Turquía y Armenia normalizan sus relaciones tras cien años de hostilidad

Turquía y Armenia normalizan sus relaciones tras cien años de hostilidad

DANIEL IRIARTE | ESTAMBUL
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Turquía y Armenia firmarán hoy en Zúrich el protocolo de normalización de relaciones diplomáticas entre ambos países. El acuerdo no sólo goza del apoyo explícito de la Administración Obama. «Éste es uno de los pocos casos en los que los intereses de Rusia y EE.UU. coinciden en el Cáucaso Sur», señala Hugh Pope, analista del International Crisis Group para Turquía.

«Rusia -una firme aliada de Armenia- busca aislar y rodear a Georgia; además, la frustración de Bakú con Ankara podría darle a Moscú la oportunidad de acercarse a Azerbaiyán; y por último, la apertura permitiría a los rusos revalorizar las inversiones realizadas en las infraestructuras de Armenia».

A pesar de que Turquía fue el segundo país en reconocer a la Armenia independiente en 1991, nunca se establecieron relaciones diplomáticas plenas. La consecuencia más importante de estos protocolos es la reapertura de la frontera, cerrada desde 1993.

El acuerdo, no obstante, afronta numerosas dificultades. Movimientos nacionalistas en ambos países, así como representantes de la diáspora armenia, se han mostrado abiertamente contrarios. «Es prematuro celebrar los protocolos en sí mismos. Muchos aspectos se han dejado deliberadamente ambiguos, lo que levanta sospechas en ambas partes», explica Nigar Goksel, analista de la European Stability Initiative.

La cuestión de las masacres de población armenia en 1915 es uno de los principales puntos de fricción. A pesar de que el Gobierno turco reconoce la muerte de hasta 600.000 armenios por responsabilidad directa del gobierno otomano, se niega a admitir el uso de la palabra «genocidio», que podría llevar a reclamaciones tanto económicas como territoriales.

Sin embargo, es la cuestión de Nagorno-Karabaj la que parece más difícil de solventar. Este enclave de población mayoritariamente armenia en territorio de Azerbaiyán fue ocupado -junto con franjas adyacentes de territorio azerí- por tropas armenias a principios de los noventa, desatando un sangriento conflicto que se cobró más de 20.000 vidas. En represalia, Turquía, aliada de Bakú, decidió cerrar la frontera. La oposición turca se opone a una reapertura de fronteras antes de la retirada armenia de Nagorno-Karabaj.