Trump saluda a Putin durante la cumbre Asia-Pacífico, celebrada en Vietnam el pasado mes de noviembre - Foto: EFE | Vídeo: EUROPA PRESS

Trump propone que Rusia vuelva como invitada a las cumbres del G-7 y amplía la brecha con sus socios

La propuesta del presidente estadounidenses ya ha recibido el visto bueno del primer ministro italiano, Giuseppe Conte

Corresponsal en Nueva YorkActualizado:

Donald Trump tiene previsto abandonar este sábado la cumbre del G-7 en Canadá varias horas antes de que concluya y poner rumbo a Singapur, donde celebrará la semana que viene su histórico encuentro con el líder de Corea del Norte, Kim Jong-un. El plantón del presidente de EE.UU. al resto de líderes de las grandes potencias occidentales, un cambio de agenda anunciado a última hora por sorpresa, es una señal más de la brecha entre Trump y los que hasta ahora han sido los grandes socios de EE.UU.

La cumbre arrancó este viernes, calentada por la escalada dialéctica entre Trump y otros líderes y por propuestas polémicas del presidente estadounidense. Tras la adopción de tarifas a principios de mes por parte de Washington contra el acero y el aluminio de Canadá, la Unión Europea y México, el comercio está en el centro de la batalla. El anfitrión y primer ministro canadiense, Justin Trudeau, calificó hace unos días de «insultante» que Trump justificara los nuevos aranceles por seguridad nacional. Ambos mantuvieron una tensa llamada telefónica la semana pasada y los ánimos no parecían apaciguados en la víspera de la cumbre.

«Nosotros, como aliados, no podemos declararnos la guerra comercial los unos a los otros. Nuestros soldados pelean hombro con hombro para defender nuestros valores», escribió el presidente francés, Emmanuel Macron, en Twitter.

Trump respondió con el látigo, en la misma red social. «Por favor, decidle al primer ministro Trudeau y al presidente Macron que ellos imponen a EE.UU. tarifas masivas», dijo en un mensaje. «Acabad con vuestros aranceles y barreras comerciales o haremos algo más que igualarlos», amenazó en otro.

Este viernes, en Washington, antes de subir al Air Force One rumbo al vecino del norte, dejaba claro su ánimo de confrontación: «Vamos a ocuparnos de políticas comerciales injustas. Lo vamos a cambiar, y ellos van a comprender que va a ocurrir», dijo sobre sus socios occidentales a los reporteros, a quienes también aseguró su intención de acabar con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) que le une a México y Canadá si no logra un mejor acuerdo.

Por si las turbulencias comerciales no fueran suficientes, Trump agitó la cumbre con una petición inesperada: «Rusia debería estar en esta reunión», dijo todavía en suelo estadounidense. «Te guste o no, y esto quizá no es políticamente correcto, pero tenemos un mundo que liderar. Deberían dejar que Rusia regresara», añadió. Rusia fue expulsada del grupo de las grandes potencias occidentales tras la anexión de Crimea en 2014.

Donald Trump, Justin Trudeau y Emmanuel Macron
Donald Trump, Justin Trudeau y Emmanuel Macron - Efe

El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, no tardó en rechazar la propuesta: «Dejemos el G-7 como está ahora. El siete es un número de la suerte, al menos en nuestra cultura», bromeó. Pero la idea de Trump abrió una grieta en el bloque europeo. El nuevo primer ministro italiano, Giuseppe Conte, se mostró partidario de readmitir al Gobierno de Vladimir Putin.

La propuesta de Trump se antojaba incluso más inoportuna cuando uno de los puntos de la cumbre del G-7 es cómo proteger a las democracias de interferencias extranjeras en sus procesos políticos. Precisamente, la interferencia de Rusia en las elecciones presidenciales que llevaron a Trump a la Casa Blanca, probada por la inteligencia de EE.UU. y las comisiones legislativas, ha marcado el primer año y medio de su presidencia, con una investigación que afecta a su propia campaña.

En EE.UU., representantes de los dos grandes partidos reaccionaron con críticas a la idea de invitar a Rusia a este foro. El líder demócrata en el Senado, Chuck Schumer, aseguró que el presidente «está convirtiendo nuestra política exterior en un chiste internacional». En la bancada republicana de la cámara alta, John McCain aseguró que «Putin ha hecho que Rusia no merezca estar en el G-8» y Ben Sasse también lo rechazó: «Putin no es nuestro amigo y no es el colega del presidente».

El encuentro en Canadá, un polvorín

La batalla comercial y la aparición de Rusia convirtieron el encuentro entre líderes en un polvorín. «Las tensiones aumentan por todos lados. Este G-7 será muy exigente», advertía Macron antes del comienzo. El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, anticipaba la cumbre «más difícil» en años y aseguraba que Europa no cedería ante Trump.

Con la llegada de los mandatarios a La Malbaie, la pequeña localidad que acoge la cumbre, los gestos fueron afables, pero los roces no se podían ocultar. La reunión bilateral prevista entre Macron y Trump se suspendió. La versión oficial fue que el presidente de EE.UU. salió de Washington con una hora de retraso. Poco después, Macron publicaba un vídeo charlando con Trump de forma amistosa, sentados en un sofá. «Manteniendo el diálogo abierto», aseguraba. La primera ministra de Reino Unido, Theresa May, trataba de no echar más leña al fuego sobre los aranceles de Trump, pero los calificaba de «injustificados».

Las diferencias entre EE.UU. y el resto de socios podrían materializarse este sábado en un gesto simbólico, pero de gran significado: Trump podría no firmar el comunicado con el que tradicionalmente se cierra la cumbre. Sería la primera vez que ocurre en la historia de estos encuentros y Macron lo tomaba el jueves por la noche como una posibilidad cierta. «La voluntad de tener un texto firmado por los siete países no debe ser más fuerte que el contenido de ese texto. Por principios, no debemos descartar un acuerdo 6+1», aseguró.

Sería la materialización más clara del aislamiento de EE.UU. de sus socios tradicionales, alimentado por otras señales: mientras Trump da la batalla comercial con las potencias occidentales, permite al gigante tecnológico chino ZTE –considerado una amenaza a la seguridad nacional por los legisladores estadounidenses– volver a operar en EE.UU. con el pago de una multa de mil millones de dólares, lo que se entiende como una contraprestación en sus negociaciones comerciales con Pekín; y mientras exige que regrese Rusia, da plantón a sus socios cuando toca hablar de asuntos clave para otros países, como el cambio climático. Si los gestos no lo arreglan, el G-7 saldrá de esta cumbre con su principal miembro en rebeldía.