El presidente sirio, Bashar al Asad, y el primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, comprecen juntos ante la prensa en Estambul en 2010
El presidente sirio, Bashar al Asad, y el primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, comprecen juntos ante la prensa en Estambul en 2010 - AFP

Turquía busca un nuevo sitio en la región más convulsa

El primer ministro Binali Yildirim asegura que su país quiere mejorar sus relaciones con Siria, donde desde el estallido de la guerra ha apoyado a los grupos armados opositores

El país presidido por Erdogan transforma su política exterior tras la firma del acuerdo con Israel, el deshielo con Rusia y el intento de acercamiento al Egipto de Al Sisi

CORRESPONSAL EN ESTAMBULActualizado:

A los analistas especializados en Oriente Próximo les gusta decir que esta región del mundo es las más difícil de analizar. Los equilibrios de poder son complejos y las alianzas pueden cambiar en cualquier momento. Turquía, país que durante años aspiró a ser potencia regional, se encuentra inmerso en uno de esos cambios. La duda es hasta dónde llegará el cambio su estrategia.

Las recientes declaraciones del primer ministro, Binali Yildirim, sugieren que incluso podrían significar un acercamiento a la Siria de Bashar al Asad. Según Yildirim, Turquía tiene como objetivo establecer «buenas relaciones» tanto con Siria como con Irak. Especialmente significativo es la mención a Siria, país que se encuentra hundido en una sangrienta guerra desde hace ya más de cinco años. Desde el comienzo, Turquía apoyó política y logísticamente a los grupos armados opositores y fue de los más férreos detractores de la figura del presidente Asad.

Haciendo memoria

Yildirim no detalló a qué se refería exactamente con «buenas relaciones». De hecho, ni siquiera mencionó a Asad. El Gobierno turco mantiene todavía hoy su apoyo a diversos grupos opositores y continúa abogando por el fin del presidente. Pero tras media década de conflicto y el aumento de los ataques terroristas en su territorio, Turquía ya ha comenzado un cambio en sus relaciones con otros países vecinos.

Hubo una época en la que la política exterior de Turquía se guiaba por una simple idea: «cero pro-blemas con los vecinos». Al principio de la década de los 2000, el país eurasiático seguía dominado por los militares y suficiente tenía con contener sus tensiones internas. Además, la invasión estadounidense (con apoyo británico y español) de Irak auguraba un cambio de fichas en el tablero geopolítico regional y Turquía no se quería enemistar con ninguna nación.

No obstante, esta apuesta comenzó a cambiar con el inicio de las Primaveras Árabes en 2011. Turquía y su entonces primer ministro Recep Tayyip Erdogan, en aquellas fechas considerados internacionalmente como ejemplo de islamismo moderado, apoyaron con ahínco el bando opositor de las protestas. El problema es que ninguno de sus aliados salió victorioso. En Egipto, los Hermanos Musulmanes de Mohamed Morsi fueron derrocados por los militares y el presidente de Siria, Bashar al Assad, se ha conseguido mantener aferrado al poder hasta el momento.

Al mismo tiempo que esto ocurría, su deriva autoritaria y los encontronazos con los aliados euro-peos y americanos han aumentado el aislamiento de Turquía.

El panorama actual

Ahora parece que Ankara quiere poner fin a su enemistad con los países de la región, el convulso Oriente Próximo. Ya lo dijo el nuevo primer ministro Binali Yildirim poco después de tomar posesión a principios de mayo: «Turquía tiene muchos problemas. Tenemos problemas regionales […] ¿Qué haremos? Muy simple: aumentaremos el número de amigos y reduciremos el de enemigos».

Pero ¿puede Turquía retornar a esa política de ‘cero enemigos’? «No, porque el país no puede revertir todo lo hecho durante los últimos cinco años», explica a ABC Gencer Ozcan, del departa-mento de Relaciones Internacionales de la Universidad estambulita de Bilgi. «En los años 2000, Irán y Siria tenían miedo de convertirse en objetivo de Estados Unidos, así que ambos necesitaban la amistad de Turquía. Ahora los iraníes están en buenos términos con los americanos y parece que no les preocupa lo que Erdogan piense de ellos. Además, ya nadie confía en él», añade Ozcan.

