Henry Kissinger

La victoria sobre el terror exige una nueva política (y II)

Henry KISSINGER, Ex secretario de Estado de EE.UU.
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Los ataques terroristas de la envergadura de los lanzados contra Nueva York y Washington no se pueden improvisar. Exigen organización, fondos importantes, capacidad técnica, células de apoyo en el país víctima y, sobre todo, una base desde la que coordinar estas actividades.Los fugitivos vagabundos no están en condiciones de organizar ataques tan coordinados y bien concebidos. Debe ser tarea de Estados Unidos y de todos aquellos que apoyan lo que se ha convertido en una causa universal evitar más matanzas poniendo a la fuga a los grupos terroristas y destruyéndolos después.

El identificar las organizaciones capaces de tales esfuerzos globales no es seguramente algo que exceda las posibilidades de los servicios de espionaje de las democracias (y probablemente de Rusia). El número de países que los cobijan es lo bastante limitado. El reto inmediato es advertir a estos países que quedarán marginados si continúan ofreciendo asilo; que nos sentiremos libres de atacar militarmente instalaciones que amenacen la seguridad de los pueblos libres; que consideraremos a los países que proporcionan asilo responsables de los ataques lanzados por las organizaciones con las que han cooperado. Más concretamente:Estados Unidos debe solicitar a Afganistán la extradición de Osama Bin Laden o su expulsión de territorio afgano. Tanto si su grupo ha estado implicado en los ataques a Nueva York y Washington como si no, él sí ha estado implicado en otros ataques a la propiedad y las vidas estadounidenses. Y a menudo ha fomentado estos ataques. Si Afganistán se niega, nos sentiremos libres de atacar las instalaciones de Bin Laden o cualquier otra instalación afgana capaz de apoyarle. Si es expulsado, cualquier Gobierno que le ofrezca asilo deberá estar informado de la determinación de Estados Unidos (que esperamos que respalden sus aliados) de tomar medidas militares para perseguirlo, contra su organización y las instalaciones de apoyo en el país anfitrión.

Se debe publicar una lista de grupos terroristas comparables. Los gobiernos deben ser advertidos de que cualquier país que les proporcione refugio tendrá que hacer frente a un boicot económico completo y puesto en práctica de forma estricta; la retirada de visados estadounidenses (y esperamos que también de los aliados) para sus ciudadanos; la negación de las instalaciones financieras estadounidenses a sus ciudadanos; el riesgo de medidas militares contra los cuarteles generales terroristas y las instalaciones de apoyo del país que los albergue.

APOLOGÍA DEL TERRORISMO

Todos los países deberán ser advertidos de que la apología del terrorismo por los medios de comunicación estatales será considerada un acto no amistoso. Los aliados de Estados Unidos y otras naciones importantes deben ser invitadas a unirse a cualquier aspecto de estas medidas que estén dispuestos a apoyar.

La intención es dejar de esperar pasivamente el próximo golpe y pasar a extirpar la amenaza terrorista. Puede que durante un breve tiempo estos grupos reaccionen incrementando su violencia y sus ataques, aunque si se afrontan con auténtica determinación y desde un frente unido, es probable que esta violencia amaine con bastante rapidez. En cualquier caso, es preferible a una actitud pasiva que, por su misma demostración de ansiedad, anima a recurrir al terrorismo.

Estados Unidos y sus aliados deben tener cuidado de no presentar esta nueva política como un choque de civilizaciones entre Occidente y el Islam. La batalla es contra una minoría radical que deshonra los aspectos humanos que el Islam ha mostrado en sus periodos de grandeza. Contribuirá a moderar los regímenes árabes incluso si están bajo una amenaza demasiado grande como para reconocer sus temores.

Algunos han planteado la pregunta de si los ataques a Nueva York y Washington no han demostrado la inutilidad del escudo antimisiles, en vista de la amplia gama de peligros posibles. Está claro que el éxito del ataque terrorista demuestra que, aparte de los misiles hostiles, hay otros medios de hacer daño a Estados Unidos. Pero también muestra la naturaleza catastrófica de la amenaza potencial de los misiles. Hasta la más pequeña arma nuclear produciría una devastación tal que empequeñecería la catástrofe de los ataques al World Trade Center y el Pentágono. Uno no rechaza la vacuna contra la polio porque no ofrece protección contra la gripe. Lo que los ataques nos enseñan es que debemos relacionar el escudo antimisiles con otros peligros previsibles.

BUENAS RELACIONES

Y luego está el razonamiento de que Estados Unidos debe modificar su política exterior para eliminar los resentimientos que dan origen al terrorismo. Por supuesto que la política estadounidense debe estar sometida a una constante revisión. Y las buenas relaciones con las naciones islámicas deben ser uno de sus componentes principales. Sin embargo, la moderación es una virtud sólo en aquellos que tienen una alternativa. La percepción de que la política estadounidense u occidental se acobarda (o cede) ante la amenaza o la realidad del terrorismo no hace ningún bien ni siquiera a las naciones islámicas más moderadas. Porque las primeras víctimas de este curso de acción serían los países moderados del mundo islámico y, a la larga, todas las poblaciones de las democracias. Estados Unidos y la democracia se enfrentan no sólo a un reto sino a una oportunidad. Después de haber superado las grandes amenazas militares y tecnológicas del último medio siglo, debemos ahora dominar este peligro más indirecto, pero quizá más insidioso aún, y convertirlo en una victoria igualmente decisiva.