Lauderdale (Florida) con el gesto cansado, de hastío, algunos derrengados en sus sillas, resignados a repasar, una vez más, los argumentos de ambas partes.

Era la sesión dedicada a las conclusiones finales, el último paso antes de su deliberación sobre la culpabilidad o la inocencia de Ibar, que pelea desde hace casi un cuarto de siglo por demostrar su inocencia. Fue acusado y condenado a muerte por un triple asesinato en el verano de 1994. La cámara de seguridad que grabó el crimen capturó el rostro de uno de los dos autores. Una imagen borrosa, de calidad ínfima, pero que muestra un parecido físico con Ibar. Él siempre defendió que en ese momento estaba en la casa de su actual mujer, Tanya.

Este miércoles fue un día espléndido en el sur de Florida, pero dentro del juzgado el ambiente era pesado, asfixiante, como en la antesala de una tormenta. La tensión, las esperanzas, los miedos, las inseguridades tras décadas de batalla judicial, apelaciones perdidas y pequeñas victorias se concentraban en este momento. Familiares y amigos abarrotaban la bancada a la derecha de la sala, donde el acusado tomaba asiento hacia las diez de la mañana. Traje azul oscuro, camisa blanca, corbata rayada y una barba encanecida, que como todo en su vida, ha madurado sin libertad. Lleva 24 años y medio entre rejas, 16 en el corredor de la muerte, hasta que consiguió que se repitiera un juicio con irregularidades procesales obvias.

Una traza mínima de ADN

El fiscal principal del caso, Chuck Morton, habló primero. Él dirigió la acusación en el juicio que acabó con la condena a muerte a Ibar en 2000 y ha regresado de una jubilación dorada para devolverle al corredor de la muerte. Se dirigió al jurado como un boxeador veterano, algo encorvado por la vejez, pero moviéndose con ligereza por la sala y sin perder pegada. Mostró hasta la saciedad la imagen de la cámara de seguridad, colocada junto a otra del acusado en su juventud. Defendió el testimonio del único testigo, un vecino que señaló a Ibar en ruedas de reconocimiento y negó que la única nueva prueba que presentó al juicio, una traza mínima de ADN en una camiseta que usó el asesino, estuviera contaminada. «¡De ninguna manera!», retumbó su voz en la sala, cargada de teatralidad.

Los íntimos de Ibar no ocultaban su nerviosismo en el receso. «Espero que los jurados puedan ver la realidad», aseguraba a este periódico Michael, el hermano de Pablo Ibar. «No estoy preparado mentalmente para ninguno de los dos escenarios», añadía sobre su inocencia o culpabilidad. «Es difícil todo, hasta pensar». La mujer del acusado, Tanya, estaba a su lado. «Tenemos confianza», decía el principal apoyo para Ibar todos estos años. Cándido, el padre, confesaba no haber dormido, pero no lo aparentaba: se movía sin parar por los pasillos, atendiendo a la prensa, consultando a los abogados. «Seguimos vivos», resumía.

Un agente de la Oficina del Alguacil del Condado de Broward quita las esposas a Ibar
Un agente de la Oficina del Alguacil del Condado de Broward quita las esposas a Ibar - Efe

También apareció Seth Peñalver, en su día condenado también a muerte por este caso y exonerado en 2012 por falta de pruebas. «Esto es como un tiro en el último segundo», decía haciendo el gesto de jugador de baloncesto.

Por la defensa, dos abogados hicieron el alegato final: Benjamin Waxman y Joe Nascimento. Repasaron una vez más el historial de manipulación de pruebas, de contradicción en los testimonios incriminatorios y la ausencia de evidencias rotundas. Tanya se abrazaba entre lágrimas a ellos tras su intervención. «Buen trabajo». El entorno de Ibar quiere destilar optimismo. Los abogados prefieren cautela. Ya da igual. Todo depende de los doce jurados. Deliberarán en una sala del juzgado y dormirán en el mismo hotel. El juez les ha recomendado que tengan tres mudas. Pero su decisión podría ser inminente.