El presidente de EE.UU., Donald Trump - Reuters | Vídeo: AT

Trump dice que está «cargado y listo» para responder a Irán por atacar las refinerías de Arabia Saudí

Teherán responde que no tiene nada que ver con el ataque y que los hutíes lo reivindicaron

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La Casa Blanca acusa a Irán de ser el responsable del ataque contra las refinerías de Arabia Saudí que ha interrumpido el suministro de más de un 5% del petróleo mundial. En consecuencia, el presidente norteamericano, Donald Trump, ha ofrecido su apoyo a la corona saudí en las medidas que decida tomar para responder y defenderse en un futuro. Ante la posibilidad cada vez más real de un conflicto entre las dos potencias del golfo Pérsico, el régimen iraní ha negado cualquier responsabilidad en los ataques del sábado, efectuados con drones.

Trump llamó al ministro de Defensa y heredero de la corona saudí, Mohamed bin Salman, tras ser informado de los ataques. El jefe de la diplomacia norteamericana, Mike Pompeo, dijo después que EE.UU. culpa directamente a Irán de la agresión. «Teherán está detrás de casi cien ataques contra Arabia Saudí», dijo el secretario de Estado, «y a pesar de todas sus ofertas de diálogo, ahora Irán ha lanzado un ataque sin precedentes contra el suministro de energía del mundo. No hay prueba alguna de que esos ataques vinieran de Yemen».

El Gobierno iraní negó ayer tajantemente que tuviera nada que ver con los ataques del sábado a las refinerías de la empresa saudí Aramco, y recordó que los propios rebeldes hutíes, de Yemen, han admitido haber lanzado los drones. «Culpar de todo a Irán no va a acabar con este desastre», dijo ayer el ministro de Exteriores, Javad Zariz, en la red social Twitter. «Estados Unidos y sus clientes están atascados en Yemen porque siguen creyendo la mentira de que la superioridad armamentística les llevará a la victoria».

Para el Gobierno estadounidense los rebeldes hutíes de Yemen no son más que un brazo en el extranjero del régimen iraní, como lo es Hizbolá en Líbano. La guerra en Yemen es en realidad un conflicto que enfrenta a Irán y sus aliados con Arabia Saudí y los suyos. En 2015 estos últimos, apoyados por Estados Unidos, lanzaron una campaña de bombardeos aéreos que solo ha servido para enquistar un conflicto en el que han muerto ya más de 91.000 personas, según la organización Acled.

Conducta combativa

Desde que hace un año Trump retiró a EE.UU. del acuerdo nuclear con Irán y reanudó las sanciones económicas, el régimen islámico ha mostrado una conducta combativa en el Golfo, llegando a derribar un dron de vigilancia norteamericano en julio. Por su parte, EE.UU. consiguió que Reino Unido capturara un petrolero con 2,1 millones de barriles de crudo iraní en Gibraltar, aunque este quedó después en libertad y descargó el petróleo en Siria. Como respuesta, la Guardia Revolucionaria iraní capturó temporalmente un carguero británico.

A Trump, el ataque contra Arabia Saudí le sirve de reivindicación. Desde hace un año, demócratas y republicanos en el Capitolio han tratado de interrumpir la colaboración militar entre Washington y Riad por el asesinato en Turquía del periodista Jamal Khashoggi, un disidente saudí que vivía exiliado en Washington. Varias investigaciones han culpado directamente al príncipe heredero Bin Salman de dar la orden de matar a Khashoggi, su principal crítico.

Este boicot a los aliados saudíes puede cambiar ahora. La prueba es que ayer un influyente senador republicano, Lindsay Graham, le sugirió al presidente que ordene un ataque con misiles contra Teherán. «Irán no va a renunciar a esta conducta agresiva hasta que le dejemos claro que sus acciones tienen consecuencias graves, como atacar sus refinerías, algo que sin duda le rompería la espina dorsal al régimen», dijo el senador Graham, que es quien en 2017 convenció a Trump de que atacara con misiles al régimen sirio.

Trump, sin embargo, no se ha mostrado muy dispuesto a atacar a Irán en meses recientes. En julio, su consejero de Seguridad Nacional, John Bolton, le convenció para que respondiera al derribo del dron estadounidense con un ataque contra instalaciones militares iraníes. Tras dar la orden, Trump tuvo remordimientos y abortó la misión porque en ella iban a morir 10 personas. Entonces Trump recelaba de la belicosidad de Bolton con respecto a Irán, pero la semana pasada le despidió y su hueco aún no ha sido ocupado.

Por si acaso, ayer, una de las asesoras del presidente, Kellyanne Conway, hizo una ronda de entrevistas en los programas informativos del domingo por la mañana diciendo lo que Bolton solía decir ante una crisis como esta: «Para el presidente Donald Trump todas las opciones están sobre la mesa». El presidente, mientras, estaba jugando en uno de sus campos de golf en Virginia.