Abe, Trump y sus respectivas esposas asisten al campeonato de sumo organizado para él en Japón - EFE / Vídeo: Trump, espectador de honor en el primer torneo se sumo de la Nueva era Imperial en Japón

Trump desaira a Japón durante su visita de Estado al alabar al régimen norcoreano

Aseguró que no le molestó las últimas pruebas de misiles realizadas por Kim

Corresponsal en WashingtonActualizado:

La Casa Blanca ha intentado bautizarlo como la «diplomacia del sumo», pero lo cierto es que poco se está hablado de diplomacia o política en general en la visita de Estado de Donald Trump a Japón. Aparte de jugar ayer al golf con el primer ministro Shinzo Abe y acudir con su mujer, Melania, a la final de un campeonato de sumo creado expresamente para él, el presidente de Estados Unidos ha optado por centrarse desde Tokio en las crisis que tiene abiertas en Washington.

La más grave es el ya frecuente hábito de desautorizar a su consejero de Seguridad Nacional, John Bolton, en esta ocasión sobre la amenaza mundial que en realidad representa Corea del Norte. Pero Trump también ha escandalizado a la oposición al reírle al dictador norcoreano Kim Jong-un una gracia sobre el supuesto bajo coeficiente intelectual de Joe Biden, candidato a disputarle la presidencia por el Partido Demócrata.

Para Japón las recientes pruebas de misiles en Corea del Norte son una amenaza existencial y por ello Bolton, que preparó el viaje de Trump a Tokio, dijo el sábado en declaraciones a los medios que esos lanzamientos violan varias resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU». Era justo lo que esperaba Abe, dado el fracaso del proyecto de desnuclearización del régimen norcoreano tras las dos cumbres entre Trump y Kim.

Barbacoa tradicional

Trump, sin embargo, antes de sus actos oficiales con Abe -una partida de golf, el torneo de sumo, una barbacoa tradicional- dijo en Twitter que las pruebas con «armas pequeñas» de Corea del Norte «molestaron a alguna gente en la Administración, pero a mí no». Precisamente el propio Trump ha advertido a otro país -Irán, que también lleva décadas jugando con la amenaza de las armas nucleares- de que ni se plantee hacer pruebas con misiles como los de Corea del Norte.

Los grandes diarios norteamericanos ya alertaban ayer de la desautorización de Bolton, al que el propio Trump ha llamado ‹halcón›, y de la pérdida de confianza que puede llevar más pronto que tarde a que el consejero de Seguridad Nacional dimita o sea dimitido.

Sería una crisis de gobierno importante si no fuera por el cúmulo de ofensas que los demócratas van contando antes de decidir si inician o no el procedimiento de la recusación o «impeachment». La oposición denunció ayer que Trump no sólo desautorizó a quien debería ser su mano derecha en política internacional, sino que además le rio al régimen norcoreano una gracia en la que un medio del gobierno dijo que Biden, candidato y exvicepresidente, es «un bobo de bajo coeficiente intelectual», un «imbécil carente de las cualidades humanas más básicas».

«Me sonreí al leerlo», dijo Trump en Twitter. «¿Será que [Kim] me está enviando una señal?». Pocos o ningún precedente hay de un presidente norteamericano buscando la complicidad de un dictador durante una visita de Estado a un país en el que el protocolo y la pompa importan tanto como en Japón. La campaña de Biden denunció ayer el «errático comportamiento» del presidente.

Este lunes, festivo en Estados Unidos, Trump se reúne se nuevo con el primer ministro Abe y dará una conferencia de prensa con él, después. Ambos esperan poder coordinar medidas de contención al expansionismo de China en el Pacífico. Además, el presidente tiene pendientes unos aranceles a Japón sobre los automóviles y sus componentes dentro de una guerra comercial a nivel mundial. Sin embargo, no decidirá sobre ellos hasta que pasen las elecciones parlamentarias en Japón en julio.Trump también se verá con el nuevo Emperador de Japón, Naruhito. Es el primer jefe de Estado en visitar palacio tras la abdicación del anterior monarca, Akihito, el 1 de mayo.

Agradar al invitado

Abe, de momento, ha hecho todo lo posible por contentar a Donald Trump. Primero, se inventó la copa de sumo «Presidente de Estados Unidos», que dio el propio Trump en el ring. Luego se lo llevó a jugar a golf, el deporte favorito del presidente norteamericano. Y cuando comió con él, le sirvió su plato preferido: hamburguesas hechas con carne vacuna importada de Estados Unidos.

Uno de las principales quejas de Trump es precisamente el déficit comercial de EE.UU. con respecto a Japón -diferencia entre exportaciones e importaciones- que en abril alcanzó un máximo histórico de 6.000 millones de dólares.