El vicepresidente iraquí, Ibrahim, en una ceremonia celebrada ayer en Bagdad AP

EE.UU. ultima un plan para ocupar Irak durante año y medio tras derrocar a Sadam

WASHINGTON. PEDRO RODRÍGUEZ. CORRESPONSAL
Actualizado:

Mientras el Pentágono prosigue con sus acelerados preparativos bélicos, la Casa Blanca ha dedicado el receso navideño a ultimar y ajustar sus planes para un Irak finalmente «liberado» de Sadam Husein. En un giro copernicano con respecto a la inicial querencia aislacionista de la Administración Bush, estos planes suponen una intervención a fondo y a largo plazo tanto en las finanzas como en la política de Irak. Un ambicioso esfuerzo de administración y democratización solamente comparable por su escala con las ocupaciones de Alemania y Japón tras la Segunda Guerra Mundial.

De acuerdo a los detalles filtrados y confirmados ayer por la Casa Blanca, Estados Unidos contempla la necesidad de una masiva presencia militar en Irak durante al menos dieciocho meses. Estos efectivos, en su mayoría norteamericanos, tendrían como misión mantener la paz, detener a la cúpula del régimen de Sadam Husein y recuperar los sospechados arsenales de armas de destrucción masiva. Con todo, el principal doble objetivo de esta ocupación militar sería garantizar la unidad territorial de Irak y evitar ingerencias de terceros países.

Depuración penal

Siguiendo el precedente de los juicios de Nuremberg tras la Segunda Mundial en los que se procesó a la élite del régimen nazi, la Administración Bush también contempla una similar depuración penal de responsabilidades en Irak. Estos procesamientos se limitarían únicamente a figuras muy destacadas del iraquí, con la posibilidad de perdones para aquellos sujetos en posiciones de poder que aceleren la caída del régimen actual. En este apartado se contempla un punto final para instituciones represivas como los ficticios «tribunales revolucionarios» y los temibles servicios de seguridad al servicio de Sadam Husein.

Ante los enormes recelos provocados por el proyecto inicial de nombrar un general del Pentágono como gobernador militar de Irak con carta blanca -al estilo de Douglas MacArthur en Japón- los nuevos planes incorporan la figura de un administrador civil, que podría ser designado por Naciones Unidas. Sobre este cargo recaería la responsabilidad temporal de reorganizar la economía de Irak, supervisar su transición democrática y administrar programas de asistencia. En cuanto fuera posible, un comandante militar de Estados Unidos se concentraría exclusivamente en cuestiones de seguridad.

En cuanto a la industria petrolífera de Irak, con un volumen de reservas únicamente superado por Arabia Saudí, los planes de la Casa Blanca insisten en un esfuerzo especial para salvaguardar todos estos valiosos recursos. Durante un periodo de transición, los beneficios de exportaciones controladas serían obligatoriamente invertidos en tareas de reconstrucción. Dentro de este trascendental capítulo, la Administración Bush estaría todavía debatiendo cuestiones clave como la mejor forma de proteger los campos petrolíferos de Irak durante un más que previsible conflicto militar.

Dentro del terreno de instituciones políticas, la Casa Blanca habría rechazado por el momento la posibilidad de reconocer un gobierno provisional de Irak en el exilio. Dentro de una paulatina transición democrática, los planificadores de Estados Unidos contemplan un proceso tan complicado como la «desnazificación» de Alemania. Aún así, se espera que el progreso de articulación política de un Irak sin Sadam Husein sea mucho más acelerado que en el anárquico Afganistán.

Posibles contingencias

Los responsables de estos planes han admitido que la imposibilidad de abarcar todas las contingencias posibles, indicando que muchas decisiones cruciales se deberán tomar sobre la marcha. De acuerdo a un asesor de la Casa Blanca citado por el New York Times en sus ediciones de ayer, «mucho depende del conflicto en sí mismo, si es que se llega al uso de la fuerza, y de cómo el conflicto comienza y termina». Una cuestión abierta es la respuesta de los iraquíes a las tropas de ocupación norteamericanas, que según los escenarios barajados por la CIA puede oscilar desde un recibimiento amistoso a una sangrienta hostilidad.

De lo que no cabe duda es de la magnitud y acelerado ritmo de los preparativos del Pentágono para una eventual invasión de Irak. De acuerdo a los últimos cálculos publicados por el Washington Post, Estados Unidos estaría ensamblando una fuerza terrestre de ataque compuesta por unos 100.000 soldados. Contingente menor a las previsiones iniciales que estaría formado por cuatro divisiones pesadas del Ejército de Tierra, una división aerotransportada, una división de los marines y múltiples unidades de operaciones especiales.

Este despliegue de tropas, acompañado de una masiva activación de reservistas, sería el equivalente en términos de personal a los mejores efectivos de Sadam Husein, integrados en la Guardia Republicana. El resto de las unidades regulares de las fuerzas armadas iraquíes, con una dotación de 300.000 soldados, no tendría mucho que hacer ante la tecnología, capacidad de fuego y movilidad de cualquier invasión terrestre de Estados Unidos y posibles aliados.

Superioridad aérea

Además, esta confrontación en múltiples frentes vendría acompañada por una incuestionable superioridad aérea. Se da por asumido, que un nuevo conflicto armado con Irak empezaría con una masiva campaña de bombardeos. Con la ventaja de que estos ataques serían mucho más efectivos que los realizados hace una década para liberar Kuwait. En la actualidad, Estados Unidos dispone de un millar de aviones capaces de lanzar bombas guiadas por satélite. En 1991, este contingente para realizar bombardeos de precisión se limitaba a un centenar de aparatos.

Ayer, aviones de combate estadounidenses y británicos bombardearon objetivos en el sur de Irak, según aseguró un portavoz militar iraquí, que no informó de víctimas. «Aviones enemigos bombardearon instalaciones civiles en la provincia de Missán (a 370 kilómetros al sur de Bagdad)», declaró elportavoz citado por la agencia INA.