Milósevic comparece ante el Tribunal Penal de la Haya para la Antigua Yugoslavia, precedente del nuevo Tribunal Internacional. Ap

EE.UU. torpedea el nacimiento del Tribunal Penal Internacional con el veto a la misión de paz en Bosnia

El Tribunal Penal Internacional (TPI), que podrá procesar a acusados de crímenes de guerra y de genocidio, nace hoy a pesar de la oposición de países como Estados Unidos y China. EE.UU vetará la continuidad de las fuerzas de paz en Bosnia si no consigue impunidad judicial para los cascos azules.

NACIONES UNIDAS. ALFONSO ARMADA. Corresponsal
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«El nuevo sistema internacional de justicia que arranca el 1 de julio será uno de los grandes instrumentos de paz jamás creados para enfrentarse a las fuerzas oscuras y violentas de la naturaleza humana». Las palabras de William Pace, impulsor de la coalición a favor del Tribunal Penal Internacional, trataban de orillar el hecho de que una corte ya ratificada por 73 naciones de la Tierra nace lastrada por las maniobras y presiones de Washington. Los norteamericanos buscaron hasta última hora del domingo en el Consejo de Seguridad impunidad para sus ciudadanos con la amenaza de matar la fuerza de paz en Bosnia-Herzegovina -cuyo mandato terminaba la pasada media noche y que fue prorrogado 72 horas hasta llegar a un acuerdo-.

Estados Unidos, Rusia y China, tres de los países que salieron victoriosos de la segunda guerra mundial, un conflicto que enfrentó al hombre a sus peores instintos y que concluyó con los procesos de Núremberg y Tokio y la promesa de crear un Tribunal Penal Internacional permanente encargado de perseguir crímenes como los cometidos por los nazis y los japoneses, no forman parte de las naciones que han dado nacimiento a la primera instancia jurídica internacional con capacidad de perseguir a ciudadanos de a pie, reyes y presidentes por crímenes de guerra, contra la humanidad y genocidio.

Contra viento y marea

Mientras Francia y el Reino Unido, los otros dos países con derecho de veto y asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU, se han volcado, con toda la Unión Europea, en apoyar al tribunal, la actitud de las otras tres potencias ha ido desde la distancia y la reserva de China (que no ha firmado y por lo tanto no ha ratificado el tratado adoptado en Roma en 1998), la adhesión cautelosa de Rusia (que ha firmado, pero no ratificado) y la abierta beligerancia de la hiperpotencia estadounidense.

Después de fracasar en sus reiterados intentos de limitar, frenar y sabotear la esencia del tratado y retirar el presidente George W. Bush la firma que había estampado su predecesor en la Casa Blanca, Washington llevó su estrategia al Consejo de Seguridad, presionó con toda su capacidad de convicción a sus aliados franceses y británicos y finalmente amenazó con vetar la continuidad de la misión de paz de la ONU en Bosnia-Herzogovina si no se tenía en cuenta un requisito que a juicio de varios diplomáticos era la mejor manera de herir de muerte al TPI antes de que hubiera nacido: la impunidad para sus soldados y civiles en misiones de paz en todo el mundo. A última hora se acordó prolongar tres días la misión de paz, cuyo plazo acababa la pasasa media noche.

«Resulta muy desafortunado que la más poderosa democracia del mundo esté atacando y tratando de mutilar a este niño en vísperas de su nacimiento», declaró Pace.

De nada han servido las garantías establecidas en los estatutos del TPI para evitar abusos, Washington ha seguido enarbolando por tierra, mar y aire el temor a perder su soberanía y a ser víctima de persecuciones políticamente inspiradas contra sus nacionales que residan o sirvan en operaciones fuera de sus fronteras.

Los pasillos de la ONU y el Consejo de Seguridad vivieron ayer por la tarde uno de los momentos más tensos de su historia. A pesar de que Washington sólo tiene 704 «cascos azules» desplegados en el mundo (el 1,55 por ciento del total de 45.159 policías y soldados implicados en operaciones de paz), el veto estadounidense y su deseo de granjearse una «immunidad» particular sentó especialmente mal a numerosos diplomáticos, especialmente molestos por el nuevo unilateralismo de EE.UU.

Tiempo récord

El tribunal prevé que ciudadanos de países que como Estados Unidos no hayan ratificado el tratado sean perseguidos sólo si el país donde se hayan cometido los crímenes lo ha ratificado y el país de origen de los acusados se niegue a investigar el caso. En abril pasado, en un plazo tan breve desde la firma del tratado de Roma que sorprendió a sus más entusiastas adalides, se superó el número de 60 ratificaciones necesarias para que el acuerdo entrara en vigor y el Tribunal pudiera empezar la senda de su constitución. Uruguay, Letonia y Gambia fueron los últimos en ratificar el tratado el 28 de junio.

A partir de hoy, crímenes especialmente odiosos (genocidio, crímenes contra la humanidad y crímenes de guerra, violaciones de los derechos humanos, tortura, violación y esclavitud sexual) no serán obviados por la costumbre de la impunidad, uno de los elementos que, a juicio de Amnistía Internacional, más ha contribuido a perpetuar la injusticia.