El ultranacionalista Haider se juega su futuro político en los comicios regionales austriacos

ANTONIO SÁNCHEZ SOLÍSCORRESPONSALVIENA/
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Cinco años después de conmocionar a Austria con su rotundo éxito en la elecciones generales, el dirigente del partido derechista austriaco del FPÖ, Jörg Haider, se juega la que puede ser su última baza para continuar en política. El medio millón de habitantes del Estado de Carintia, donde Haider es gobernador, deciden hoy si reafirman su apoyo al dirigente populista o si acaban por apagar la que fue una rutilante carrera política.

Haider, un millonario de 54 años con un discurso político ultraconservador en cuestiones de inmigración y amigo de Sadan Husein, ha visto cómo la formación política de la que fue presidente se ha hundido en sólo un lustro en la sima electoral.

En 1999, el FPÖ con Haider al frente se convirtió en la segunda fuerza más votada se Austria y entró a formar parte de un Gobierno de coalición con el Partido Popular austriaco. La llegada al poder de un partido acusado de xenófobo y dirigido por un Haider que no dudaba en elogiar aspectos de la política de Hitler, provocó que la UE dictara sanciones contra Austria, que fueron retiradas al poco tiempo. Desde entonces, Haider abandonó la dirección del partido aunque siguió manejando las riendas desde su feudo de Carintia.

En el año 2001 provocó la ruptura del Gobierno austriaco al atacar a sus propios compañeros de partido en el Ejecutivo. La elecciones que siguieron, en noviembre de 2002, fueron un mazazo para el FPÖ, que pasó del 36,8 por ciento de los votos logrados en 1999 a sólo el 10 por ciento. Las crisis internas en el partido y las constantes salidas de tono de Haider, visitando a Husein y comparando a George Bush con Hitler, han venido acompañadas de nuevas debacles electorales en los comicios regionales del Tirol y la Alta Austria.

Las encuestas anuncian que el FPÖ se va a hundir en las elecciones regionales de hoy en Salzburgo y que en Carintia el SPÖ (socialista) arrebatará por la mínima el cargo de gobernador que Haider ocupa desde 1999. Esta derrota puede provocar no sólo una fuerte crisis en el FPÖ, sino también en el propio Gobierno austriaco, que ve cómo una de las formaciones que lo sustentan tiene cada vez menos apoyo de los ciudadanos.