El presidente de Estados Unidos, Donald Trump
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump - EFE

Trump se mofa del «miedo» de los republicanos a la Asociación del Rifle

Los conservadores rechazan casi todas sus propuestas para restringir las armas

CORRESPONSAL EN WASHINGTONActualizado:

Donald Trump ha descubierto en el encendido debate sobre las armas de fuego un nuevo frente para distanciarse de los republicanos y acentuar su perfil. El outsider vuelve a recordar al partido que la alianza que sustenta a ambos en torno al mayor poder conservador de la historia reciente no es más que un entendimiento a la fuerza. Con el complejo de superioridad que le aupó a la nominación presidencial, frente a dieciséis rivales y todo el establishment republicano, el presidente ha lanzado su penúltimo desafío: una serie de propuestas para restringir el acceso a las armas que los conservadores rechazaron ayer casi en su totalidad. Un choque buscado que Trump aprovechó para burlarse de sus propios congresistas: «No váis a hacer nada con las armas. ¿Sabéis por qué? Porque tenéis miedo a la Asociación Nacional del Rifle».

En su particular forma de erigirse en presidente bipartidista, Trump recibió la tarde del miércoles a legisladores de ambas formaciones. Como único orden del día, las posibles medidas para controlar las armas de fuego, respaldadas ampliamente por los estadounidenses tras la matanza en el instituto de Parkland (Florida). La televisión había sido convocada para la transmisión del acto. El intuitivo Trump, desde el primer día a la cabeza de una manifestación que está cambiando la tradicional parálisis del país frente a los tiroteos masivos, lanzó un discurso inequívoco. Su respaldo a elevar la edad mínima para comprar armas, de 18 a 21 años; a una estricta revisión del historial criminal y mental de los compradores; a la prohibición de los «bump stocks» (dispositivos para acelerar los disparos), y su invitación a un debate para restringir la venta de los rifles semiautomáticos, el arma homicida en la práctica totalidad de los tiroteos, era casi una provocación para sus conmilitones. La previsible reacción de rechazo sirvió de excusa para Trump insistiera con desprecio en el sagrado respeto republicano al lobby de las armas, que resumió con otra expresión: «Estáis petrificados ante la NRA». La arremetida del presidente hizo las delicias de los demócratas, encantados de asistir a un sonoro encontronazo en el bando enemigo. Por momentos, pareció que la minoría era la que sustentaba a Trump, respaldado en sus propuestas por el tradicional rival de los republicanos.

Nadie hubiera dicho durante la reunión que el actual inquilino de la Casa Blanca se convirtió en 2016 en el candidato más financiado por la Asociación del Rifle. Más de treinta millones procedentes del poderoso lobby fueron a parar a una campaña en la que Trump nunca dejó de proclamar a los cuatro vientos su cerrada defensa de la segunda enmienda de la Constitución, la que consagra el derecho a portar armas. Ni tuvo reparos en comparecer con los portavoces de la NRA en diversos actos electorales. Más aún, la convicción con que defiende ahora medidas que nunca planteó en campaña y que rechaza la asociación, ante un evidente perjuicio para el negocio, no impidió que Trump eludiese el choque en la pasada convención conservadora CPAC. En su discurso, prefirió incidir únicamente en la necesidad de armar a una parte de los profesores, los más experimentados en su uso. Una medida de la que se beneficiarían los vendedores, y la organización que los agrupa, al requerir la correspondiente inversión pública en la compra de material.

Cercano a Obama

Como si intentaran sacudirse de la provocación, los congresistas proclamaron hoy su oposición a legislar sobre la mayoría de las medidas que plantea Trump. Algunos han sugerido que el planteamiento del actual presidente es cercano al que defendió Obama tras el tiroteo en la escuela elemental de Sandy Hook (Newtown, Connecticut, 2012), donde fueron asesinados 24 niños. La restrictiva ley que se votó posteriormente obtuvo 54 votos, a seis de la mayoría reforzada de sesenta que requería su aprobación. Trump se sacude esta crítica afeando a su antecesor por no haber sabido sacar adelante las reformas.

El senador texano John Cornyn, que lidera ahora la iniciativa legislativa para el control de las armas, redujo las expectativas a la revisión de los historiales de los compradores. Con el argumento de que es la única reforma que tiene opciones reales de ser aprobada en la cámara alta, Cornyn descarta profundizar por ahora en otras modificaciones. Sus compañeros republicanos cierran el paso, mayoritariamente, a que la edad para comprar armas pase de 18 a 21 años. Una propuesta que presentaron los demócratas esta misma semana.