Luz verde al diálogo con los talibanes en pleno proceso de repliegue de Afganistán
El presidente paquistaní, Asif Zardari (izquierda), y su primer ministro, Guilani (derecha), dan la bienvenida al presidente Karzai - EPA

Luz verde al diálogo con los talibanes en pleno proceso de repliegue de Afganistán

Afganistán, Irán y Pakistán se reúnen en Islamabad para abordar la situación en la región con la retirada de la OTAN

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Asif Ali Zardari, Hamid Karzai y Mahmoud Ahmadineyad juntos en Islamabad. Como cada año los presidentes de estos tres países vecinos se reúnen por espacio de 48 horas para analizar la situación en una región en profundo proceso de cambio tras el anuncio de repliegue por parte de la OTAN, previsto para 2014, y sobre todo por el diálogo abierto con los talibanes para alcanzar un acuerdo de paz. En los últimos diez años de guerra afgana todas las miradas han estado puestas en Pakistán por albergar a los dirigentes talibanes y en Irán por ser la principal ruta de salida del opio al mundo, la industria más importante de Afganistán. Los afganos alertan del riesgo de que se repita la misma situación que sucedió a la retirada soviética en 1989, de la que el miércoles se conmemoró el 23 aniversario. Moscú dejó entonces un gobierno débil que en cuanto dejó de recibir financiación se hundió. Un Occidente sumido en una grave crisis financiera y con prisas para cerrar la guerra puede caer en el mismo error y cuando la OTAN se vaya, serán los vecinos los únicos que queden.

Hamid Karzai aterrizó en la capital paquistaní a primera hora de la mañana con el eco de sus declaraciones realizadas al Wall Street Journal en la mente de todos. «Ha habido contactos entre el Gobierno de Estados Unidos y los talibán, entre el Gobierno de Afganistán y los talibán, y contactos que hemos hecho todos juntos», explicó el dirigente, cuyo mandato expira en 2014 coincidiendo con la salida de la OTAN y que, tras mostrarse crítico con el proceso de diálogo durante meses, sorprendió al reconocer esta triple vía de contactos. Los talibanes «son gente como nosotros. Tienen familias, también niños, que están sufriendo tiempos difíciles», confesó el dirigente en el transcurso de una entrevista que contradice las declaraciones de la insurgencia que hasta el momento siempre han negado contactos con la administración afgana. Justo lo contrario de lo que ocurre con los estadounidenses, con quienes sí admiten contactos a través de la vía abierta en Catar y cuyo objetivo prioritario sería la negociación de la liberación de los presos que siguen en Guantánamo, requisito previo para la insurgencia antes de cualquier acuerdo.

Se espera que en la cumbre de Islamabad Karzai insista en la necesidad de que Pakistán se implique de forma más decidida en la lucha contra los elementos que desestabilizan a su gobierno. Irán también juega un papel fundamental ya que desde el comienzo del conflicto ha dado cobijo a cientos de miles de refugiados. El factor talibán será el eje central y mientras Hamid Karzai y sus aliados occidentales muestran la negociación como un paso adelante, los talibanes lo interpretan como su trofeo de guerra, una victoria lograda a base de causar bajar en las filas de un enemigo infinitamente superior militarmente, pero que al final no ha tenido otro remedio que sentarse en una mesa en busca de una salida.

La herencia de la OTAN serán unas fuerzas armadas –Ejército y Policía– de unos 350.000 efectivos, cuyo rendimiento no termina de estar muy claro y cuyo mantenimiento se antoja imposible sin una permanente inyección de capital exterior. Esta es la tarea fundamental en la que se van a emplear las fuerzas internacionales, especialmente las de Estados Unidos que están poniendo en marcha un programa similar al empleado durante sus últimos quince meses de misión en Irak y que busca acelerar la preparación de las unidades locales con la vista puesta en mediados de 2013. La guerra se acaba para la OTAN y se acerca el momento de los afganos.