Los ministros europeos aprueban el plan del Brexit para tratar de ayudar a May

Salvo las reservas españolas sobre Gibraltar, los 27 dan su apoyo al borrador de acuerdo de retirada

Corresponsal en BruselasActualizado:

Los ministros de Exteriores de los 27 países que se quedan en la Unión Europea decidieron este lunes dar su visto bueno al borrador del acuerdo de salida que ha sido negociado con la primera ministra británica Theresa May, a la que querían apoyar con este mensaje. Salvo las reservas españolas en el tema de Gibraltar, por parte europea el texto se da por bueno, a la espera de la confirmación de los jefes de Estado y de Gobierno que se reunirán el día 25 para tratar de cerrar el asunto. Todo, claro está, pendiente de la extrema volatilidad de la política británica que en cualquier momento podría dar un vuelco espectacular. O no.

El ministro austriaco de Asuntos Europeos, Gernot Blümel, que ostenta la presidencia semestral, lo definió como «el primer paso difícil» ante el que «hemos logrado preservar la unidad», en un momento tan delicado. Por su parte, el negociador europeo, el francés Michel Barnier, se declaró «muy satisfecho de que los ministros hayan apoyado todo el paquete». Barnier se reunió en varias ocasiones durante todo el día con el ministro español, Josep Borrell, con la idea de ver cómo puede hacer encajar las susceptibilidades españolas sobre Gibraltar, que no son las únicas, porque otros países han planteado las suyas: Chipre, por ejemplo, tiene algunas dudas sobre el futuro de las bases de soberanía británica en su territorio y Francia no tiene claro cómo quedará la cuestión de los derechos de pesca en el Canal.

Pero todos estos detalles tendrán que ser tratados en la cumbre extraordinaria del domingo, por lo que hay una semana entera para que los «sherpas», los negociadores de cada país, busquen una fórmula que contente a todos hasta en estos detalles. Barnier preferiría que no se tocase nada del texto al que todos han dado su apoyo genérico porque lo contrario no haría más que provocar movimientos incontrolados en la política británica cuyo resultado en estos momentos sería catastrófico. La cuestión que más pesa en estos momentos es la del calendario, ya que de no lograrse un acuerdo formal en los próximos días, sería físicamente imposible que hubiera tiempo para el proceso de traducción y, sobre todo, de ratificación por parte de los parlamentos nacionales y el europeo, con el objeto de que el tratado de salida pueda entrar en vigor antes del 29 de marzo y evitar así una desconexión sin sustento legal.

Barnier ha lanzado la idea de extender aún más -hasta dos años- el período de transición posterior al Brexit, durante el cual el Reino Unido en realidad permanecería vinculado a la UE, pero eso tampoco está claro que sea apoyado por todos los países. España, por ejemplo, cree que con un año sería suficiente, porque como muchos otros gobiernos considera que esa situación aumentaría la incertidumbre aún más. Barnier ha preferido dejar este tema también para la decisión de los presidentes, teniendo en cuenta que en todo caso, «obviamente, si se extiende el periodo transitorio, habrá un acuerdo que se tendrá que fijar en los términos de la contribución financiera» del Reino Unido al presupuesto comunitario.

Pero el mayor de los esfuerzos de Barnier para ayudar a May en sus tribulaciones internas ha sido citar las propias palabras de la primera ministra al definir los resultados que se esperan de la relación futura en la que ambas partes, el Reino Unido y la UE «retomarán el control total de su propia legislación y su propia regulación». Es curioso que Barnier ha acabado empleando uno de los eslóganes más repetidos en la capapaña del Brexit, porque hasta el Bruselas parece haberse implantado la sensación de que por malo que sea este acuerdo, va a ser mejor que un Brexit sin acuerdo alguno, que es la única alternativa viable que se vislumbra en el horizonte político británico.

El modelo futuro

También la cuestión de la extensión dos años más del periodo transitorio parece estar relacionada con los problemas de May, ya que evitaría tener que hablar de los problemas que presenta el espinoso asunto de la frontera británica, al menos hasta después de las próximas elecciones generales, que salvo que el actual gobierno pierda la confianza del Parlamento, no serían antes de 2022. Esto daría tiempo para buscar una nueva fórmula para el famoso «mecanismo de seguridad» o incluso eliminar una parte del problema si los radicales del Partido Democrático Unionista de Irlanda del Norte dejan de ser necesarios en una futura coalición de gobierno.

En fin, unos y otros cuentan con que el desbloqueo del acuerdo de retirada dejaría la puerta abierta para una negociación reposada de un modelo de relaciones futuras que pueda satisfacer a todos en el Reino Unido. Desde la idea inicial de May de romper totalmente con la UE y considerarse un país completamente separado, ha ido poco a poco evolucionando hacia posiciones más flexibles que incluyen una unión aduanera, lo que solo le obligaría a respetar la legislación y la regulación comercial para marcancías, pero le permitiría ser completamente autónomos en materia de finanzas y servicios.

El problema es que entonces deberían aplicar unas reglas en cuya elaboración no habrían participado porque ya no tendrían representantes en las instituciones. Los demás países, al contrario, creen que prolongar esta situación con una ampliación del periodo transitorio perjudicaría a las empresas europeas.