AP. Varios cubanos hacen la compra en una céntrica carnicería de La Habana
AP. Varios cubanos hacen la compra en una céntrica carnicería de La Habana

Las vacas sagradas de Cuba

APVarios cubanos hacen la compra en una céntrica carnicería de La HabanaPOR LORENZO DEL SOLENVIADO ESPECIALLA HABANA. Al tío de Osmany se le fue la mano con la vaca y la mató. Para ser precisos lo que

POR LORENZO DEL SOL. ENVIADO ESPECIAL. LA HABANA.
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Al tío de Osmany se le fue la mano con la vaca y la mató. Para ser precisos lo que se le escapó fue un codazo. Lo asestó con tanta saña que el animal cayó sobre las rodillas y quedó como tonto. El hombre intentó reanimarlo pero todo fue inútil. Durante varias semanas la familia de Osmany comió carne de res, intercambió jugosos solomillos por otros alimentos o artículos para la casa y se sintió a salvo de calamidades. Estaban equivocados. El tío de Osmany fue condenado a cinco años de cárcel.

En Cuba, aunque por otros motivos, las vacas son tan sagradas como en la India. La pena por ajusticiar a una bestia puede ser de veinte años. El sobrino del condenado sospecha que la de su tío fue leve, «porque el animal era viejo y estaba en los huesos». La muerte de un bovino en la isla es una tragedia para la familia. El padrón del ganado es tan riguroso como el de los seres humanos. «Aquí hay más presos por la muerte de vacas que por razones políticas», recuerda.

La carne es uno de los productos más preciados por el cubano. En la libreta de racionamiento no figura, como tampoco la leche. Ésta únicamente se facilita, en polvo, a los niños menores de 7 años. Una vez cumplida esa edad desaparece del régimen alimenticio oficial.

Alimentos para un mes

En la libreta de Natasha, prima de Osmany, hay seis libras de arroz, cinco de azúcar blanca y azúcar prieta (morena), una de granos que suelen ser frijoles, chícharo, que viene a ser un guisante seco para cocinar guisos, medio kilo de sal, diez huevos, medio pollo y otro tanto de pescado. Este mes también le han marcado con una cruz el paquete de galletas que le corresponde y el envase de picadillo enriquecido, una especie de engrudo que recuerda a las latas de comida para perro. Con esto y ochocientos gramos de pan diario se supone que ella y su marido, Ricardo, tienen la cesta de la compra cubierta hasta abril. «Te imaginas que no nos alcanza para nada», observa.

«Se cayó del camión»

El matrimonio vive en Cienfuegos, a unos 240 kilómetros al sureste de La Habana. Hoy tienen de visita a Osmany y a un amigo suyo español. Aunque los cubanos tienen prohibido relacionarse con extranjeros, salvo por imperativo laboral, se arriesgan y le ceden su cuarto al turista. A la mañana siguiente, sobre la mesa del desayuno, el español tendrá una botella de agua mineral exclusiva para él, café y... leche. «Se cayó del camión», explican entre risas. La expresión, junto con la de «bolsa negra» (mercado negro), resume el doble circuito sobre el que gira la economía.

El trapicheo y la corrupción forman, forzosamente, parte del modo de vida del cubano. «Para sobrevivir todos tenemos que violar la ley», reconoce Natasha, mientras enseña una dentadura reluciente. «¿Pasta de dientes? -repite- Sí, en la libreta tenemos un tubo cada dos meses y cuando ha faltado nos los hemos cepillado con sal. Durante el periodo especial, todos lo hacíamos así».

El «periodo especial»

El «periodo especial» al que se refiere es la década de los años 90. La desaparición de la Unión Soviética interrumpió la financiación de la isla por parte de Moscú, su gran valedor. La perla del Caribe perdió su principal fuente de subsidio, «esos fueron los peores años, recuerda. No había comida, ni combustible y en algunos lugares los caballos tiraban de las ambulancias». Hoy no es así, el chorreo de barriles de Hugo Chávez surte las gasolineras cubanas que disponen del equivalente a gasolina super, normal y sin plomo.

La cartilla de Natasha concluye con productos de aseo personal: «Una pastilla de jabón de baño al mes, otra para lavar ropa y un paquete de paños higiénicos (compresas) que, a mi -comenta risueña-, no me sirven para nada». El resto de los artículos de droguería o perfumería, como «el papel higiénico» corre por cuenta del cubano pero resulta muy caro para ellos. Osmany lo sabe por eso, en esta visita, lleva el suyo en una bolsa.

La carne es uno de los productos más apreciados por el cubano. En la libreta de racionamiento no figura, como tampoco la leche