La tragedia rebaja la tensión por la visita de Cameron a Gibraltar

El «premier» británico evitó hacer declaraciones políticas durante su estancia en el Peñón

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La conmoción tras el asesinato de una diputada laborista británica y la cancelación de la campaña que el primer ministro británico, David Cameron, planeaba celebrar en Gibraltar enfriaron ayer el fuerte malestar que había expresado previamente el Gobierno español por el viaje del «premier» del Reino Unido a la colonia. Antes de la cancelación fueron muy fuertes los reproches contra Cameron, pero en cuanto se supo el asesinato de la diputada Jo Cox el tono cambió radicalmente. En su condena del crimen, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, aprovechó para mostrar un tono constructivo y hacer un llamamiento a favor de «trabajar cada vez más juntos, con más intensidad y cooperar» para «dar la batalla con toda contundencia contra el terrorismo».

Cameron conoció el ataque contra la diputada laborista durante el vuelo hacia Gibraltar, y en un mensaje de twitter confirmó la cancelación del mitin en la colonia. Tras aterrizar en el aeropuerto del Peñon, el primer ministro se reunió con los representantes de la campaña «Gibraltar Stronger in Europe» y con los líderes políticos de la colonia, como el ministro principal, Fabian Picardo. Pero Cameron se mostró muy cauto en todo instante. Evitó hacer declaraciones políticas y mantuvo en todo momento un tono discreto, libre de politizaciones. Tras sus reuniones con los representantes gibraltareños en un hotel al que no accedió la prensa, el primer ministro británico regresó a Londres.

Antes de la tragedia, no obstante, fue notorio el malestar del Gobierno por la decisión de David Cameron de viajar a Gibraltar para abogar por la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea. Así fue puesto de relieve ayer en la mañana por Rajoy, quien reprochó a su colega británico que haya llevado su campaña a la colonia, donde un 94 por ciento de los gibraltareños aseguran ya que votarán en contra del Brexit.

Las palabras de Rajoy, pronunciadas primero en una entrevista en Radio Nacional de España y más tarde en un acto en Asturias, subrayaban las declaraciones que el día anterior hizo su ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo, que ayer volvió también a mostrar el enojo de las autoridades españolas por la visita.

Lugar inapropiado

Rajoy no disimuló su disgusto por la actitud de un Cameron que había utilizado todos los medios a su alcance para intentar dar la vuelta a las encuestas, que pronostican que el referéndum del día 23 lo ganarán los partidarios de la salida de Londres de la UE. «La campaña para eso –dijo– debería hacerse en el Reino Unido y no en Gibraltar».

Las autoridades españolas son plenamente conscientes de que la visita de Cameron a Gibraltar no era tanto para recabar los votos de una población de sólo 23.000 personas –casi todas ya convencidas–, como para tocar la fibra de los británicos de la isla sobre las consecuencias que para la colonia tendría el abandono de la Unión. Es decir, se trataba de mostrar que si el Reino Unido deja el club comunitario, el Peñón se vería en una situación muy difícil, a merced de lo que pudiera decidir España, y con riesgo de perder la soberanía británica.

Por su parte, desde Barcelona, García-Margallo, antes de la tragedia, resumió claramente los temores políticos del «premier» británico: «Entiendo que Cameron está intentando rebañar hasta el último voto en el último segundo para salir del laberinto en que está metido el Reino Unido, pero se la podría haber ahorrado», dijo, en referencia a la visita.