El co-líder de Los Verdes, Robert Habeck, durante el congreso el fin de semana pasado en Leipzig
El co-líder de Los Verdes, Robert Habeck, durante el congreso el fin de semana pasado en Leipzig - AFP

Los Verdes, a solo tres puntos de Merkel en las encuestas

Avanzan con programas moderados en lo económico, claramente feministas y ecologistas y presentándose como «la fuerza líder del centro izquierda»

CORRESPONSAL BERLÍNActualizado:

Las nuevas incertidumbres que están fragmentando el mapa de voto en Alemania han ensanchado el abanico de partidos hacia la derecha, con el surgimiento de Alternativa para Alemania (AfD), una formación política abiertamente antieuropea y solo un poco más veladamente antiextranjeros, que reúne en sus filas desde neonazis y ultranacionalistas, hasta nostálgicos de la Alemania comunista RDA, pasando por agentes infiltrados de los mercados financieros disfrazados de ideologías liberales. Pero si bien es cierto que este partido supone un antes y un después en la política alemana, lo cierto es que la gran revolución del sistema está teniendo lugar mucho más al centro, con un resurgimiento del partido Los Verdes que pisa ya los talones a Merkel en las encuestas y que se constituye como partido de Gobierno por delante incluso de los socialdemócratas del SPD.

Conforme al sondeo que elabora mensualmente el instituto demoscópico Emnid para la Primera Cadena de la Televisión Alemana ARD, si hubiera elecciones este domingo, la Unión Cristianodemócrata (CDU) de Merkel junto a su partido hermano, la Unión Socialcristiana (CSU) de Baviera, alcanzarían el 26% de los votos, porcentaje que se mantiene igual que en el estudio de hace un mes, antes de que Merkel anunciase que abandona la dirección del partido y se abriese el proceso oficial de sucesión. Los Verdes, en cambio, suben seis puntos y obtienen el 23% de la intención de voto, a solo tres puntos de distancia de la CDU y muy por delante del 14% que el SPD obtiene en esa misma encuesta, con la pérdida de otro punto porcentual. Los socialdemócratas, de hecho, obtienen ahora el mismo resultado que el emergente AfD, sumidos en una crisis histórica en la que, de no aparecer algún elemento revulsivo por sorpresa, van camino de convertirse en una fuerza política residual y en la principal víctima de la revolución verde.

Discurso moderado

Ya en las pasadas elecciones de Baviera, el mes pasado, con un discurso de centro-izquierda moderado, netamente proeuropeo y abierto a la inmigración, el partido doblaba su resultado hasta el 17,5% y se convertía en segunda fuerza en el parlamento regional de un estado federado históricamente conservador. El fenómeno se repite, a mayor o menor escala, en diferentes comicios por todo el territorio alemán. Mientras los grandes partidos tradicionales siguen perdiendo votantes y están sumidos en crisis de identidad y divididos en luchas internas, habiendo perdido gran parte de su credibilidad entre el electorado, Los Verdes avanzan con programas moderados en lo económico, claramente feministas y ecologistas y presentándose como «la fuerza líder del centro izquierda». Se sirve de una nueva generación de candidatos jóvenes, cercanos y pragmáticos, lejos ideologías radicales pero dirigidos al bienestar y, a diferencia de los conservadores y del partido del otro extremo parlamentario Die Linke (La Izquierda) con un discurso manifiestamente a favor de la inmigración. Lejos de tonos apocalípticos que ven en la digitalización el fin de la estabilidad laboral que se avecina, abanderan «Tecnología, tolerancia y paz medioambiental» como eslogan. Y está visto que les funciona.

Cierta dosis de populismo

Tras el éxito fulgurante verde, sin embargo, subyace cierta dosis de populismo inyectado en promesas que no aclaran de dónde se sacará para su cumplimiento. Una de las más vistosas es la propuesta de su presidente, Robert Habeck, de eliminar el sistema Hartz IV, ideado por el gobierno Schröder en 2000, parte de su Agenda 2010, que rebajaba las prestaciones por desempleo y las igualaba a la ayuda social a personas sin recursos, al tiempo que endurecía el derecho a percibirlos. Habeck quiere ahora una especie de renta universal mínima, no más visitas obligatorias a los centros de búsqueda de empleo ni cursos de reciclaje como condición para cobrar las ayudas. El coste estimado es de 30.000 millones al año cuyo origen sigue sin ser aclarado. La demoscopia parece demostrar que, con este discurso, Los Verdes conectan igualmente con los pobres y con los ricos, con los jóvenes y con los viejos, con los cristianos y con las comunidades homosexuales, con la industria y con los trabajadores, incluso con los parados.

Cuentan además con una ventaja adicional, la negativa del SPD a situarse frontalmente contra Los Verdes. Con dos discursos que se solapan, sus electorados se presentan y se perciben fácilmente como complementarios, con lo que se va dibujando en ese nuevo mapa político alemán una coalición muy posible, casi natural, de izquierdas centro-verdes, que podría dar forma a la Alemania política por definir y que ha de conformarse en cuando la era Merkel de definitivamente el relevo. La CDU, sin embargo, no parece dispuesta a soltar la presa fácilmente y ya ha testando por su parte exitosas coaliciones de gobierno formadas por conservadores y verdes, como las ensayadas en, Baden-Württemberg, Hamburgo y Hesse, la denominada «coalición Kiwi» que ha demostrado también su capacidad para funcionar muy bien.