El Príncipe heredero saudí, Mohamed bin Salman, estrecha la mano del presidente de Estados Unidos, Donald Trump
El Príncipe heredero saudí, Mohamed bin Salman, estrecha la mano del presidente de Estados Unidos, Donald Trump - AFP

Trump decidió no castigar a Arabia Saudí tras una millonaria oferta nuclear

La CIA concluyó que Bin Salman había ordenado el asesinato de Khashoggi al mismo tiempo que Riad anunciaba una inversión de 80 mil millones de dólares

WashingtonActualizado:

En los días en que la CIA llegaba a la conclusión de que el responsable último del asesinato del periodista Jamal Khashoggi era el príncipe heredero saudí, Mohamed bin Salman, este último lanzó su más ambicioso proyecto hasta la fecha: dotar al reino de su propia energía nuclear. Para la construcción de una central nuclear adquiriría diseños y material norteamericanos por valor de 80.000 millones de dólares, algo que le comunicó personalmente a la Casa Blanca. Días después, tras recibir los informes detallados de la CIA sobre el papel de la corona saudí en el asesinato del periodista, que vivía exiliado en EE.UU. y trabaja para el diario norteamericano «The Washington Post», Donald Trump emitió un incendiario comunicado en el que renunciaba públicamente a cualquier sanción sobre Riad y reiteraba su apoyo al príncipe, de quien dijo que «podría ser responsable o no».

El volumen de las inversiones saudíes en EE.UU. ha sido determinante y ha llevado a Trump a priorizar el comercio sobre la defensa internacional de los Derechos Humanos. En público, el presidente ha dicho que su buena voluntad ha reducido ya el precio del crudo, pero en realidad esa es una razón secundaria. EE.UU. compra el 40% de su petróleo a Canadá, frente a un 9% de procedencia saudí.

Como suele hacer, el presidente norteamericano ha exagerado las cifras del comercio saudí. Ha dicho en repetidas ocasiones que Riad va a invertir en los próximos años en EE.UU. hasta 450.000 millones de dólares de los que 150.000 corresponden a la compra de armamento. De momento, según el Pentágono, sólo se han materializado pagos de 14.500 millones, una cifra ya elevada, pero exigua comparada con esos compromisos.

Por eso, a medida que la CIA estrechaba el cerco sobre palacio, Bin Salman hizo llegar a Trump sus planes de desembolsar 80.000 millones para su gran proyecto energético en el reino, que incluye centrales nucleares con 16 reactores y un fuerte impulso a las renovables. El diario «The New York Times» reveló ayer el volumen de esas inversiones, que han causado inquietud en las agencias de inteligencia, la oposición y el partido del presidente.

Normas internacionales

Cinco senadores republicanos, liderados por Marco Rubio, han pedido por carta a Trump que suspenda los contactos nucleares con Arabia Saudí. «Dados los esfuerzos de su Administración en presionar al régimen iraní para que desista del enriquecimiento de uranio y del procesamiento de plutonio, creemos que es de importancia capital que el reino de Arabia Saudí acepte y respete las normas más estrictas de adecuada conducta nuclear», dicen en la carta, enviada a finales de octubre.

Después de que la CIA llegara a la conclusión de que Bin Salman ordenó el asesinato de Khashoggi, esas presiones sobre Trump se han redoblado. «Vistos los recientes actos de los líderes saudíes, está claro que cualquier cooperación nuclear con el reino de Arabia Saudí es contraria a los intereses y valores de EE.UU.», ha dicho el senador demócrata Edward Markey en otra carta dirigida al presidente en la que destaca la contradicción de querer coartar los planes nucleares de Irán a la vez que se comparte tecnología norteamericana con Riad.

Bin Salman dijo en marzo que si Irán desarrolla su propio armamento nuclear, Arabia Saudí hará lo mismo. A pesar de que Trump ha reanudado las sanciones contra Irán que suspendió Obama, el Príncipe heredero saudí ha mantenido sus planes y de hecho ha comunicado a Washington que su intención es desarrollar allí mismo el combustible fisible que se necesita en las centrales nucleares, ya que el país cuenta con reservas de uranio.

Si un país se dota de la capacidad de enriquecer uranio, puede desarrollar una bomba nuclear con facilidad. Basta incrementar el enriquecimiento de uranio de un 4% de fuerza necesario para uso civil y energético a un 90%. Y Arabia Saudí ya cuenta con misiles que tienen capacidad nuclear, adquiridos a lo largo de las pasadas décadas.

Ambiciones geoestratégicas

En una comparecencia en el Capitolio en marzo, el secretario de Energía, Rick Perry, se negó a dar detalles sobre los contactos del Gobierno de EE.UU. con Arabia Saudí sobre desarrollo nuclear, que él mismo lidera. Sí dijo posteriormente que si no es EE.UU. quien vende el material necesario a sus aliados en Riad, estos procederán a comprarlo, con esas inversiones multimillonarias, a China o Rusia.

De momento, sólo cuentan con armas nucleares EE.UU., Rusia, China, Francia, Reino Unido, Israel, India, Pakistán y Corea del Norte. Muchos otros países tienen plantas de energía nuclear y de hecho Emiratos Árabes Unidos está construyendo cuatro reactores con diseño y material surcoreano. La diferencia son las ambiciones geoestratégicas saudíes y su intervencionismo en la región. Desde 2015 lidera una coalición armada en Yemen, donde se enfrenta a milicias apoyadas por Irán.

Tras el asesinato de Khashoggi el 2 de octubre en el consulado saudí de Estambul, la CIA recibió informes detallados de sus homólogos turcos, incluidas decenas de grabaciones y cientos de fotos que demuestran que un comando de 15 soldados y agentes saudíes fueron enviados a matar al disidente. Su conclusión es que la operación fue ordenada por la corona saudí, que cambió varias veces su versión de los hechos. Pasó de negarlos a atribuir la muerte de Khashoggi a un error o la decisión unilateral de asesores de Bin Salman. Este último ha prometido investigar los hechos hasta el final, algo que Trump cree o que al menos aparenta creer.