Un niño palestino entre las ruinas de su casa en el campo de refugiados de Rafah AP

Tres israelíes mueren en una emboscada de milicianos palestinos cerca de Ramala

Israel se escuda en la «Hoja de ruta» para cerrar la puerta al «Acuerdo de Ginebra», mientras sus dirigentes acusan a Chirac de ser la cara del antisemitismo

JERUSALÉN. JUAN CIERCO, CORRESPONSAL
Actualizado:

Lo que son las cosas. Ariel Sharón se aferra a la «Hoja de ruta» (ninguneada por Israel desde su redacción y nunca aplicada por su Gobierno) para dejar claro que aquéllos que apuestan por negociar por libre con los palestinos (aunque dicho diálogo logre enviar al odio del salón principal a la habitación de invitados) no tienen nada que hacer en el Israel de hoy y quizás tampoco en el de mañana.

Lo que son las cosas. El primer ministro israelí tiene la intención de abrir hoy el periodo de sesiones de invierno de la «Kneset» (Parlamento) con un apoyo explícito e implícito a la «Hoja de ruta», el mismo plan de negociación, que no de paz, del «Cuarteto de Madrid», que Tel Aviv nunca ha visto con buenos ojos, con la intención de enterrar diplomática y políticamente esa iniciativa, ésta sí de paz, que será firmada a mediados de noviembre en Ginebra por intelectuales, políticos, militares, pacifistas y activistas de derechos humanos de ambos bandos, y que pone muchos puntos sobre muchas «íes», algo que nunca ha sido costumbre en esta región.

Apertura de la «Kneset»

Una apertura, la de la etapa invernal del Parlamento, oscurecida de nuevo por el luto, enrojecida de nuevo por la sangre derramada, agitada como casi siempre en estos últimos tres años por una emboscada de las Brigadas de los Mártires de Al Aqsa, llevada a cabo en la noche de ayer en la aldea palestina de Ein Yabrud, muy cerca, apenas unos centenares de metros del asentamiento judío de Ofra, en las proximidades de Ramala.

Una emboscada muy común ya a lo largo y ancho de los Territorios Ocupados Palestinos, a lo largo y ancho de una Intifada de Al Aqsa que se ha cobrado muchas víctimas israelíes de esta forma, a las que hay que sumar ahora tres muertos y un herido de consideración.

Una emboscada, como tantas otras, en la que un grupo de colonos judíos cayó bajo el fuego de los explosivos y los fusiles ametralladoras de milicianos palestinos que lograron desplazarse por Cisjordania, de un lugar a otro, hasta llegar a los objetivos marcados, a pesar de las enormes medidas de seguridad puestas sobre el terreno por un «Tsahal» en estado de alerta ante la posibilidad de nuevos atentados suicidas, y a pesar del despliegue de cinco batallones de reservistas hebreos por los territorios palestinos.

«No hacen sino cavarse su propia fosa», dijo el ministro israelí de Justicia, Yossi (Tommy) Lapid, en referencia a la ANP y a su líder, Yaser Arafat, al conocer el ataque en las cercanías de Ofra.

Tres fosas más que cavar en los cementerios de la región, en este caso judíos. Tres losas más que sumar a las muchas apiladas en la región que convierten en vano cualquier intento de diálogo, por mucho que se esfuercen personalidades internacionales como Jimmy Carter, Koffi Annan, Javier Solana o Bill Clinton, como el que ha servido para cerrar unos acuerdos a firmar en breve, quizás con todos ellos presentes, en Ginebra.

Puerta falsa al diálogo

Unos acuerdos que pueden no tener demasiadas perspectivas de éxito en breve, pero que no deben ser tirados por la borda a las primeras de cambio. De hecho, Estados Unidos, a través de su ex enviado especial para la región, Dennis Ross, ya ha invitado a tres de sus impulsores palestinos de Al Fatah (Ahmed Ghoneim, Kadura Fares y Hatem Abdel Qader) a Washington para hablar de dicha iniciativa de paz y de otras cosas pendientes, como la construcción de ese muro dispuesto a bloquear en lo posible la llegada de palestinos suicidas pero también la entrada, aunque sea por la puerta falsa, del diálogo y la negociación.

Interlocutores israelíes, como Abraham Burg y Amram Mitzna, viajarán en las próximas semanas en la misma dirección para poner sobre la mesa norteamericana, la única en la que se extiende el mantel, se sirve el menú, se degustan los canapés, se sientan los comensales, su correspondiente punto de vista político, que no gastronómico.

De postre -en este menú tan indigesto en el que no faltaron como aperitivo las acusaciones de antisemitismo desde Tel Aviv hacia Jacques Chirac por no condenar, supuestamente, las manifestaciones contra Israel y los judíos del primer ministro de Malasia, Mahathir Mahamad-, más cohetes Kassam (ocho) de fabricación artesanal contra territorio israelí, en el desierto del Neguev, no demasiado lejos de la granja de los Sicamores de Ariel Sharón; más amenazas de atentados suicidas de Hamás y del Yihad Islámico, y del FPLP y de las Brigadas de los Mártires de Al Aqsa, por las últimas operaciones israelíes en Rafah, donde 150 casas han quedado hechas añicos, donde un adolescente fue ayer abatido; más advertencias de represión (alguna ya practicada, como el cierre de decenas de comercios palestinos en Hebrón por el delito de estar demasiado cerca de los colonos judíos asentados en el centro de la milenaria ciudad también ocupada) contra los líderes palestinos, tanto fundamentalistas como de la ANP, por no luchar como es debido contra el terrorismo... Más de los mismo, en definitiva. Y la comunidad internacional, entre foros, declaraciones, cumbres y citas rodeadas de boato y distinción, cruzada de brazos.