El veto de Washington al TPI pone en peligro las operaciones de pacificación

El veto de Washington a la fuerza de pacificación en Bosnia ha provocado el desaliento en las Naciones Unidas y pone en peligro el futuro de futuras operaciones de paz. Fuentes de la ONU no dudaron en calificar la postura de la Administración del presidente George W. Bush de «arrogante»

ALFONSO ARMADA. Corresponsal
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NACIONES UNIDAS. «La arrogancia del poder, el pensar que no necesita del resto del mundo ha llevado a los ultraconservadores que mandan en Washington a este desprecio hacia la legalidad internacional y hacia las Naciones Unidas». El tono no

podía ser ayer más sombrío en las Naciones Unidas, como expresó de forma reservada un alto cargo de la organización con acceso directo al secretario general, Kofi Annan, que teme que el veto de Washington a la fuerza de paz en Bosnia acabe poniendo en peligro las operaciones de mantenimiento de la paz.

El 75 veto que esgrimió Estados Unidos no impidió sin embargo la entrada en vigor el Tribunal Penal Internacional ni rompió, «de momento», la firme postura de la Unión Europea de no admitir enmiendas que hirieran de muerte a la corte antes de nacer. La tarde del domingo dejó muchas heridas en el Consejo de Seguridad de la ONU cuando el embajador John Negroponte, acusado de no favorecer precisamente los derechos humanos en Centroamérica como plenipotenciario de Reagan en Honduras, levantó la mano y votó en solitario contra todo el órgano ejecutivo de la ONU. Sólo Bulgaria se abstuvo, pero los más fieles aliados de Washington, Francia y sobre todo el Reino Unido, votaron con la mayoría.

Estados Unidos había intentado por todos los medios garantizarse una exclusión especial («impunidad», para más de un diplomático) dentro del Tribunal Penal Internacional, cuyo mandato comenzó a las doce de la noche del 1 de julio, aunque no empezará a actuar hasta dentro de un año.

Oleada de ratificaciones

La cascada de ratificaciones no se interrumpió: Australia y Honduras se convirtieron ayer en los países 75 y 76 en asumir plenamente el estatuto que ampara la corte, mientras que Colombia ha acelerado los trámites para hacerlo. Hasta Japón tuvo ayer, en una ceremonia celebrada en la sede central de la ONU, palabras muy favorables hacia el tratado y destacó la necesidad de enmendar leyes para poder incorporarse al TPI, y China, que si al término de la cumbre de Roma en 1998 y puso la primera piedra del tribunal se manifestó en términos parecidos a los que ahora emplea Estados Unidos, ayer elogió la obra, aunque de momento no muestre ninguna prisa por firmar ni ratificar el estatuto.

El domingo, tras el veto de Washington, y después de los intentos franceses, y sobre todo británicos, de tender puentes que permitieran a la Casa Blanca convivir con un tribunal pleno de garantías y salvaguardas precisamente establecidas para satisfacer a Estados Unidos, y no echar por tierra las misiones de paz de la ONU, se estableció finalmente una dramática prórroga de tres días que concluye mañana por la noche para buscar una solución a la misión de paz en Bosnia, en la que por otra parte sólo participan 46 estadounidenses. Estados Unidos ha pedido inmunidad explícita para sus «cascos azules» ante el TPI. El embajador Negroponte dejó meridianamente claro que las operaciones de paz estaban en peligro si no se encontraba «una una solución, y no sólo para Bosnia», e indicó que Estados Unidos podría tratar de poner fin a las otras 14 operaciones de paz, desde Chipre a Congo pasando por Sierra Leona, si no se atendía su petición de inmunidad para sus hombres. Kofi Annan, un ferviente defensor del TPI, se preguntó cómo Estados Unidos, que había contribuido a que el Consejo de Seguridad creara los tribunales para Ruanda, la antigua Yugoslavia y Sierra Leona rechazara ahora un tribunal permanente y amenazara el futuro de las operaciones de paz.

Mientras un diplomático calificó la postura de Washington de «impresentable», el embajador especial español para el TPI, Juan Antonio Yáñez-Barnuevo, que regresó a Nueva York para participar en la nueva ronda preparatoria del TPI, señaló que «lo que está en juego, que va incluso más allá del propio TPI, es hacia qué tipo de orden internacional nos encaminamos, si a un consenso entre países o a la imposición de uno solo. La actitud actual de Estados Unidos no es congruente con el papel que ha desempeñado tradicionalmente a favor de una justicia internacional, desde Núremberg al tribunal para la antigua Yugoslavia, y si quiere seguir siendo líder en la defensa de la democracia y la legalidad tiene que cambiar de actitud».