Y es que en Turquía pocos dudan de que Erdogan está detrás de todas las decisiones del Ejecutivo turco. En concreto, de los dos grandes movimientos de los últimos días en cuanto a política exterior. Por un lado, Ankara ha materializado el acuerdo con el que normaliza las relaciones con Israel después del ataque al buque Mavi Marmara, en el que murieron nueve ciudadanos turcos. La influencia de Irán en la región y las reservas de gas descubiertas por Israel han sido los dos grandes motivos.

El otro gran cambio turco en la arena internacional ha sido la disculpa oficial de Erdogan por el derribo del caza ruso SU24 a finales del pasado noviembre. Inmediatamente el presidente ruso Vladimir Putin permitió que se establecieran conversaciones para normalizar las relaciones. En un abrir y cerrar los ojos, las duras acusaciones que los dos países se lanzaron durante meses que-daron en el olvido.

No obstante, las diferencias entre Putin y Erdogan van más allá de ese incidente puntual. El apoyo directo a los diferentes bandos en la guerra de Siria sigue siendo un gran escollo. «No creo que las relaciones bilaterales con Rusia vayan a volver a las que eran hace cinco años. Se ha de tener en cuenta que las relaciones turcas con Rusia han estado deteriorándose desde hace más tiempo y cuando se derribó el SU24 la situación ya estaba bajo presión», señala Ozcan.

Egipto, próximo objetivo

Tras el restablecimiento de relaciones con Israel y Rusia, Turquía quiere seguir engrosando la lista de amigos en la región. Y Egipto es el próximo objetivo.

Así lo ha asegurado Saban Disli, del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), fundado por Erdogan en 2001 y en el poder desde el año siguiente. Según Disli, una delegación turca viajará a Egipto en los próximos días para comenzar los contactos.

«Si Erdogan consigue mejorar las relaciones con Egipto, por tomar un ejemplo, entonces habrá más razones para pensar que realmente está cambiando», escribía el columnista Semih Idiz en el diario «Hürriyet Daily News» sobre el cambio en política exterior de Turquía. «Sin embargo -añadía- todavía está por ver si se puede permitir dar la impresión de abandonar a Mohamed Morsi, el ex presidente islamista de Egipto que fue encarcelado tras ser derrocado por los militares». Erdogan ya ha sufrido una tímida crítica, rápidamente rectificada, por parte de la ONG islamista IHH por su acuerdo con Israel.

El cambio de rumbo en las relaciones internacionales no es una sorpresa para los conocedores de lo trastienda de la política turca. Antes del anuncio de Yildirim de «aumentar el número de amigos», el ex ministro de Exteriores, Yasar Yakis, ya aseguraba que la llegada de un nuevo Gobierno era «un buen momento» para cambiar las políticas seguidas durante los últimos años a nivel internacional. No obstante, todavía está por ver cómo termina de materializarse el cambio.

En este sentido, Turquía tiene que aclarar su relación con la Unión Europea y los Estados Unidos, aliados comerciales y militares pero con los que Turquía también se ha distanciado. Occidente le recrimina su tímida respuesta al terrorismo yihadista de Daesh, mientras que Ankara se siente traicionada por el apoyo de Washington a los kurdos de las YPG sirias (Unidades de Protección Popular), considerados terroristas por Turquía.

«Los acontecimientos de los últimos cinco años, desde la Primavera Árabe, prueban que Turquía necesita los máximos compañeros posibles en el escenario internacional. Buenas relaciones con Moscú y Tel Aviv no son un sustituto de buenas relaciones con Washington y Bruselas», concluye Barin Kayaoglu, analista turco afincado en Estados Unidos.