Un grupo de soldados israelíes vigila el acceso al «túnel número seis», el más avanzado de los que encontraron - Fuerzas de Defensa de Israel | Vídeo: Interior del pasaje desarticulado

Así era uno de los túneles secretos de Hizbolá para invadir Israel a través del Líbano

ABC visita uno de los seis pasos subterráneos construidos durante años por el partido-milicia chií en la frontera entre ambos países y desmantelados por el Ejército hebreo a finales de 2018

Shetula (Israel)Actualizado:

La llamada «Línea Azul» establecida por la ONU que, desde 2000, separa Israel de Líbano es, a simple vista, una apacible franja desmilitarizada sin rastro alguno de huella humana. Los árboles, la tierra y la más pura naturaleza dominan un paisaje armonioso que, ironías del destino, lleva décadas marcado por la tensión entre el Ejército israelí y el partido-milicia chií Hizbolá, dos enemigos acérrimos que, desde el mismo nacimiento del grupo terrorista en 1985, no se quitan el ojo de encima.

Con una relación determinada por el conflicto armado y las constantes amenazas, la tensión entre ambos alcanzó su apogeo por última vez en julio de 2006, cuando Hizbolá lanzó una batería de cohetes sobre las poblaciones fronterizas israelíes y vehículos blindados ligeros que patrullaban la zona, lo que desencadenó una guerra que apenas se prolongó un mes. Desde entonces, y a pesar de vigilar permanentemente todos los movimientos al otro lado de la frontera –controlada por Hizbolá, que domina el sur de Líbano con la aquiescencia de un Ejército nacional muy debilitado– Israel creyó tener a la milicia bajo relativo control, sin posibilidad de llevar a cabo un ataque en su territorio. Hasta finales del año pasado.

La operación «Escudo del Norte», que en solo 40 días, entre diciembre y enero, desarticuló un total de seis túneles excavados en secreto por Hizbulá durante años, supuso un golpe de realidad para las fuerzas israelíes. «Las incursiones del grupo en Siria, donde han brindado su apoyo a las fuerzas de Bashar al Assad en el último lustro, les han permitido adquirir un gran conocimiento estratégico, organizativo y armamentístico, y eso es algo que preocupa bastante a Tel Aviv», explica Haizam Amirah Fernández, investigador principal del mundo árabe en el Real Instituto Elcano.

«Ya no son la guerrilla que eran antaño, y estos túneles son, sin duda, una clara muestra de ello» explica, por su parte, un alto mando israelí a ABC. A través de ellos, detalla, el objetivo de Hizbolá era lanzar un ataque sorpresa con el que penetrar en Israel y hacerse con el control de los más de veinte «moshavs» (cooperativas) establecidos cerca de la frontera, una zona árida e inhóspita en la que prima la ganadería. Una vez conseguido, plantarían banderas en lo alto de las casas, harían fotos de sus «conquistas» para difundirlas en internet y se prepararían para la contundente respuesta de las fuerzas armadas, según revela.

La galería estaba dotada, entre otras cosas, de un sistema de raíles para transportar material de obra
La galería estaba dotada, entre otras cosas, de un sistema de raíles para transportar material de obra - F. D. I.

Al entrar en el «túnel número seis», el más avanzado de los que fueron descubiertos en noviembre del año pasado, todo permanece –a excepción de un cableado de luz y un sistema de aire instalados por el Ejército para acondicionar la cavidad– «tal y como nos lo encontramos», asegura el oficial. Justo a la entrada, dispersos por el suelo y en una hornacina, se hallan restos de herramientas y materiales de construcción, algo que se repite según se desciende por unas escaleras perfectamente moldeadas que dan cuenta del nivel de sofisticación de la operación. Aunque este periódico no lo pudo constatar «in situ», fuentes oficiales aseguran que, a lo largo de su recorrido, también hallaron ropa de los combatientes y pintadas en las paredes con inscripciones del Corán o mensajes amenazantes.

El túnel, convertido en una suerte de «museo del terror» abierto al público para mostrar las constantes amenazas a su seguridad a las que Israel tiene que hacer frente a diario, fue iniciado 800 metros al norte, en una de las múltiples casas de vigilancia con las que cuenta Hizbolá en la pequeña localidad libanesa de Ramyah. Desde allí, con una labor de hormiga y bajo máxima discreción, los milicianos –entre los que se incluían ingenieros e individuos cualificados– se fueron abriendo paso, avanzando únicamente unos pocos metros cada día, mientras otros cinco túneles eran excavados en paralelo en otros puntos cercanos. Algunos de ellos, como el que este diario tuvo la ocasión de visitar, llegaban a alcanzar los 70 metros de profundidad en determinados tramos.

Secretismo absoluto

Las autoridades calculan que las cuadrillas de trabajo dedicadas a cada uno no superaban las ocho o diez personas y, según sus pesquisas –dos de los operarios fueron sorprendidos y detenidos en el momento de su desmantelamiento–, era tal el secretismo de la operación que los líderes de la organización se cuidaron de que los milicianos no llegaran a conocer no ya la ubicación, sino la mera existencia de los otros túneles.

«La razón por la que no logramos dar con ellos antes se debe tanto al minucioso celo con que Hizbolá ocultó su actividad como a la composición geológica de la zona, que hace muy difícil la detección de movimiento debido a la compactibilidad de las rocas que subyacen bajo la superficie», explica el alto mando. Al constatar que los túneles habían sido descubiertos, la milicia se apresuró a sellar todas y cada una de las aberturas para no dejar rastro alguno. De este modo, trató de evitar que se la responsabilizara de haber violado la resolución 1701 de Naciones Unidas, que impide tanto a Israel como a Hizbolá o a Líbano penetrar en la zona desmilitarizada o cruzar al otro lado.

Pese al duro golpe moral y psicológico que, se presume, pueda haber recibido la milicia (al ver echado a perder un trabajo titánico acometido durante años), Israel se muestra muy lejos de darla por vencida. Al contrario, el Ejército hebreo cree que Hizbolá ideará otro método o seguirá orientando esfuerzos a prepararse para el «próximo conflicto». Porque, tal y como apunta el alto mando repetidamente, están casi convencidos de que, tarde o temprano, lo habrá.